La Morena y El Fusil.

La Morena y El Fusil. A la voreta de la mar des de 1973 Swim & Swing

WE NEED BROTHERS.Ya ni recuerdo la última vez que escribí aquí y no será por falta de anécdotas o de tiempo mu**to para ...
02/06/2026

WE NEED BROTHERS.

Ya ni recuerdo la última vez que escribí aquí y no será por falta de anécdotas o de tiempo mu**to para hacerlo...

Ayer me ocurrió algo ordinario y quizás por eso me he animado a volver a escribir.
Porque no quiero normalizar lo común y lo frecuente. Porque se lo debemos a quienes estuvieron antes y a quienes vendrán después. Y porque este presente que vivimos, me recuerda cada vez más a Mordor, y yo me siento más hobbit de la comarca...

Ayer estaba sentada en el banquito de mi tienda, mirando al mar, cuándo se me acercó un tipo desconocido (unos cuarenta y.., largos), para decirme que me conocía, que me había visto bailar en el Arenal Blues y que bailaba muy bien.

Así descrito, no resulta nada incómodo, pero el susodicho guardó una distancia interpersonal bastante más estrecha de lo que yo considero cómodo y una energía más venida arriba de lo que suelo tolerar.

Estimé no darle mucha bola, cuando me ofreció las manos y me invitó a echarme un bailecito con él. Le dije que no, e insistió intentando levantarme del banco tomando mis manos. Cómo no cedí, me preguntó por qué no y por no confrontar, argumenté que no me apetecía bailar y menos con la música que estaba sonando, un rollo chill out deprimente que llegaba desde el local contiguo a mi tienda. (Y atención, que no necesito justificarme, pero incluso desde aquí lo hago... Ufffffffff!)

Saltó como un resorte alzando la voz: No te apetece bailar esta música, no te apetece bailar ahora o no te apetece bailar conmigo? Respiré hondo, mantuve la calma y confesé: en realidad todo, no me apetece bailar esta música, no me apetece bailar ahora y no me apetece bailar contigo.

Cómo un gremlin que acabase de caer en una p*scina, empezó a subir de decibelios, a alzar los brazos y abrir el pecho y a acercar su cuerpo al mío intentando intimidarme y chillandome: Así estamos, no? Así estamos, no? Te he echado un piropo tía!

En ese momento, una señora de, seguro, más de ochenta años, y más menuda que yo, apareció en mi ayuda y me pidió, en inglés, que la atendiera (claramente) fingiendo estar interesada en un bañador.

Esquivé al troll y me despedí alegando que estaba trabajando, mientras él chillaba: Trabajando?!! Trabajando?!!! Que sabrás tú lo que es trabajar? Y tampoco bailas tan bien!!

La señora me preguntó si estaba bien, le dije que sí y le agradecí el capote.

Me contestó con ternura: Don't say thank you, my love. Don't say thank you. You know why my love? Because we all are sisters. We must be sisters because we need brothers, but we don't have brothers. We are alone in this world.

Lo dijo sin rabia, en voz baja, cómo una sentencia amarga que no se puede recurrir. Con esa mirada cansada de ver más de lo que hubiese deseado ver.

Faltaban diez minutos para las dos, pero me dispuse a cerrar antes, por si volvía el energúmeno y descorazonada, no por él, sino por la mirada de derrota de esa mujer hermana.

Metí los expositores y subí los toldos, pensando en cada una de las veces que me han tocado el c**o en la barra de un bar, que ante la negativa a salir con alguien he recibido insultos, que se me ha arrimado un señor por detrás en el autobús, que me han tocado los pechos en plena calle, que he ido a denunciarlo y han puesto en duda la gravedad de los hechos, que he sentido miedo al volver sola a casa... Pensando en todas las situaciones de m-r-d-a que vivimos las mujeres, en las que habría vivido esa mujer, en las que van a vivir las que hoy son unas crías.

No sé si me leeis muchos clientes hombres, pero estoy segura de que, la mayoría, no sois conscientes de lo frecuente, lo común, lo ordinario de todo esto. Y el esfuerzo que nos cuesta compartirlo, porque es humillante, porque nos avergüenza, porque contarlo nos hace volver a sentir víctimas, débiles, idiotas, e incluso culpables.

Y también, por qué no decirlo? Porque no tenemos hermanos, porque cuándo lo compartimos con hombres amigos, parejas, no os podéis imaginar el dolor que provoca que lo primero que solemos escuchar es que no todos los hombres sois iguales...
Esa no es la frase que una espera de un hermano.

