12/08/2026
Hace muchos años tuve un sueño que, hasta el día de hoy, no he podido olvidar. Pero no era solamente uno de esos sueños que aparecen mientras dormimos. Era un sueño distinto: uno que había nacido en el corazón.
En aquel momento jamás imaginé que la vida me daría la oportunidad de convertirme en guía y compañera de camino para tantas mujeres.
A lo largo de estos años, por nuestro taller han pasado mujeres maravillosas. Algunas llegaron para compartir una parte del viaje y luego desembarcaron en otros puertos; otras seguimos navegando juntas, enfrentando nuevas mareas, descubriendo destinos y escribiendo capítulos que quizá nunca imaginamos vivir.
Y yo solo puedo sentirme profundamente honrada de haber sido parte de sus historias: de sus luchas, de sus sueños, de sus lágrimas, de sus proyectos y, especialmente, de esos libros que alguna vez fueron apenas una idea guardada en el corazón.
Juntas hemos creado obras maravillosas.
También hemos sido juzgadas, señaladas y cuestionadas. En algunos momentos hasta han querido pedirnos silencio por atrevernos a escribir sobre aquello de lo que otros preferían no hablar.
Pero no callamos.
Seguimos escribiendo.
Tomamos el timón de nuestras propias decisiones y aprendimos que, cuando una mujer sabe hacia dónde quiere dirigir su vida, incluso puede navegar contra la marea.
Hoy quiero dedicarles este sueño a todas ustedes: madres, hijas, abuelas, amigas, escritoras, soñadoras y mujeres valientes que cada día dan pasos firmes hacia su sanidad interior; mujeres que enfrentan desafíos, reconstruyen sus historias y continúan navegando aun cuando el mar no está en calma.
Me hace profundamente feliz ser parte de sus vidas, ayudar a darle forma a sus proyectos y saber que, de alguna manera, hemos recorrido juntas una parte de este inmenso océano.
Y si alguna vez la vida intenta silenciarlas, recuerden esto:
Escriban.
Escriban para sanar.
Escriban para desahogar el alma.
Escriban aquello que durante años no pudieron decir.
Escriban sin miedo, sin pedir permiso y con absoluta libertad.
Que nadie les diga qué pueden o no pueden contar.
Tomen el timón. Elijan su rumbo. Naveguen contra la marea si es necesario.
Y, sobre todo, encuentren siempre la manera de hacerle saber al mundo de qué están hechas.
Porque quizá el mar no siempre estará en calma, pero mientras una mujer conserve sus sueños, su voz y la valentía de escribir su propia historia, siempre habrá un nuevo puerto esperando por ella.