29/08/2020
La calle está llena de nuestra presencia.
Decía Macedonio Fernández: “faltaron tantos que si faltaba uno más no cabía”.
La ausencia llena. La ausencia es presencia. Que no se confundan
los agitadores e incendiarios, los que se movilizan en cuatro ruedas. Que
no crean que no estamos.
Ahora estamos ocupados. Estamos en los hospitales, estamos en los
comedores barriales, estamos levantando lo derrumbado, estamos en los respiradores artificiales,
en los hogares silenciosos, en las clases remotas,
estamos en los laboratorios, estamos en el país profundo, intenso, ese que
no quiere ser títere sino Patria.
Parece que no estamos, pero las calles están llenas de nuestra presencia.
Se percibe nuestro aliento. Se nota que elegimos no insultar, no amenazar, ni andar con palabras de querosene.
Ahora estamos ocupados. Militamos así, como podemos, y el país que
germina, eso que segaron vuelve a crecer.
Suturamos lo que lastimaron. Y nos cuidamos por el otro. Para respirar hay que estar vivo.
Nunca pensamos que se irían a cruzar de brazos.
La única anarquía es la
que se revuelve en la cabeza de los que pensaron que podían adueñarse del futuro. Sabemos de su ruido, sabemos de su odio, pero igual no vamos a caer en la trampa de la provocación: hoy estamos ocupados.
En la calle -fíjense bien- no cabe un alma. Columnas y columnas de pueblo marchan en silencio, con alegría y voluntad. Vamos por donde siempre.
Por las avenidas de los derechos, por las calles sin privilegios,somos nosotros, los que los que elegimos el amanecer y no la noche.
Abrazo
Anibal Fernández