Os imagináis que la maestra jubilada que ayer sufrió una agresión brutal por parte de un inspector de policía, hoy recibiese muestras de apoyo de familiares y colegas, que empezasen con la sentencia: No todos los policías son iguales...

Necesitamos brothers. Muchos brothers...

Hay alguien este país, haciendo una labor inconmensurable para que la mujeres saquen a la luz y compartan sus experiencias en el ámbito de la violencia de género. La periodista Cristina Fallarás.

Si no la seguís en Instagram, os animo a hacerlo, bastan un par de días para adquirir conciencia de la m-r-d-a que tragamos diariamente las mujeres. Seguirla es gratis, no obliga a nada, basta leer un par de testimonios al día.

Anticipo que no es una lectura agradable, pero sí necesaria. Y estoy convencida de que es un antídoto infalible contra el "no todos". Una fábrica de hermanos.

Aunque si os animáis, vais a flipar leyendo los comentarios.. porque también es un lugar frecuentado por gremlins mojados y trolls... Y son muchos. NO TODOS.., pero hay tantos y tantos...

En fin clientos! Que necesitamos mas brothers y más Educació Pública també!

Por cierto el lino grabado que ilustra este texto es obra de la artista zaragozana Ixeya Navarro Omedas.

Un abrazo!

QUERIDA CLARA:Antes que nada, gracias por los piropos a mi tienda y gracias también por dedicar tu tiempo, y especialmen...
29/08/2023

QUERIDA CLARA:

Antes que nada, gracias por los piropos a mi tienda y gracias también por dedicar tu tiempo, y especialmente en vacaciones, para escribirme este correo.

Reconozco que es algo que yo sería incapaz de hacer. Pero todos los días me encuentro con gente en mi tienda haciendo cosas que yo nunca haría: entrar sin saludar, entrar hablando por teléfono, entrar con un helado, entrar mojada y con arena...

Imagino que el horario de la tienda que consultaste es el de Google, de lunes a domingo de 10h a 14h y de 17h a 21:30h. En el de mi página de Facebook, todavía está el de invierno y no consigo cambiarlo... (En ese pone que cierro los jueves por la tarde para ir a clases de baile y los domingos para sobrevivir, pero lo de los domingos no lo suelo cumplir y también abro).

También imagino que vendrías domingo por la mañana. Y sí, estaba cerrado.

Podría decirte que tenía migraña, pero la migraña me dura tres días y la realidad es que este mes he abierto con migraña y vómitos.

Podría decirte que no abrí porque estaba agotada, porque llevo un verano especialmente durillo, baja de defensas, y a estas alturas ya voy arrastras, pero sigo al pie del cañón!

También podría decirte que tenía amigos en casa, los mejores, y que necesitaba una mañana para simplemente disfrutar de ellos, porque es verdad, pero los muy benditos se vienen a pasar un fin de semana a Jávea, y hacen mi horario laboral para estar conmigo en la tienda y no en La Barraca ni en La Granadella.

La realidad es que con la tormenta me fue imposible abrir. Tengo siete expositores en la calle y si llueve y con viento, el género se me moja y si los dejo dentro, simplemente no se puede entrar porque no cabe nadie.. Así que abrí ya después de comer. Un lujo para mí en pleno Agosto. Me gané un paseíto por el puerto y en la mejor compañía!

Quiero decirte que sé que todo lo que ocurre en la tienda es responsabilidad mía.

No tengo empleados. Yo soy la CEO. Yo barro y friego mi calle por las mañanas, limpio los cristales, mis estanterías, yo realizo los pedidos, elijo mis marcas, llevo la administración y la contabilidad (muy mal, por cierto), diseño mis escaparates, gestiono mis redes sociales (peor todavía), decido el horario, atiendo al público...

Pero también quiero decirte que no me siento responsable de tu enfado.

Mi horario en Google ya supera con creces las cuarenta horas semanales, pero se queda corto, porque llego a las nueve y media todas las mañanas, porque me voy después de las dos porque no soy capaz de echar a la gente de dentro de un probador, a veces se me hacen las tres, porque llevo dos meses cerrando a las diez e incluso más tarde. Y si echo cuentas, pues me salen unas 75 horas a la semana.

Además no soy una farmacia de guardia, no vendo productos de urgencia ni de primera necesidad, tampoco estoy en un centro comercial con un horario común reglado.

Yo decido cuándo abro y cuándo cierro, esas 75 horas semanales son decisión mía, no creo que a nadie le puedan parecer insuficientes, y sí, en ocasiones son flexibles, por: tormentas, citas en el médico, imprevistos...

Entenderás que haciendo 75 horas a la semana es difícil que no ocurran imprevistos alguna vez durante el horario laboral, aunque sea simplemente por probabilidad.

