Relatos Breves

Relatos Breves Relatos Fantásticos Solo productos del autor (biloba milenario)

15/02/2025

Cuando habla un presidente a su pueblo, no es lo mismo que una charla entre vecinos.
Su responsabilidad comunicativa es mucho mayor.
Pareciera que el presidente Milei, en reiteradas oportunidades, califica a los argentinos con un concepto simplista entre “gente de bien” y necesariamente, quienes no lo son, la “gente del mal”.
El bien es el valor otorgado a una acción de un individuo, es una inclinación natural para fomentar lo deseable, motivado por una comprensión del entorno, de las personas o de uno mismo (por ejemplo, a través de un profundo ejercicio de la empatía).
Pero, también, imagino, esa referencia de gente de bien podrían ser aquellos que adhieren a su proyecto y la “gente del mal” el resto de la población
El habla con su perro mu**to y recibe mensajes sesudos del mismo
Yo no hablo con los perros, menos con los que están mu**tos
Él es receptor de extrañas e increíbles “fuerzas del cielo”.
Yo siquiera he tenido jamás una revelación mística en mi vida, menos aún comunicaciones de verdades ocultas o secretas percibidas por medio de una entidad sobrenatural.
Es obvio, para mi que soy parte de la gente del mal…
Bertrand Russell dijo alguna vez que “los fascistas primero fascinan a los tontos. Luego amordazan a los inteligentes”.

Piloto KamikazeNietzsche dijo alguna vez que lo que llamamos actualmente “el mundo” es el resultado de multitud de error...
27/01/2025

