07/02/2025
ARTESANA
Los niños siempre preguntan cómo se inician los escritores, o qué nos inspira cuando escribimos, o cómo hicimos para escribir el libro. Otros terminan confesando que también escriben o pintan algunas cosas.
Entonces les hablo del placer, de la pasión y de la belleza, pero también del hábito y la disciplina.
El hábito de la lectura es el que nos engancha en la inconciencia de la repetición, les digo. El placer, que es una emoción muy fuerte y explosiva, nos arrastra a la búsqueda del sueño. Los neurocientíficos hablan en estos casos de dopamina, que es el neurotransmisor de la recompensa y la repetición. Por ejemplo, se lee poesía porque en ella hay algo de misterio en los versos, que logran despertarnos las emociones del alma.
La pasión les digo mirándolos a los ojos, es una inclinación, o una preferencia ciega por los libros, una corriente del océano que nos arrastra a las profundidades de un partido de fútbol o al hecho de terminar a las tres de la mañana un libro apasionante.
La belleza tiene relación con la sensibilidad especial nuestra y se aprende en el disciplinar de la mirada; entonces luchamos por identificarla y ser tocados por lo bello en lo que leemos, o hacemos, o pensamos; y se alcanza después de cierto tiempo. Es el entrenamiento del ojo y del alma. Sucely, una vieja amiga, me preguntó cierto día si los tomasinos teníamos una concepción estética de sí mismos y del territorio. En aquella ocasión dudé en darle una respuesta certera, porque divagué.
Bueno, la disciplina es prima hermana de la voluntad y es la lucha por alcanzar los objetivos propuestos. Te levantas tempranos si hay que levantarse temprano para hacer lo que haya que hacer. No existen las excusas para no hacerlo.
Finalmente les comparto a todos los niños la idea de alcanzar una estrella con todos estos elementos, que están contenidos en los cuerpos de los escritores, los jugadores y los tenistas estrellas, etc.
Así es como funciona lo bueno en el hombre.