Librería online
Hace ya algunos años, tuve la milagrosa posibilidad de entrar en la casa del gran Abelardo Castillo con el propósito de entrevistarlo para una revista Literaria en la que trabajé durante algún tiempo. No hace ninguna falta, por lo menos aquí y ahora, dar más detalles de aquel día, excepto por un determinado instante: “hay que crecer para darse cuenta de que existe una diferencia m
uy grande entre una ocurrencia y una idea”, dijo en algún momento de esa charla que se extendió por casi tres horas. Yo no sé si crecí, sin embargo hoy creo que para mí fue una ocurrencia pensar hace ya algunos meses en el incipiente suceso de tener mi propia librería. Todo nació, es cierto, de esa mínima ocurrencia y luego, como sucede con algunas de las que cosas que realmente pretendemos, el deseo y la necesidad terminaron por imponerse, es decir, se convirtió en idea. Explicar en este recóndito manifiesto el motivo del nombre de la librería tal vez no sea más que redundar en discusiones ajenas que vienen atravesándonos más o menos desde el comienzo de la literatura. Hemingway se despertaba hacia las seis de la mañana, desayunaba y muy presto se paraba frente a un atril a escribir Adiós a las armas hasta bien entrado el mediodía; Herman Hesse, en El arte del ocio, se compadece de aquellas personas que por lo menos una vez en su vida no sintieron la noche colmándolos de insomnio. No obstante, para quienes desde hoy, 22 de enero, domingo (día en que verdaderamente comienza la semana) llevaremos adelante Himnos a la noche librería, pensamos que la hora de la lectura, sucede a contramano del resto de la rutina diaria o, como ya lo dijera el buen Friedrich von Hardenberg: “Lo mismo que un rey de la Naturaleza terrestre, la luz concita todas las fuerzas a cambios innúmeros, ata y desata vínculos sin fin, envuelve todo ser de la tierra con su imagen celeste -su sola presencia abre la maravilla de los imperios del mundo. Pero me vuelvo hacia el valle, a la sacra, indecible, misteriosa noche."