11/09/2026
😇 LOS JUEVES DEL SUPLENTE DE LABRUNA
La cancha de River se viene abajo. Es el momento en que los reporteros gráficos sacan las fotos que mañana serán portada de los diarios y revistas que se venderán en los kioscos de calle Florida.
Muy cerca de los flashes, pero fuera del encuadre de las fotografías, está Rodolfo Matti. Nadie tiene mejor visión de lo que ocurre en la cancha que él. La gloria le pasa por el lado.
Una gota de sudor le cae por la cabeza, pero el hombre sigue afanado en su labor como si en eso se le fuera la vida. Enfundando su puño con un paño gris seca el fondo de los vasos. Cada tanto, también pasa el paño por la barra que, al parecer, nunca está suficientemente reluciente.
En la entrada está la barra, y don Rodolfo Matti, el dueño del local. Pasaron muchos jueves para llegar a saber ese nombre, y muchísimos más para llegar a saber quién fue ese gordo amable, que saludaba mesa por mesa con su vozarrón y su evidente acento rioplatense.
Hasta que un buen jueves, quizás porque nos escuchó hablar de fútbol, se nos presentó.
Rodolfo Matti fue, en sus palabras, un futbolista talentosísimo, uno que hoy estaría salvado económicamente. Pero don Rodolfo nació en el tiempo equivocado, no sólo porque no se pagaba lo que se paga hoy.
Especialmente, nació en mala época porque cuando empezó en el fútbol todavía no se hacía oficial la regla que permite cambiar jugadores durante el partido.
O eras titular o, para jugar, tenías que esperar pacientemente que el titular se lesionara o bajara notoriamente su nivel.
Y resulta que don Rodolfo era lo suficientemente bueno para jugar en River Plate, pero no tanto como para desplazar de su lugar a Ángel Labruna.
Nuestro anfitrión era el suplente del ídolo, el que estaba llamado a sacar de su lugar al inamovible.
Un jueves cualquiera, uno de mis hermanos le consiguió su palmarés completo jugando para equipos chilenos.
Se emocionó don Rodolfo, el regalo de mi hermano lo llevó de vuelta a la época en que se ganaba la vida con su talento; la época en que era un superhombre y en la que, de no mediar por Labruna, hubiera sido ídolo en su querido River.
✍🏼 Por Sergio Montes en la edición #56 de Revista 1986.