Por curiosidad, me he molestado en revisar mi libro de cuentas desde que abrí este año el 1 de Marzo. Ese mes cerré el doce por la tarde y el 13 y 14 (un fin de semana estupendo con familia y amigos), en Abril el 23, en Mayo un día por lluvia y el día de las elecciones, en Junio ninguno, en Julio tampoco, en Agosto la mañana del domingo pasado.

Me dices que te apena que tus familiares y amistades se vayan a quedar sin los detalles que pensabas comprar para ellos en mi tienda. Y que quizás el año que viene se te haya olvidado y te decidas a volver. A mí tambien me sabe mal, la verdad. Por ellos, no por mí.

Pero si te apena, puedes volver este mismo año, o el año próximo, o también puedes no volver... No te pongo cara, no sé quién eres, y te repito, no me siento responsable, es decisión tuya.

Lo siento Clara, pero es que cada vez más clientes me hacen responsables de sus frustraciones y bastantes responsabilidades tengo yo como autónoma, en mi casa.... igual las mismas que tú y que te voy a contar!! No lo sé.

Hace unas semanas una chica me dijo que le había arruinado el día, incluso la semana!, porque no me quedaba el bikini que le gustaba en su talla y no se lo podía conseguir. Cómo se te queda el cuerpo?!!!

De otras cosas sí me siento responsable.

El domingo pasado, sin ir más lejos.
Eran las nueve y media de la mañana. Estaba fregando la calle. Siempre dejo un pasillo sin fregar por seguridad, que friego cuándo seca el resto de la calle. Una familia se acercó, p*sando lo fregado. El peque, de unos 5 años, tiró de la mano del pater familia y le dijo: "Papi por aquí que la chica está limpiando". A lo que él sujeto, tiró con más fuerza de la mano del niño y le contestó: "A la chica le pagan por limpiar".

Apenas unos segundos después, estaban tirando del picaporte de mi puerta.
Les dije que estaba cerrado.
"La puerta está abierta". Me gritó el patriarca.
"La puerta está abierta pero la tienda está cerrada". Le contesté.
"Es que vinimos ayer a las once (de la noche) y y también estaba cerrada (vaya por Dios) y mi mujer quería un bolsito. Y ahora nos vamos ya para Madrid. Abre y nos das el bolsito".

Me lo puso tan fácil que dejé a su mujer sin el bolsito. "Lo siento, a mí sólo me pagan por limpiar".

Asumo mi responsabilidad y mi libre albedrío. Permitirme el lujo de renunciar a vender un bolsito es una de las ventajas que tiene ser autónoma, además del horario flexible...

Sé que soy afortunada, ni ese bolsito, ni las camisetas o los neceseres que pensabas comprar en mi tienda y has decidido no comprar este año, van a cambiar en nada mi vida. Podré continuar improvisando mis vacaciones, pagando mi hipoteca y mi cuota del club de Remo.

Pero también soy afortunada porque tengo una clientela muy buena.

Es la que tiene nombre o cara, o ambos.

Son Fidel y Pepe que aparecen rodeados de familia tan bonita como ellos o de una bolsita con dos croissants.
Son Marcos y Eva que comparten la empanada de su avoa conmigo.
Es Carmen, que viene cargada desde Dinamarca con un troll de la suerte.
Es Pati que me regala las mejores recomendaciones literarias.
Es Bernat que no puede pasar por mi puerta sin entrar a saludar.

Es quien me dice que mi tienda es su tienda favorita, es esa persona bajita que me llama la chica simpática de la tienda, es la señora que me trae unos bombones porque le intercambié las tallas del bikini y es consciente de que así el que queda me será más difícil de vender, es la clienta que me trae un producto para la lavadora que ella compra en Reino Unido y me comentó una vez que le iba fenomenal, es Paloma a quien voy a echar de menos pero que va a viajar más que nunca, es María que hace esfuerzos por encontrar cosas de su estilo en mi tienda y lo consigue. Y podría continuar, pero no cabrían aquí...

Personas que agradezco que vuelvan, que me alegran el día, personas humanas que cuando un día abro más tarde o cierro antes, al día siguiente me preguntan: "Todo bien ayer?". Sin reproches.

Así que Clara, eres libre, y yo sincera.
Sí decides no volver, no te echaré de menos. Sin reproches tampoco.

Pero aún así, y también te lo digo de corazón, te animo a venir cuándo quieras y a convertirte en una buena clienta, aunque no compres.

Es más, siempre tengo quintos en mi nevera, te invito a que te presentes.
Y yo te pondré cara a tí y tú me pondrás nombre a mí. Y chica, quien sabe? Que todas tenemos malos días... Quizás acabemos riéndonos compartiendo una cerveza.
Quizás...

