02/06/2026
WE NEED BROTHERS.
Ya ni recuerdo la última vez que escribí aquí y no será por falta de anécdotas o de tiempo mu**to para hacerlo...
Ayer me ocurrió algo ordinario y quizás por eso me he animado a volver a escribir.
Porque no quiero normalizar lo común y lo frecuente. Porque se lo debemos a quienes estuvieron antes y a quienes vendrán después. Y porque este presente que vivimos, me recuerda cada vez más a Mordor, y yo me siento más hobbit de la comarca...
Ayer estaba sentada en el banquito de mi tienda, mirando al mar, cuándo se me acercó un tipo desconocido (unos cuarenta y.., largos), para decirme que me conocía, que me había visto bailar en el Arenal Blues y que bailaba muy bien.
Así descrito, no resulta nada incómodo, pero el susodicho guardó una distancia interpersonal bastante más estrecha de lo que yo considero cómodo y una energía más venida arriba de lo que suelo tolerar.
Estimé no darle mucha bola, cuando me ofreció las manos y me invitó a echarme un bailecito con él. Le dije que no, e insistió intentando levantarme del banco tomando mis manos. Cómo no cedí, me preguntó por qué no y por no confrontar, argumenté que no me apetecía bailar y menos con la música que estaba sonando, un rollo chill out deprimente que llegaba desde el local contiguo a mi tienda. (Y atención, que no necesito justificarme, pero incluso desde aquí lo hago... Ufffffffff!)
Saltó como un resorte alzando la voz: No te apetece bailar esta música, no te apetece bailar ahora o no te apetece bailar conmigo? Respiré hondo, mantuve la calma y confesé: en realidad todo, no me apetece bailar esta música, no me apetece bailar ahora y no me apetece bailar contigo.
Cómo un gremlin que acabase de caer en una p*scina, empezó a subir de decibelios, a alzar los brazos y abrir el pecho y a acercar su cuerpo al mío intentando intimidarme y chillandome: Así estamos, no? Así estamos, no? Te he echado un piropo tía!
En ese momento, una señora de, seguro, más de ochenta años, y más menuda que yo, apareció en mi ayuda y me pidió, en inglés, que la atendiera (claramente) fingiendo estar interesada en un bañador.
Esquivé al troll y me despedí alegando que estaba trabajando, mientras él chillaba: Trabajando?!! Trabajando?!!! Que sabrás tú lo que es trabajar? Y tampoco bailas tan bien!!
La señora me preguntó si estaba bien, le dije que sí y le agradecí el capote.
Me contestó con ternura: Don't say thank you, my love. Don't say thank you. You know why my love? Because we all are sisters. We must be sisters because we need brothers, but we don't have brothers. We are alone in this world.
Lo dijo sin rabia, en voz baja, cómo una sentencia amarga que no se puede recurrir. Con esa mirada cansada de ver más de lo que hubiese deseado ver.
Faltaban diez minutos para las dos, pero me dispuse a cerrar antes, por si volvía el energúmeno y descorazonada, no por él, sino por la mirada de derrota de esa mujer hermana.
Metí los expositores y subí los toldos, pensando en cada una de las veces que me han tocado el c**o en la barra de un bar, que ante la negativa a salir con alguien he recibido insultos, que se me ha arrimado un señor por detrás en el autobús, que me han tocado los pechos en plena calle, que he ido a denunciarlo y han puesto en duda la gravedad de los hechos, que he sentido miedo al volver sola a casa... Pensando en todas las situaciones de m-r-d-a que vivimos las mujeres, en las que habría vivido esa mujer, en las que van a vivir las que hoy son unas crías.
No sé si me leeis muchos clientes hombres, pero estoy segura de que, la mayoría, no sois conscientes de lo frecuente, lo común, lo ordinario de todo esto. Y el esfuerzo que nos cuesta compartirlo, porque es humillante, porque nos avergüenza, porque contarlo nos hace volver a sentir víctimas, débiles, idiotas, e incluso culpables.
Y también, por qué no decirlo? Porque no tenemos hermanos, porque cuándo lo compartimos con hombres amigos, parejas, no os podéis imaginar el dolor que provoca que lo primero que solemos escuchar es que no todos los hombres sois iguales...
Esa no es la frase que una espera de un hermano.
Os imagináis que la maestra jubilada que ayer sufrió una agresión brutal por parte de un inspector de policía, hoy recibiese muestras de apoyo de familiares y colegas, que empezasen con la sentencia: No todos los policías son iguales...
Necesitamos brothers. Muchos brothers...
Hay alguien este país, haciendo una labor inconmensurable para que la mujeres saquen a la luz y compartan sus experiencias en el ámbito de la violencia de género. La periodista Cristina Fallarás.
Si no la seguís en Instagram, os animo a hacerlo, bastan un par de días para adquirir conciencia de la m-r-d-a que tragamos diariamente las mujeres. Seguirla es gratis, no obliga a nada, basta leer un par de testimonios al día.
Anticipo que no es una lectura agradable, pero sí necesaria. Y estoy convencida de que es un antídoto infalible contra el "no todos". Una fábrica de hermanos.
Aunque si os animáis, vais a flipar leyendo los comentarios.. porque también es un lugar frecuentado por gremlins mojados y trolls... Y son muchos. NO TODOS.., pero hay tantos y tantos...
En fin clientos! Que necesitamos mas brothers y más Educació Pública també!
Por cierto el lino grabado que ilustra este texto es obra de la artista zaragozana Ixeya Navarro Omedas.
Un abrazo!