31/07/2026
Lo que un artista crea no termina en la obra... empieza ahí….
Toda creación nace de una vivencia, de una forma única de mirar el mundo. Pero cuando esa obra se comparte, deja de pertenecer solo a quien la hizo.
Se abre. Se transforma. Se vuelve posibilidad.
Porque cada persona que la observa no
“recibe” la obra... la interpreta desde su propia historia, sus emociones, su momento vital.
Y ahí ocurre algo poderoso: lo que alguna vez fue la expresión de otro puede convertirse en un espejo propio.
En ese encuentro entre obra y observador, aparece algo profundamente humano: la capacidad de resignificar.
Si nos damos el permiso de mirar con libertad —sin buscar “lo correcto”, sin intentar entender qué quiso decir el artista— la experiencia puede ser incluso sanadora.
Reel de Laura De Juliis- Coaching & creatividad