08/18/2026
“El Señor, pobre alma, ha cuidado de ti y tú lo has reconocido, porque no es posible equivocarse entre Dios y Satanás, entre voces celestiales e infernales si quien las oye tiene presente, no lo meloso de las palabras sino los efectos que producen. Satanás puede remedar a Dios en el lenguaje, mas, en modo alguno comunicar esa gracia y esa paz que acompañan siempre a las palabras divinas o de espíritus de luz. No pueden producir gracia ni santidad porque sus palabras van siempre mezcladas con insinuaciones que un alma en gracia jamás puede aceptar. Y no pueden producir sensación de paz porque el alma en gracia se sobresalta de horror con las voces infernales y, por más que el individuo no cuente con otros signos para reconocer cuál es el espíritu que le habla, bástale este escalofrío del alma para proporcionar al hombre la señal de que es la Tiniebla la que en ese momento se manifiesta. Satanás puede engañar a los pecadores entontecidos por el pecado, a los distraídos e irreflexivos y a los curiosos que, por querer saber demasiado, acuden imprudentemente a todas las fuentes. mas al que no puede engañar es a un espíritu recto que está unido con Dios. Todo lo más que puede es turbarle acercándose a él o llevándolo mediante una acción propia o valiéndose tal vez de infelices que, sabiendo raras veces lo que hacen y más fácilmente ignorándolo, son, en un momento dado, los instrumentos de que se vale Satanás para causar dolor y espanto a los instrumentos de Dios. Pero entonces interviene Dios sacándoos fuera del todo y os salva sumergiéndoos en su océano de paz y de amor, como lo ha hecho contigo porque te ama.”
Libro de Azarías
Junio 23, 1946