26/04/2026
El propóleo (del griego propolis, “defensa de la ciudad”) es una sustancia de origen vegetal que las abejas obtienen raspando resinas de árboles y brotes jóvenes con sus mandíbulas y patas. Una vez recolectado, lo mezclan con cera, polen y enzimas salivales, formando una masa viscosa que utilizan para revestir las paredes internas de la colmena, sellar grietas y embalsamar intrusos.
Según la Biblioteca Digital Agropecuaria de Colombia, su composición promedio es de 55 % resinas y bálsamos aromáticos, 30 % cera, 10 % aceites volátiles y 5 % polen, aunque estos porcentajes varían según la flora y la estación del año. Esta mezcla le confiere propiedades antibacterianas, antivirales y antifúngicas, que mantienen la colmena aséptica y estable.
Investigaciones de la Universidad de Málaga confirman que el propóleo posee una alta actividad antioxidante y antitumoral, atribuida a su contenido de flavonoides, fenoles y terpenos, compuestos que también le otorgan capacidad antiinflamatoria e inmunomoduladora. Estos componentes actúan como barrera química frente a microorganismos y como reguladores del microclima interno.
Estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) demuestran que los propóleos con mayor concentración de flavonoides y fenoles presentan mayor acción antimicrobiana contra bacterias como Staphylococcus aureus y Escherichia coli, lo que respalda su uso como defensa natural y como producto apícola de valor terapéutico.
🧬 Función biológica en la colmena
- Protección estructural: refuerza las paredes y reduce vibraciones, estabilizando la colmena.
- Defensa sanitaria: evita el crecimiento de hongos y bacterias, manteniendo el ambiente estéril.
- Control ambiental: regula la humedad y temperatura interna, especialmente en épocas frías.
- Embalsamamiento: las abejas cubren intrusos mu***os con propóleo para evitar la descomposición y contaminación.