UN, DOS, TRES... INMERSIÓN!Aquí estoy de nuevo, siete años ya!  Tengo que reconocer que al principio no me daba más de c...
21/03/2023

UN, DOS, TRES... INMERSIÓN!

Aquí estoy de nuevo, siete años ya!
Tengo que reconocer que al principio no me daba más de cuatro y que todos los años tengo que coger aire y respirar hondo para hacer el primer pedido para la próxima temporada y renovar así mis votos con el negocio familiar...

Vuelvo a abrir las puertas de mi tiendecita y
lo hago a regañadientes y arrastrando los pies. Primero porque que esto no empezó como mi proyecto más ilusionante.
He recogido un testigo que me quema en las manos, pero que cada vez es más mío, aunque ni siquiera puedo atribuirme ese mérito.

Segundo porque empezar implica que se me acaban muchas cosas: desayunar disfrutando del sol de mi cocina, el té de después de comer en el sofá, cocinar sin prisas, improvisar, pasar tiempo con mis chicos, viajar, los bailes, los fines de semana con amigos, los fines de semana sin más.

Y aún así, y pese a mi bruxismo inicial, abro con ilusión, porque cuando lo hago la tienda se me llena de gente bonita.

Llega Llum, que cada vez entra por la puerta se va directa a hacer p*s en mi baño sin decir ni buenos días, mientras su padre se echa las manos a la cabeza...

Llegan amigas que me ponen la tienda patas arriba en diez minutos, y es que son capaces de probarse un expositor entero hasta con dos brazos escayolados.

Veo cómo mi tienda vuelve a convertirse en punto de encuentro para colegas, ahí igual también tengo que compartir el mérito con mi vecindario.. Y es que los helados de la Jijonenca tiran mucho!!

Pero otras veces, entra gente sin nombre, gente que te dice que la primavera empieza cuándo abre La Morena, gente bajita que anima a su mami a comprarse algo en tu tienda porque cuándo se pone la ropa de tu tienda es que está feliz y hace mucho tiempo que no tiene días buenos, y el motivo es el más terrible de los motivos.

Gente que te dice que se subió al avión esperando que ya hubieses abierto, más gente bajita que te dice que no le gusta venir a Jávea en Navidad porque la tienda de Helena está cerrada y la Jijonenca también.

Vecinos y sus proveedores que son capaces de hacer el pino para no p*sarte la calle que acabas de fregar, que te regalan un comentario bonito, una broma o te invitan a un café

En fin, que sí, que vuelvo refunfuñando, pero es cómo si tuviese el muérdago colgando del quicio de la puerta, cada día me gano un abrazo, una sonrisa, un reencuentro con gente que echo de menos en invierno, incluso con gente que echo mucho de menos. Y así, pues claro, cuesta mucho alimentar al Grinch de la tienda que habita en mí..

Muchas de esas personas no lo saben, gente bonita que cambia mi día cuándo entra por la puerta desde Dinamarca, Madrid, Vitoria, Bilbao o la Safor.

Y creo que a pesar de que sólo nos vemos con un mostrador de por medio, debería de empezar a decírselo. Decirles que el mérito es suyo, que mi buen rollismo se alimenta del suyo, que son ellas quienes me ayudan a subir el toldo cada mañana.

Todos los años, cuando abro, me propongo llevarlo mejor: permitirme licencias, correr menos, no perder tres kilos, no pagar mi cansancio con mis chicos, no ahogarme aquí encerrada, y a veces, ilusa de mí, creo que lo estoy logrando... Pero entonces llega el més innombrable y yo ya sólo pienso en huir, a Gata de Gorgos que me queda cerca, a cualquier lugar desde el que no vea mi escaparate.., pero sobre todo a Marruecos.

Marruecos marca el final de la temporada y el inicio de muchas cosas que me hacen feliz. Marruecos queda muy lejos ahora mismo, y pese a lo que os parezca, queda mucho más lejos en Agosto que en Marzo...

Pero de aquí a allí, sé que además de perder kilos, voy a ganar muchas cosas bonitas. Algunas de ellas las espero ya con impaciencia.

Espero, por ejemplo, a Bernat, que no pasa a más de 50 metros de la tienda sin tirar de la mano de sus padres para saludarme aunque sea desde la puerta, y esto puede ocurrir seis veces en un día. Insuperable...

Mi tienda crece. Crece en personas bonitas, y quizás precisamente por eso, por fin hablo de ella con un pronombre posesivo en la primera persona del singular.