Piloto Kamikaze

Nietzsche dijo alguna vez que lo que llamamos actualmente “el mundo” es el resultado de multitud de errores y fantasías que han nacido poco a poco en la evolución del conjunto de los seres organizados, se han entrelazado en esa creencia y nos llegan ahora por herencia como tesoro acumulado en todo el pasado, como un tesoro, sí, pues el valor de nuestra humanidad se funda en eso"
En el contexto de mi relato, esta noción se refleja en la forma en que los pilotos kamikazes percibían su misión: una mezcla de realidad, fantasía y legado cultural.
Siempre sentí fascinación por la leyenda histórica de los pilotos Kamikazes.
Comprender la mentalidad de los pilotos kamikazes requiere una inmersión profunda en las motivaciones psicológicas, culturales e ideológicas que llevaron a estos individuos a sacrificar sus vidas.
Durante mucho tiempo, consideré sus acciones como incomprensibles o irracionales, donde fue esencial explorar los diversos factores que influyeron en su proceso de toma de decisiones.
Al examinar diferentes perspectivas y profundizar en las complejidades de sus motivaciones, pude comprender mejor el funcionamiento interno de las mentes de estos pilotos.
A pesar del enfoque ritualista, mi relato pretende humanizar a Haruto al mostrar su vulnerabilidad y sus emociones personales, como el recuerdo de su prometida y su familia. Este aspecto resalta el conflicto interno entre el deber y los deseos personales, haciendo que su sacrificio sea aún más trágico.
El valor a la vida es un concepto individual y personal, es acorde a la formación que ha dado la sociedad a cada individuo, está con relación a los sentimientos, emociones, espiritualidad de cada sujeto, y es por ello por lo que se hace necesario llegar a lo profundo de cada ser humano para comprender su dimensión.
A veces, se pone en disputa la libertad y la vida y allí hay algunos indicios históricos que acercan la idea de que la libertad, es tal vez, para muchos, más importante que la vida.
Tal vez, para alguno de ellos, renunciar a la misión, implicaba inexorablemente, la perdida total de su libertad, no solo física, si emocional y psicológica.
Muchas personas han puesto por delante su libertad, incluso antes que la propia vida.
La autoinmolación del vendedor ambulante Mohamed Bouazizi en el Túnez de 2010, es un ejemplo contemporáneo.
Después de que la policía les confiscara sus mercancías al no tener los permisos de venta –que no eran necesarios en ese momento–, puso por delante la libertad y “entregó” su vida, provocando así la Primavera Árabe y la Revolución Tunecina.
¿Sería este el caso de algunos Kamikazes?
El ritual
Haruto Takumi comenzó a prepararse para su vuelo final.
Mantenía en sus manos algo temblorosas, la bandera de Japón con inscripciones rituales, que momentos antes le fuera entregada por sus camaradas pilotos que, por ahora, permanecían en el suelo, como espectadores.
Camino unos pasos al baqueteado Zero que inmóvil, esperaba como resignado, que su piloto diera vida por última vez a su motor Nakajima radial.
Se detuvo brevemente y, apoyando sus brazos por delante de la raíz del borde de ataque alar, comenzó a recitar un “jisei no ku”, el poema de despedida que tradicionalmente declamaban los samuráis antes de cometer su suicidio ritual o seppuku.
Luego, ágilmente, se trepo a la carlinga estrecha, sentándose con su rostro al sol.
Sacó de su bolsillo de vuelo el hachimaki, la cinta con el dibujo del Sol naciente, símbolo imperial, se ciñó el senninbari, la "cinta de mil puntadas", esa faja tejida por mil mujeres, cada una de las cuales había realizado una puntada, mientras en su boca perduraba el dulce y fuerte sabor del sake recién bebido.
Finalmente, su mano fue a la tsuka de la katana, que ceremoniosamente lo acompañaba en su vuelo final y luego, pausadamente, conecto los magnetos y oprimió el arranque, dando energía al motor, en un trepidar de explosiones envueltos en humo azul de aceite.
Su nombre, Haruto, tenía un significado sugerente, pues podía traducirse como "volar con el sol" o "resplandor del sol"
Empujo suavemente la palanca de gases y dócilmente el motor Nakajima Sakae apuro el giro de la hélice, echando a rodar el avión, mientras el piloto líder hacia el tradicional saludo militar a sus puntos, indicando que la hora de partir había llegado.
La travesía
Los otros dos A6M se encolumnaron detrás del líder, sin importar demasiado la rigurosidad de una formación.
Esta vez, no importaría demasiado las tácticas de combate aire-aire, incluso, si apareciera algún Hellcat en el horizonte, procurarían no presentar batalla, pues su único y primordial objetivo, estaba en el mar, donde, navegando frente a Iwo Jima en máxima alerta, USS Enterprise Sea (CVE-95) se mostraba confiado en la supremacía de sus aviones y en la mortal eficacia de sus antiaéreas.
La formación de tres aviones había ascendido fatigosamente hasta los 30 mil pies, con esfuerzo y a pleno régimen, el variometro nunca llegaba a indicar los esperados 15,7 m/s (3091 ft/min), penalizado el ascenso por bomba fija de 250 kg utilizada para los ataques kamikaze.
En la obligada y circunstancial calma de la navegación, Haruto advirtió que tras de sí, el v***r de agua de los escapes formaba una tenue pero notable estela, rápidamente, indico con un gesto un apresurado descenso para evitar la delatora estela en un cielo increíblemente diáfano y azul.
Nivelados ahora a 20 mil pies, tuvo que corregir el hábito inconsciente del control de combustible. Ahora era, por cierto, totalmente innecesario. Consumirían el combustible hasta el final, pudiendo recorrer unas 1600 millas náuticas, unos 3.000 km, antes que el motor se detuviese, pero antes de que ello ocurriese, su esperanza era encontrar al gran navío enemigo.
