01/09/2026
¿Te pasa que sabés que no tenés hambre de verdad, pero igual sentís que necesitás comer algo?
A veces no es hambre fisiológica. Puede ser hábito, cansancio, aburrimiento, estrés o simplemente esa costumbre de buscar algo rico a determinada hora.
Antes de pensar en una pastilla o un suplemento, vale la pena mirar qué está pasando durante el resto del día: cómo comemos, cuánto picoteamos, si nuestras comidas realmente nos sacian, cómo dormimos y en qué momentos aparecen esas ganas de comer.
No se trata de tener más fuerza de voluntad. Se trata de entender qué está disparando ese impulso y empezar a cambiar hábitos.
¿Te pasa? Contame.
Silvia Rodríguez
Bioquímica y Farmacéutica
Buena información, mejores decisiones en salud.