En fin, quién sabe cuántos años más cumpliremos juntas..., ella este verano cumple 50... Yo no sé muy bien cómo celebrar su cumpleaños, de momento voy a coger aire y a respirar hondo antes de volver a sumergirme en una nueva temporada. Os espero aquí...

Grazie a tutti!

MÁS VALE COMPRAR SOLA QUE MAL ACOMPAÑADA…Os imagináis salir a cenar con vuestra pareja o con una amiga y que esta os qui...
17/07/2022

MÁS VALE COMPRAR SOLA QUE MAL ACOMPAÑADA…

Os imagináis salir a cenar con vuestra pareja o con una amiga y que esta os quite la carta de las manos y pretenda decidir qué os va a gustar y qué no, y que cuándo la persona que os atiende os proponga o recomiende alguna especialidad o plato fuera de carta, vuestra grata compañía frunza el morro y se comporte cómo si (el profesional, que está realizando su trabajo) se estuviese metiendo donde no le importa u os quisiera colar los restos del comensal anterior…

Pues yo todos los días me siento cómo si fuese esa camarera, menospreciada por parejas y mejores amigas de sufridoras clientas que soportan estoicamente horas de probador mientras sus acompañantes las atosigan con modelos de bikinis que claramente no les van a favorecer y que ni siquiera son de su talla. Y en cuánto hago el mínimo amago de pretender intervenir se atrincheran frente al probador, cerrando la cortina con ambas manos y mirándome desafiantes por encima del hombro, dejando claro que sobro en mi propio negocio.

Para esas personas yo debo de ser un algoritmo, o peor, una “dependienta” (que no hay palabro más terrible).

Y no maris, no. Aquí la menda no es subalterna de nadie, paga su cuota de AUTÓNOMA incluso los meses que chapa la tienda y ya sé que no hay una licenciatura en venta de bikinis.., pero precisamente porque estoy detrás de este mostrador, yo sí sé distinguir una copa B de una D. Tal vez os parezca una broma, pero algunas de mis marcas incluso realizan cursillos de formación sobre sus productos, y por cierto, listillas, no hace falta diploma pero los bandeau son bikinis sin tirantes y no bikinis sin hombreras.

Sufro enormemente con esos maridos que se empeñan en elegir para sus parejas bikinis de cortina tamaño adolescente, cuándo la protagonista en cuestion tiene un pecho de copa E y el triángulo no le cubriría ni la oreja. Y ellos insisten hostigándolas con modelos y más modelos, y además permitiéndose el lujo de juzgarlas y dejando claro que nada les sienta bien, o lo que es peor, que ya nada les sienta bien…

Que me dan ganas de hacer sonar “Parlami d’amore Mariu”, repartir unas cartulinas y unos rotus entre el resto de la clientela, sacarles a ellos un slip blanco, e invitarles a que nos hagan un pase mientras las demás opinamos...

Pero cómo lo que me preocupa es la cara de angustia y frustración de sus mujeres, respiro hondo y me marco un regate para acercarme al probador y hacer llegar, casi de estraperlo, un halter en su talla, sin aro pero con una ballena en el lateral que recoge fenomenal y que sé que le va a quedar espectacular. Y cuándo oigo el suspiro de alivio desde dentro del probador, pues me congratulo, por ella y por mí, y eso me basta para contener las ganas de sacarle la lengua al marido…

En ocasiones son las amigas las que se comportan como enemigas, las que obligan a probar prendas sin ton ni son, sin mirar tallas, que corren por la tienda cual caballo desbocado y estresan, y agobian, y desprecian... Sus frases suelen ser del tipo “este no es feo, perooooo…", "no te queda mal, peroooo…”. Que no hace falta consultar un diccionario de antónimos, si no es feo es que es bonito y si no te queda mal es que te queda bien! Para más inri suele ocurrir que, cuando expresan esos comentarios, según mi humilde opinión, lo que ocurre es que a la afectada le queda brutal, pero claro, si abro la boca me miran cómo si fuese a comisión… Y entiendo que ese podría ser un propósito de peso para alabar, pero me pregunto cuál es el suyo para criticar.

