22/08/2018
Orgullosamente Cucuteña !
-¿Eres de Cúcuta?
-Sí soy de Cúcuta
-Uy, ¿qué pajó’ mano?
-Nosotros no decimos mano, decimos toche
-¿Es verdad que Cúcuta es un peladero?
-...
-Eso es Venezuela, en todo caso
-No, Cúcuta es Colombia
Ya no sé cuantas veces he tenido la misma conversación, ni cuantas veces me han preguntado si sí vale la pena conocer Cúcuta. Siempre ha existido algún odioso en mis oficinas que pregunta que si allá solo vivimos de la gasolina en pimpina y que asegura -desde el total desconocimiento- que nos merecemos el destino nefasto de una economía que se fue en picada por la crisis venezolana. Es una lástima que la gente no sepa que Cúcuta son atardeceres imponentes con una brisa que te golpea en la cara, que amanece oliendo a tierra mojada porque es una de las ciudades más arborizadas de Colombia. La gente no sabe que mi tierra baila bambuco y que canta, con el alma, Las Brisas del Pamplonita. Cúcuta es caliente, sí, pero no solo por el sol inclemente y los 35 grados que llenan los días sino porque le arde su gente, porque está repleta de sonrisas cálidas, porque se saluda de abrazo, porque el carácter se le impregnó a todos, no por bravos sino por enfáticos -“yo no te estoy gritando, yo hablo así”-.
Cúcuta no es Colombia, dicen muchos. Bueno, deberían todos saber que en Cúcuta -en la Villa del Rosario de Cúcuta para ser más exactos- se escribió la primera Constitución de este país y que esa fue la tierra que parió a Francisco de Paula Santander -sí, ese que dijo la frase célebre de “las armas os darán la independencia, las leyes os darán la libertad”, para que no les quede duda de que también tiene cabezas que le han aportado a este país-. También tuvimos presidente, por si las moscas -Virgilio Barco-.
Es triste que la gente no sepa que Cúcuta sabe a pastel de garbanzo, a mute, a turmada, a cabrito, a hallaca, a pan de jamón, a roscón, a mojicón, a tardes de café de Salazar de las Palmas, a Hipinto fría, a cortado, a dulce de higos, a quesillo, y a otro montón de fusiones gastronómicas de los italianos, los alemanes y los árabes que por generaciones poblaron esa tierra.
Los que preguntan si somos un peladero no saben que hemos dado músicos, escritores, investigadores, científicos, periodistas, actores, médicos, profesores y un sin fin de profesionales de talla mundial, que hoy están en las instancias más altas trabajando no solo por nuestra tierra sino por el desarrollo de cientos de naciones en general -y no es exageración, yo he leído sobre los talentos fugados de mi tierra-.
A mí no me da pena Cúcuta, a mí no me da pena decir que soy de allá y defiendo con ahínco que no nos merecemos el destino que tenemos porque sí hay industria, porque sí hay ganas, pero también hay olvido -por años- y eso ha hecho mucho daño, y por supuesto, corrupción. Porque Cúcuta no se fue a pique por ser Cúcuta sino porque esas son las dinámicas naturales de una frontera. Porque a diferencia de los del interior, nosotros sí dimos la mano, siempre. Para nosotros fue lo mismo un lado del puente o el otro.
..¿y entonces Cúcuta es un peladero? No, Cúcuta es mi casa, Cúcuta es de donde vengo yo.
Escrito por la periodista cucuteña Monica María Parada Llanes