30/08/2026
Justicia
🇨🇴MURIÓ LUNA, Y OFRECEN $50 MILLONES PARA DAR CON LOS RESPONSABLE QUE LA AGREDIERON S3XU4LMENTE🐩
El caso de Luna, una pequeña perrita que vivía junto a su familia en San Roque, Antioquia, ha generado indignación en Colombia después de que fuera encontrada gravemente herida tras permanecer varios días desaparecida. Las lesiones eran tan severas que, pese a recibir atención veterinaria, no logró sobrevivir.
Luna desapareció el viernes 21 de agosto de las inmediaciones de su vivienda. Su familia comenzó inmediatamente a buscarla y a difundir información esperando encontrarla con vida. Días después, el martes 25, una publicación compartida a través de WhatsApp permitió reconocer a una perrita que había sido localizada dentro de un costal a orillas de una quebrada, en la vereda Las Bateas. Bomberos de San Roque acudieron al lugar y encontraron a Luna todavía con vida, pero en condiciones críticas. De acuerdo con los testimonios difundidos por su familia, presentaba heridas, un fuerte olor y presencia de larvas en algunas partes de su cuerpo. Posteriormente fue trasladada a una clínica veterinaria en Barbosa para recibir atención especializada. Los estudios revelaron lesiones extremadamente graves, entre ellas una fractura en la columna vertebral y severos daños internos. La familia también denunció que la evaluación veterinaria encontró indicios compatibles con una presunta agresión s3xu4l. Debido al carácter penal del caso y a que todavía no existe una sentencia, corresponde hablar de presunto abuso mientras las autoridades determinan exactamente qué ocurrió y quién fue responsable.
El deterioro de Luna continuó y las lesiones terminaron comprometiendo gravemente su organismo. Según los reportes más recientes, ante el daño irreversible y el sufrimiento que atravesaba, finalmente se recurrió a la eutanasia. Su muerte provocó una ola de rechazo y exigencias de justicia dentro y fuera de San Roque. El caso ya fue puesto en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación. La Alcaldía de San Roque y diferentes autoridades rechazaron públicamente los hechos y solicitaron colaboración ciudadana para identificar a quienes participaron. La Gobernación de Antioquia anunció además una recompensa de hasta 50 millones de pesos por información que permita identificar y judicializar a los responsables.
La muerte de Luna ocurre, además, en un momento especialmente significativo para Colombia: el país acaba de incorporar a su legislación un delito específico para sancionar el acceso carnal a animales, con penas de prisión y otras sanciones. La coincidencia temporal convierte este caso en una prueba importante para unas instituciones que ahora no solo deberán condenar públicamente la violencia, sino demostrar su capacidad para investigarla y evitar que quede impune.
Pero encontrar y sancionar a quien hizo esto, aunque indispensable, no resuelve por sí solo el problema de fondo. La violencia contra los demás animales no surge en un vacío. Vivimos dentro de una estructura que históricamente los ha situado por debajo de los intereses humanos y que, de distintas maneras, continúa enseñándonos que sus cuerpos pueden ser poseídos, reproducidos, vendidos, explotados, utilizados y finalmente desechados.
Esto no significa equiparar todas las formas de explotación con la brutal violencia que sufrió Luna. Significa reconocer una raíz compartida: la idea de que el cuerpo de otro animal está disponible para nosotros. El abuso s3xu4l lleva esa lógica de dominación a una de sus expresiones más atroces, anulando completamente al animal como individuo y convirtiendo su cuerpo en territorio para satisfacer el deseo o ejercer el poder de alguien más.
Por eso una respuesta verdaderamente antiespecista no puede limitarse a indignarnos ante los casos excepcionalmente crueles mientras mantenemos intacta una estructura que convierte sistemáticamente a millones de otros animales en propiedades y mercancías. Necesitamos leyes capaces de perseguir estas atrocidades, pero también educación, prevención, instituciones eficaces y una transformación cultural mucho más profunda.
Justicia para Luna significa encontrar a quien la agredió y exigir consecuencias. Pero construir un mundo en el que no existan más Lunas exige algo todavía mayor: dejar de considerar los cuerpos de los demás animales como cosas sobre las que tenemos derecho a ejercer dominio.