Todo esto viene a cuento de lo poco que se valora el trabajo de las personas que atendemos en los pequeños comercios, y de lo triste que resulta que la clientela se comporte aquí como si estuviesen comprando en Amazon. Que no te saluden al entrar ni al salir, que desprecien tu ayuda, que maltraten las prendas probándose sin quitarse los zapatos, dejándolas en el suelo, p*sándolas, que compren tres prendas con la clara intencion de devolver dos…

Menos mal que todas las amigas no son iguales. Esta semana estuve más de dos horas ayudando a una clienta a encontrar bikini para un crucero. Muchas veces es complicado, un pecho mucho mayor que el otro, o una mastectomía, mucho contorno y poca copa o al contrario, mucha diferencia entre la talla de braga y la de pecho…

En fin, al final intercambiando modelos y tallas de braga y sujetador dimos con la combinación perfecta. Me pidió que se lo guardase para volver con una amiga y lo hice. Volvió dos días más tarde y se molestó en volver a probarse todos los bikinis que había desestimado para mostrar a su amiga lo mal que le sentaban…
Es algo que yo nunca haría, pero allá cada cual con su tiempo… Invirtió casi una hora en esa actividad ocupando un probador mientras había gente esperando para entrar a probarse prendas que imagino sí tenían intencion de comprar.., para finalmente probarse el que le había reservado y constatar que era el definitivo con el beneplácito de su pacientísima amiga. Salió naturalmente agotada del probador y me pidió que se lo reservase un par de horas más, para ir a tomar algo y volver.

Y volvió. Pero entró en actitud amenazante, apuntándome con el móvil para informarme que había encontrado el mismo bikini en internet más barato y pese a que le sabía muy mal porque había sido muy amable con ella, sólo iba a comprarlo si se lo dejaba al mismo precio. Bang!

Le dije que no. Y le expliqué muy amablemente, que agradecía el comentario hacia mi trabajo, que era libre de comprar el bikini en internet, pero que si lo hacía.., quizás el próximo año me iba a resultar difícil ser igual de amable con ella (porque soy maja pero humana), es más, tal vez le propondría cobrarle por probarse, o por el uso de mi probador y mi aire acondicionado, o por mi trabajo de asesoramiento, o… tal vez si toda mi clientela se comportase cómo ella en mi tienda , y en otras como la mía, en unos años en nuestro lugar se iba encontrar con franquicias de bikinis para tallas estándar, y entonces sí que se vería abocada a comprar en internet, y para poder probarse los cuarenta o cincuenta bikinis que se había probado en mi tienda (de entre 60 y 150 euros cada uno), debería invertir unos 4000 o 6000 euros en compras, envíos y devoluciones. En fin, el mismo trasiego por un bikini que por un crucero… Y quizás hasta el mismo consumo de combustible y de tiempo…

Creo que no se esperaba esa respuesta, me contestó violenta que le estaba haciendo sentir mal, pero la amiga la interrumpió para decirle: "A mí sí que me estás haciendo sentir mal tú, que ya te he dicho que no sé cómo no te da vergüenza, paga el bikini de una vez, anda."
Y pagó. Bendita amiga.

También hay clientas fáciles, educadas, resueltas y decididas, gente para la que ir de compras es una necesidad y no un deporte. Gente con las ideas claras, que no necesita ayuda. Porque conocen su cuerpo, saben su talla, valoran su tiempo. Son las que nunca me piden el ticket porque su compra es consciente y no compulsiva. Y curiosamente se nota que son quienes menos practican el ir de compras, pero son quienes resultan más eficientes comprando.

Hace dos días tuve dos clientas así.
Llegaron juntas, entraron al probador cada una con una única apuesta y ambas salieron con un caballo ganador. No me pude resistir.., les tuve que invitar a que fuesen a hacer una primitiva (estas cosas ocurren con tan poca frecuencia..).
Aunque en realidad lo que me hubiese gustado es auto invitarme a tomar una cerveza con ellas. Porque estas clientas me resultan interesantes y atractivas. Me da que son unas tipas listas, será esa actitud de no complicarse, de estar por encima de todas las neuras, complejos y autoexigencias que escucho a diario en el probador. Son mis ídolas. Las mujeres de las que intuyo que todas deberíamos aprender. Las que seguro son buena compañía para ir de compras.

Pero confieso que me conformo con mucho menos que eso, me basta un saludo al entrar y al salir, un respeto por las prendas, que me pidan un talla y no me revienten una cremallera, que no me miren con desconfianza ni prepotencia, y chica, si ya nos regalamos una sonrisa ahora que nos vemos las caras…

Porque puedo prometer y prometo que me esfuerzo por tratar a toda mi clientela igual, vengan de Ontinyent o de Malmö, trabajen en una pelu o en la Agencia Espacial Europea, tengan barco o no…

Eso sí, tengo mis debilidades: quienes me llaman por mi nombre (y joder yo no recuerdo el suyo y me sabe fatal..), quienes me dicen que la mía es su tienda favorita, o me cuentan que salen de ella con algo totalmente distinto a lo que entraron buscando pero que acaba convirtiéndose en la prenda preferida de su armario. Quienes pudiendo comprar en el Corte Inglés, prefieren hacerlo aquí y se esfuerzan por convencerme de que es que en Madrid no encuentran bikini...

