20/01/2026
Podría hacerse un guiño a “año nuevo, vida nueva”, pero, a pesar de ello, hay cosas que siguen estando presentes, como los clásicos universales, porque continúan teniendo lugar en nuestro día a día: en la cotidianidad, en la búsqueda, en las preguntas y en los sentires.
Frankenstein, de Mary Shelley.
Un científico, Víctor Frankenstein, crea una criatura a partir de materia mu**ta. Asustado por su monstruosa apariencia, la deja a la deriva. La novela se convierte en una persecución entre el científico y su creación.
Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski.
Un estudiante pobre asesina a una anciana usurera para mejorar su vida y la de los demás, lo que lo lleva a sentir culpa y remordimiento. El sufrimiento, la búsqueda de la fe y la redención son conceptos centrales en esta novela rusa con tintes psicológicos.
Mujercitas, de Louisa May Alcott.
Narra la vida de cuatro hermanas durante la Guerra Civil estadounidense y su tránsito de la niñez a la adultez, donde se enfrentan a desafíos económicos y morales. Es una crítica a la imposición de los roles de género de la época.
La metamorfosis, de Franz Kafka.
Un joven se despierta un día convertido en insecto. La historia sigue las consecuencias de su transformación, siendo una crítica social a la crisis del individuo en la sociedad moderna.
1984, de George Orwell.
Un régimen totalitario controla cada aspecto de la vida privada y pública de su comunidad. El protagonista comienza a dudar del sistema y a buscar una forma de rebelión.
Orgullo y prejuicio, de Jane Austen.
En el contexto de la sociedad inglesa del siglo XIX, donde el matrimonio era crucial para las mujeres, Austen critica con ironía, a través de sus protagonistas, las presiones sociales y los matrimonios por conveniencia.
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