18/06/2019
Una de las cartas más estremecedoras es la que firma Adela, tachada de mujer “infantil”, tanto que hasta la matriz, decía el ginecólogo, padecía de “infantilismo”. Pues no le impidió casarse, con 19 años, ni tener cinco hijos. Después del segundo parto, un dolor en la zona ovárica le arrancaba gritos que el marido combatía con morfina hasta que suspendió las dosis y la acusó de derrochar en compras y de tener relaciones con un individuo, algo a lo que ella achacó siempre el encierro que decretó el esposo. A él le ruega en sus cartas que le visite con los niños. “Te prometo no hablarte para nada de irme. Escríbeme y dime de nuestros hijos. ¿Quién cuida de Rafaelín?, ¿quién hace las trenzas a mis niñas?, ¿y el brazo de Pepín?, ¿estudia Antoñito? Los tengo clavados en mi alma a los cinco y a ti. […] Anúlame de tu vida pero, ¡por dios! Déjame al lado de mis hijos”. Rafaelín solo contaba tres meses y su madre tenía “los pechos llenos de leche” que no podía sacar y una “enorme colitis con dolores horribles”. “Tú sabes dónde me has enviado? ¿tú tienes idea siquiera de lo que es un manicomio?”, le reprochaba al marido.
Un grupo de psiquiatras reúne en un libro las misivas conservadas en el archivo de la Casa de Dementes de Santa Isabel de Leganés