08/08/2026
Si te entenderé, Leo… Si sabré lo que duele ese vacío que de un momento a otro te cambia la vida para siempre.
Hace apenas cuatro meses perdí a mi mamá, y desde entonces entendí que hay dolores para los que nunca vamos a estar preparados. Porque no importa cuánto hayamos crecido: cuando se va mamá o papá, por un instante volvemos a sentirnos chicos, buscando ese abrazo, esa voz, ese consejo que creíamos que iba a acompañarnos toda la vida.
Y perderlos siendo tan jóvenes duele todavía más… A los 35 uno recién está aprendiendo de verdad a vivir. Todavía tenemos sueños por cumplir, momentos que imaginábamos compartir con ellos, preguntas que queríamos hacerles y tantos “te quiero” que hubiéramos deseado repetir una vez más. Justamente cuando empezamos a comprender todo lo que nos enseñaron, nuestros mejores maestros tienen que partir.
Te abrazo con el alma, Leo. Sé que hoy ninguna copa, ningún triunfo ni todo el cariño del mundo puede llenar ese lugar. Porque para el mundo podés ser el más grande, pero frente a la pérdida de un padre simplemente volvés a ser un hijo extrañando a su papá.
Quedate con su amor, con sus enseñanzas, con las risas, los abrazos y cada recuerdo hermoso. Con el tiempo uno aprende que no se van del todo… cambian de lugar. Ya no podemos verlos ni abrazarlos, pero empiezan a acompañarnos de otra manera.
Hoy vos y yo tenemos un ángel en el cielo. 🤍🕊️
Y quiero creer que desde allá arriba siguen mirándonos, cuidándonos y sintiéndose orgullosos de nosotros.
Fuerza, Capitán. Te abrazo fuerte, de hija a hijo, con un dolor que lamentablemente entiendo demasiado. 🤍