09/12/2024
Sueño a menudo con un sueño que no por sueño deja de sofocarme. Voy por la calle, a paso lento, cuando me viene a la cabeza una frase, un fragmento de un libro. Intento recordar en dónde lo leí, el color de la página, si estaba amarillenta o algo. Apuro el paso. El párrafo está en mi cabeza, en la memoria que borronea y reelabora; tengo una vaga idea de su contenido, de lo que buscaba decir, pero necesito leerlo desde su primera mayúscula al punto final. Entonces empiezo a correr desesperadamente. Hacia ninguna parte porque sé que ese libro no lo tengo. Y si lo tuviera no sabría por dónde empezar. Porque no sé dónde lo leí.
Así me despierto, entre dos y tres veces por semana. Afligido, pienso cómo hacen los que leen casi a la ligera y no guardan ningún libro, ninguna pilita al menos que decore una mesita descolorida.
Por mi parte, ya no leo tanto. O ya no con esa compulsión que solía hacerlo. Ahora solo leo fragmentos que ya leí, que están subrayados con un lápiz, resaltados con algún color que ya perdió su brillo o anotaciones a un margen. Pienso que los subrayados fueron a la par de mis días, de mis años, de mis momentos. ¿Por qué marqué eso y no otra cosa? ¿Qué me estaría pasando?
Acá les dejo cinco libros con cinco subrayados. En su momento sentí que solo por ese párrafo ese libro ya valía la pena. En algún caso, después de leer esas palabras no continué el libro. Pensé que debía terminar así. No necesitaba más.
PD: hay uno que lo tengo muy marcado y subrayado y nunca más volví a abrirlo. Pasó algo feo en el ínterin. Es de entrevistas y su autora, argentina y de las mejores, aún sigue escribiendo. Yo no lo volví a leer y siento que no debí nunca pero nunca haberlo subrayado de tal manera. Con tanto énfasis y fruición como esperando que pase algo.
¿Ustedes subrayan?, ¿hacen anotaciones?