Me encantan quienes vienen cargados de buen rollismo y yo me apresuro a guardarlo en mis cajones para recurrir a él en situaciones de emergencia o durante el mes de Agosto.

Por cierto, os hago saber que soy una tendera con suerte, tengo las reservas hasta los topes, pero estamos ya a mediados de Julio... Si la cosa empieza a escasear, os mando un SOS.

SOCIOLOGA Y TENDERA DE PUEBLO.Hola, me llamo Helena, tengo 47 años y todavía no sé qué quiero ser de mayor.Pero sí sé qu...
02/04/2022

SOCIOLOGA Y TENDERA DE PUEBLO.

Hola, me llamo Helena, tengo 47 años y todavía no sé qué quiero ser de mayor.

Pero sí sé que tanto en lo que he hecho profesionalmente en el pasado, cómo en lo que hago ahora, cómo sea lo que haga en un futuro, me voy a dejar la piel, voy a poner mi alma y voy a sentir la necesidad de generar un cambio positivo en mi entorno. Porque no se trata tanto de qué hacemos, sino de cómo lo hacemos y porqué.

Vine a vivir a Jávea con ocho años y crecí detrás del mostrador de la que primero fue la tienda de mis abuelos y después de mis padres.

La tienda era el lugar del que no podía alejarme demasiado pero también el lugar seguro al que acudir en caso de sed, hambre, p*s, e incluso el refugio ante algún abusón..
El Arenal era mi barrio, y todo el vecindario cuidaba de mí porque la chiquillería éramos patrimonio de la comunidad.

Más tarde, la tienda también fue el lugar donde tuve que currar todas mis vacaciones.., con mis padres.., y sin cobrar..

Estudié sociología de lo urbano y he tenido la suerte de ejercer mi profesión durante más de veinte años, primero trabajando para otros y luego en un proyecto propio con otras tres socias: La Naturadora.

La Naturadora me permitió conciliar la crianza de mis hijos con todo el apoyo y la ayuda de mis socias. Disfrutar de la libertad de soñar e idear sin límites y constatar que con nuestro trabajo sí se pueden generar cambios.

Cuándo mis hijos eran pequeños y les preguntaban en qué trabajaba su madre, ellos contestaban que trabajaba "salvando el planeta", así que yo me sentía como la socia de Supermán, y se duerme genial sintiendo que trabajas codo a codo con Supermán...

En La Naturadora hemos llenado un autobús de pingüinos para sensibilizar sobre el cambio climático, hemos diseñado materiales didácticos para escolares sobre temas tan importantes como la participación ciudadana, la protección del medio ambiente o la coeducación.

La Peluca de Luca ha llegado a más de 15.000 escolares, vamos por la cuarta edición para librerías y todos los días nos llueven historias bonitas a partir de un simple cuento...

Y justo cuándo más realizada me sentía profesionalmente.., a mi madre le dió por jubilarse y a mí me entraron todos los males.

Porque de repente me sentí responsable de la tienda. Responsable de proteger sus paredes de piedra, sus arcos de tosca y sus vigas de madera, desaparecidas ya de casi todos los locales del Arenal.
Responsable de un lugar, de un árbol, de una identidad e incluso de un oficio que tiende a desaparecer de las grandes ciudades y de los pueblos turísticos.

Así que un día, me sorprendí atrincherada detrás del mostrador, honrando la memoria de mis abuelos, guardando mi traje de súper héroe, estrenando disfraz de dependienta y preguntándome a mí misma: Helenita, qué estás haciendo aquí..?

Sigo sin saber qué hago en la tienda, pero al parecer, he ido encontrando truquillos para hacerla mía y seguir acostándome feliz por las noches.

No utilizo Facebook con fines comerciales, pero sí lo hago para escupir y vomitar las cosas feas que ocurren en mi tienda y que son un reflejo de las que ocurren fuera. También para compartir las bonitas, que afortunadamente son muchas más!

Me resisto a colgar pósters de mujeres que no son reales y en posturas absurdas y hasta ridículas. Me duele escuchar los improperios que nos lanzamos las mujeres a nosotras mismas cuándo nos enfrentamos a nuestro cuerpo desnudo frente al espejo del probador. Esto tiene que cambiar.

Prefiero ofrecer otros referentes, como el de mujeres que han hecho historia y a las que la historia ha obviado. Y no lo hago sólo por lo que han hecho, sino por lo que sé que serán capaces de hacer las niñas que hoy miran los pósters de mi escaparate.

