24/03/2026
A 50 años del golpe de Estado en Argentina, la memoria no puede reducirse a un ejercicio de recuerdo.
También implica comprender cómo operan ciertas formas de poder y qué efectos producen más allá del tiempo en que se ejercen.
El terrorismo de Estado no solo buscó eliminar opositores políticos. También reorganizó las condiciones en las que una sociedad vive, se vincula y participa.
Ese tipo de poder no desaparece automáticamente con el fin de una dictadura. Deja marcas en los vínculos sociales, en los límites de lo decible y en las formas de habitar lo público.
Por eso la memoria sigue siendo una práctica necesaria: no solo para recordar, sino para entender y para sostener un reclamo que sigue vigente.
A 50 años, el silencio de los genocidas también es parte de la impunidad.
Memoria, verdad y justicia. Hoy y siempre.