21/06/2026
El mujeriego
Aunque muchos idiotas y pendejos paisanos míos no crean y aseguren que es pura mamadera de gallo o mentira mía, van a tener que creer o se lo digo a uribe.(el boquineto que vende mondongo por las calles de Varela por las madrugadas).
Es la historia de un paisano nacido en vereda Varela, fanfarrón, hablador de paja, paisano del poeta, escritor y folclorista de la zona bananera, Anibal Redondo Orellano; compañero de andanzas y trabajo en fincas bananeras, que cuando se tomaba sus guaros soltaba la lengua a hablar y decir de las mujeres lo que con ellas hacía, vainas que solo él se las creía.
Estar soltero a mis 55 años, no me niega ni impide el empuje con que sin tanto cuento consigo mujeres por toda parte; las vacilo, desmigajo y saboreo como quiero. Viendo que sus amigos ya no le comían el cuento ni paraban bolas, le tiró los perros a una vecinita habilidosa que en verdad estaba buena por todos lados, quien le contestó:
Claro que a mis 54 años estoy señorita y libre de compromisos, si quieres, ahora mismo podemos cuadrar el chico para que veas que me has caído bién; si aceptas unas condiciones que pone mi papá a todo el que viene con ganas de quebrarme el cochorní o romperme el coco, podemos enganchar el remolque ahora mismo.
Emocionado el fanfarrón contestó vamos pa esa: Dale celular, casa, moto, ropa, lujos y cajeta que ella fue bien criada y aguanta más que un tablón de canto; hazle poner Brakes y arreglar la dentadura para que se vea más hermosa, recomendó el viejo.
Después de dos meses visitándole en la casa le dijo: Amor, hoy cumplimos dos meses de amores, yo te he cumplido con las exigencias del viejo, pero tu solo me has dejado agarrar tu mano; me has negado el toque toque; te has vuelto puro tilín tilín y nada de paleta, por tal motivo, si no me das vía libre para mandar la mano al swich; agarrar la panela para el guarapo o el limón para la sopa, me devuelves las vainas que te dí y como Antonio, s**o la mano y me voy para otra parte.
Cálmate mi amor, para que veas como soy yo, ahora que no hay nadie en casa puedes meter la mano por debajo de la pollera y con el dedo tocar el chip suavemente mientras me besas.
Todo marchaba perfecto hasta que ella le dijo: saca la mano Antonio que mamá está en la cocina, te estas pasando de piña y ya me estas haciendo cosquilla con el anillo.
Cuando el man escuchó eso exclamó: anillo! será con el reloj pendeja.
Hasta ahí llegó el romance del hablador zonero, quien se emocionó tanto con el beso, que por un descuido se tragó los Brakes de la novia y ahora sin poder hacer nada, est{a en u c i donde tratan de salvarle la vida.