Frente a este póster tan tierno, he escuchado a una madre decirle a su hija que dos chicos no pueden dormir juntos en la misma cama, ni aunque sean hermanitos, ni tampoco pueden abrazarse... Me falta escaparate y me falta tienda para todo lo que me gustaría decir.

Al igual que leo las etiquetas de lo que compro, leo las etiquetas de lo que vendo. Me gusta saber la filosofía y la historia que hay detrás de cada prenda.

Necesito tener cosas especiales. Cómo la blusa que llevo puesta. Diseñada y producida en Valencia por mi amiga Mónica Ramón. Sólo 5 unidades, sólo para mí tienda. 60€. Podéis encontrar un montón de prendas en Zara por ese precio, pero ninguna tan honesta y con tanto amor como esta.

Se me cuela el arte por debajo de la puerta. En mi tienda expongo obras de amigos, se ha rodado un corto y se ha hecho microteatro. Una actriz, un espectador, dentro de un probador. Más micro, imposible...

Entre todo este batiburrillo, también guardo un espacio para mis amigos senegaleses. Porque creo que cualquier persona que abandone su país huyendo de la dictadura, la miseria o las bombas, se merece encontrar unos brazos abiertos. Venga de Ucrania, de Afganistán o de Senegal. Lo bueno de ser una simple dependienta es que una puede limitarse a tener ética y no conocimientos de estrategia geopolítica mundial...

No hay revolución sin música y la banda sonora de la mía es el swing. La ventaja de escuchar música de hace 80, 90 o 100 años es que no tengo que pagar derechos de autor al SGAE y eso me encanta. Pero si algo me hace todavía más feliz, es bailar. Así que en mi tienda también se baila. Porque bailar nos empodera, nos conecta y genera sinergias.

Mi tienda es el lugar al que acuden mis hijos, sus colegas y los peques de mis colegas cuándo tienen p*s, sed, les falta un euro para un helado o necesitan refugiarse de un abusón, que todavía los hay... Y tengo que decir, que las visitas de la gente bajita, son lo más!!

No sé cuánto he cambiado yo en la tienda, pero creo que lo más transgresor que he hecho yo en la tienda es no cambiar nada.

Estoy convencida de que las cosas que ocurren en mi tienda y la diferencian del resto, ya ocurrían en la tienda de mi madre hace 10 o 20 años y en la de mi abuela hace 40 o 50.

Mi tienda sigue siendo una tienda de pueblo, en la que nos saludamos al entrar. Una tienda que lucha por defender su identidad, por hacer barrio y pueblo.
Una tienda en peligro de extinción, que no vende on line.

Siento que defenderla es ahora mi lucha. Y creo que cada vez tengo más clientela bonita que lo valora y me lo agradece.
Y cuando eso ocurre... Me siento como la hormiga atómica.

Y si levanto la cabeza y miró hacia atrás por encima de mi hombro... puedo ver ondear la capa que todavía comparto con Supermán y ahora también con San Pancracio.

Muchas gracias!!

Esta parrafada es más o menos mi intervención de hace ahora una semana en la 6° edición de Pechakucha en mi pueblo.

El tema de esta edición, era cómo he cambiado yo en el desarrollo de mi profesión y que cambios he generado en mi entorno... Así que debo confesar, que desde mi actual faceta de tendera de pueblo, me costó encontrarme el mérito cuándo mi valiente amigo Jon me invitó a participar...

Para más inri, Pechakucha más que un formato es un desafío, cada ponente dispone de 20 diapositivas y 20 segundos por diapositiva para realizar su exposición... Si quieres contar algo... Más vale que hables deprisa, sin respirar y sin pestañear!

Me pasé una semana mirando las paredes de mi tienda y preguntándome si la tienda me ha cambiado en algo y sobre todo, si yo he arañado la más mínima posibilidad de generar un cambio desde ella..

Y tengo que agradecer a Jon su invitación, no sólo por la confianza, sino por el ejercicio que ha supuesto para mí. Porque los impulsos esconden muchas razones detrás, porque quizás no voy tan desbocada y porque me vino bien recordar qué es lo que me define...

Me alegro mucho de haber sido una insconciente y haber aceptado tu invitación Jon, y un gustazo compartir micro con gente tan molona!!
Nos vemos en mi barrio!!
Por cierto, que eso no lo dije, pero en la neverita de mi almacén siempre hay cervecitas...

Dirección

Jávea

Horario de apertura

Lunes 10:00 - 14:00
16:00 - 20:30
Martes 10:00 - 14:00
16:00 - 20:30
Miércoles 10:00 - 14:00
16:00 - 20:29
Viernes 10:00 - 14:00
16:00 - 20:30
Sábado 10:00 - 14:00
16:00 - 20:30

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