Podía por algún breve tiempo, a partir de este momento, entregarse a los recuerdos, a sus amores, a los hechos de la cotidianidad de su vida, tan poco importantes en aquellos momentos y tan agigantados ahora en su mente.
Inmerso en la paz de reconocer la inevitabilidad de su muerte, una extraña calma lo envuelve, mientras el viento divino, Kamikaze, los empuja más y más a su destino.
Pero ahora, el gran viento no hundirá, como antes sucediera en el siglo XIII, a la flota invasora mongola, salvando a los japoneses de un probable combate desbastador.
Por el contrario, el viento divino los lleva al sacrificio dejando solo la esperanza, que esto revierta las condiciones desesperantes de Japón.
Pero ahora, súbitamente, la imagen que le viene a su mente no es una cara gritando oscurecida por gafas lanzándose a una zambullida mortal.
Tampoco solo un avión de combate chocando con un buque de guerra entre la algarabía de rostros anónimos vivando al héroe que salva a la Patria.
Es, probablemente más un adolescente llorando en el búnker estrecho de la carlinga, con sus cristales que lo envuelven como sábanas tapando hasta la cabeza.
Entrecierra los ojos, solo lo suficiente para evitar el luminoso resplandor del sol, y entonces su vista se posa sobre la foto ajada de Hana, temblando sobre el tablero al ritmo de la vibración del motor, apenas sujeta por un clip, acompañando a su joven prometido a la muerte, pues bien sabe Hana, que la vida sin el es una vida sin sentido.
Ella también morirá de tristeza.
Haruto a dejado algunas cartas antes de partir. A su madre, pidiéndole una vida larga y vital, confesando luego «Yo realmente entiendo cómo se siente, querida madre, pero los tiempos en que vivimos y la educación que he recibido no me permiten cumplir sus deseos. Por favor, por favor, perdóneme por la gran impiedad de morir antes de que a usted le haya llegado su hora».
También a Hana, “No espero volver vivo a donde estes, pequeña Hana, bien puedo permitirme ser en esta situación, absolutamente sincero”:
«Me encuentro perdido en medio de una multitud enloquecida, por lo que debo vivir ahora en un estado de completa sinceridad. Ésa debe ser mi meta».
«Para ser honesto, no puedo decir que mi deseo de morir por el emperador proceda de mi corazón. Pero han decidido por mí que debo morir por él y así será»
“Yo solo se, que tal sacrificio lo haría solo por ti, y cuando llegue ese momento, deberás saber que no me he ido, aunque no puedas tocarme, pues igual al amor que tampoco se toca y solo puede sentirse, estaré por siempre en tu sonrisa”
Abre nuevamente sus ojos, gira levemente su cabeza y ve a ambos lados a sus puntos, en una formación abierta y dispersa. Indica con su brazo que procedan a cerrar la formación.
Ambos aviones alabean en dirección al líder, colocándose a una distancia de formación de combate. Puede ver Haruto ahora los rostros de ambos camaradas. Jóvenes, valientes y decididos como él. Cierra su puño en alto, luego, pausadamente, extiende su mano derecha, tocando con la punta de sus dedos, la sien derecha, saludo que inmediatamente y en forma marcial, respondes ambos pilotos.
El ataque final
De repente, primero más como una ilusión que como algo real, descubren a unas veinte o treinta millas, en la monotonía del paisaje que se quiebra en algunas líneas apenas divisadas y que insinúan ser navíos. La excitación del descubrimiento es ratificada por los desbordantes gestos de su numeral derecho y luego, casi simultáneamente por el otro piloto. No hay dudas. Se trata de una gran formación enemiga y de acuerdo con lo que ahora pueden ver, es un grupo de combate, el Carrier Strike Group (CSG).
Saben que un portaaviones nunca navega solo. Esta acompañado, rodeándolo, protegiéndolo, por cinco o seis unidades entre cruceros y destructores.
Pero ahora, la imagen no deja duda. Es un “grande” y la excitación inicial da paso a una inenarrable angustia. La hora final, es inminente. Sus manos tiemblan transpiran, tambien su frente, mojando el hachimaki, que parece llorar su inevitable fin.
Entonces viene a su cabeza fragmentos del codigo Bushido…” Alzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un guerrero debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.”
Es un balsamo y consuelo frente a su alma aterrada y triste…y luego lo recuerda:
“Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya. Cuidado con el camino que sigues”
Ahora, la formación entra en un picado pronunciado, Haruto da la orden que cada cual proceda de la mejor manera que se considera. No hay razón de autoprotección, ni otra táctica mas que no ser alcanzado antes de impactar en el gran portaaviones.
Los objetos aumentan rápidamente de tamaño, y con ello, la mayor nitidez de las imágenes ve a los artilleros en sus frenéticos disparos para evitar que lleguen a cubierta. Ve por su visión marginal lateral, como el avión de Rei de desgaja en vuelo en medio de una bola naranja de fuego. Incluso percibe el impacto de los proyectiles en su avión, cada golpe, parece detener y suspender por breves instantes su veloz picado. Pero, sabe, que el impacto ya es inevitable. Cierra sus ojos y entonces, finalmente, se dispone a entrar en el reino de la muerte.

30/10/2024
22/09/2023

Abuelo!!..
Si.-
Cuando sea grande voy a ser astronauta....
Que bueno!! Y seguro volaras al espacio, no?
Si...quiero ir al sol..
Ahhh pero debes saber que cerca del sol hace muchísimo calor..
Tanto que nunca podras acercarte demasiado...
Obvio abuelo!!! Por eso yo iré de noche!!

16/02/2023

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La Calera
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