04/09/2026
¿Qué veían los dictadores cuando se sentaban frente a una pantalla?
El antropólogo y poeta Yanko González Cangas, también autor de Los más ordenaditos: fascismo y juventud en la dictadura de Pinochet (Hueders, 2019), intentó resolver esa pregunta en Chile, Italia, Alemania, España, Rumania y Corea del Norte por casi diez años.
Les damos un adelanto:
Mussolini corrige obsesivamente sus gestos en los noticiarios que lo glorifican. Hi**er ve a Stalin en un documental y decide firmar un pacto de no agresión con la Unión Soviética. Franco se convierte en un pionero del cine amateur y filma compulsivamente sus jornadas de caza y pesca. Ceaușescu prohíbe las cintas policiacas de Hollywood, mientras se deleita viendo cada noche la serie Kojak. Kim Jong-il llega al poder y encarga un largometraje histórico de 100 partes, el más extenso jamás filmado, mientras que Augusto Pinochet, cuya relación con el cine atraviesa todo este volumen, mandó a construir una sala de proyección en el subterráneo de La Moneda y se deleitaba viendo comedias eróticas, varias de las cuales serían censuradas por el Consejo de Calificación Cinematográfica.
📔 Con esto, compartimos parte del trabajo documental de Cinema Pinochet. Los dictadores como espectadores, un libro perturbador que convierte la historia del cine en una historia política de la mirada autoritaria.
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