09/10/2026
Tal vez sea una historia ficticia, pero abrir la Biblia y leerla de forma aleatoria puede que les sirva a muchos y, quizás, sea algo efectivo en su momento, pero la verdad es que la práctica de la lectura Bíblica requiere más de nuestra dedicación. Este libro está diseñado para ayudarte a leer la Biblia de una forma más entendible y, dicho sea de paso, de una forma más bíblica. Verás, cuando el eunuco etíope leía al profeta Isaias Felipe le preguntó: “Pero ¿entiendes lo que lees?”. Pensemos en esa pregunta un momento: “Pero ¿entiendes lo que lees?”. Es decir, Felipe reconoce la importancia de leer la Escritura, pero también deja saber que leer no es suficiente. Entender lo que uno lee es clave para ser transformado.
Carlos Spurgeon, el famoso pastor del siglo XIX, comenta sobre este pasaje: “Es como la diferencia entre una mariposa y una abeja. La mariposa descansa en la flor y se pasea por sus pétalos, pero la abeja se sumerge en ella y obtiene el polen que nutre su vida. “Yo leo un capítulo todos los días”, dice alguno. Qué bien; mantén esa costumbre, pero, “¿entiendes lo que lees?”. “Bueno, yo memorizo un versículo a diario”. Sí, pero, “¿entiendes lo que lees?. Ese es el punto del cómo debe leerse la Escritura, sumergiéndote en las flores, succionando su significado, y absorbiendo la dulzura secreta que el Señor tiene para tu nutrición espiritual”.
Es de esperarse que un libro inspirado por un Dios supremamente sabio e inteligente sea rico en significado y entendimiento, por lo que es nuestra labor ser lectores prudentes y esmerados. Por supuesto, la revelación del Espíritu Santo es indispensable, pero eso no disminuye la responsabilidad que cada creyente tiene de ser un lector responsable.
Un libro inteligente, entonces, demanda una lectura inteligente. Sin lugar a duda, la Biblia puede ser entendida. Después de todo, la razón principal por la que este Dios supremo se revelo a si mismo en un libro es para que nosotros pudiéramos entenderlo. Dios desea ser entendido y las Escrituran comunican. Pero a nosotros nos compete el digerir Sus palabras con diligencia y estar preparados para responder la pregunta de Felipe: “Pero ¿entiendes lo que lees?”.