21/05/2026
Siri Hustvedt puede escribir una lista del supermercado y yo la voy a leer.
Hustvedt tiene una lucidez que intimida y es por eso que la admiro profundamente. Es una autora que me ha cambiado la manera en que miro el mundo, cómo lo pienso y las preguntas que me hago.
Una escritora así, con una obra tan descomunal como la suya, crea su propio dilema: cada libro nuevo se mide contra ella misma y su brillantez.
Hoy terminé de leer Historias de fantasmas, su último libro. Y lo leí como la lectora devota que soy: reconociendo en su prosa sus cadencias, sus frases siempre bien articuladas y su manera de pensar el mundo que tanto ha influenciado en la manera en que yo misma lo hago.
Pero este libro es otra cosa. Es un libro que como ella advierte, surge de una necesidad, no de una elección. Un homenaje a su fallecido marido, Paul Auster, el amor de su vida y a más de cuatro décadas de matrimonio entre dos inteligencias extraordinarias. Al largo diálogo sobre libros que mantuvieron y al fantasma que ella y Paul crearon juntos, un “nosotros” y que ya no existe.
La gran mayoría de los ensayos de Siri tienen fuertes dosis de autobiografía así que leerla no es solo conocer sus ideas sino acercarse a su vida y a quien ella es: su historia familiar, su amor, ella como madre, como mujer feministq, sus dolencias físicas, su sensibilidad extrema, sus conocimientos infinitos, sus inquietudes y las injusticias que aborrece de este mundo.
Leer Historias de fantasmas fue conocer su lado más personal: la intimidad de su hogar, de su cuarto, la cama y la biblioteca que compartían con Paul. Su llanto, su entrega, su dolor y el reconocimiento frente a la incapacidad de controlar nuestro destino.
Fue también acceder a la intimidad de una historia de amor que logra existir dos veces: en la vida que Paul y ella vivieron, y en las páginas que ella escribe para que no desaparezca del todo.