06/07/2026
La mayoría de personas cree que "artesanía colombiana" significa ese tipo de cosas que venden en los aeropuertos; bolsos de colores, muñecos de trapo, imanes para nevera. Y con esa imagen en la cabeza, jamás la consideran como una opción real para decorar su casa.
Eso les cuesta más de lo que creen.
No en plata, sino en años llenando espacios con cosas que no dicen nada. Cuadros comprados porque "llenaban la pared". Figuras decorativas de tienda de cadena que podrían estar en cualquier apartamento de cualquier ciudad del mundo. Espacios bonitos, sí. Pero sin carácter. Sin historia. Sin nada que valga la pena contar.
La realidad es otra.
Una máscara tallada a mano por un artesano indígena del Amazonas, no es artesanía en el sentido que la mayoría imagina. Es un objeto que tardó semanas en existir, que no tiene molde, que no tiene gemelo idéntico en ningún otro lugar del planeta, y que carga una técnica que lleva generaciones en esa comunidad. Eso no lo fabrica ninguna planta industrial. Eso no se consigue en ningún centro comercial.
Tiene un valor real y se nota cuando lo tienes frente a ti.
Camilo vive en El Poblado, en Medellín. Decorador de interiores por formación, escéptico por naturaleza. Cuando vio por primera vez esta artesanía en el catálogo de Almasar, su reacción fue "a ver qué tan buena es en persona." La pidió. Llegó en cinco días. La puso en el estante principal de su sala, entre libros de arquitectura y una lámpara de diseño que le costó tres veces más.
Hoy dice que lo primero que todo el mundo pregunta cuando entra a su apartamento es: "¿eso de dónde es?"
No la lámpara. La artesanía.
Las piezas disponibles están en nuestro catálogo. Cada una tiene nombre de artesano y comunidad de origen, porque eso es parte de lo que estás comprando.
Almasar Artesanía Indígena.