05/10/2026
A SAN FRANCISCO LE QUEDABAN POCAS FUERZAS. AUN ASÍ, RECORDÓ LOS DULCES DE UNA AMIGA. 🤍
En sus últimos días, Francisco de Asís pidió a sus hermanos que escribieran a Jacoba de Settesoli, una amiga de Roma.
Quería que supiera que estaba muy enfermo. También pidió aquellos dulces de almendra que ella solía prepararle.
Entre tantas despedidas, todavía recordaba su sabor.
El Espejo de perfección cuenta que, mientras buscaban a alguien que llevara la carta, llamaron a la puerta.
Era Jacoba. La carta aún no había salido.
Había viajado desde Roma y traía los ingredientes para preparar el dulce que Francisco había pedido.
Al verlo, lloró.
Después se puso a prepararlo. Un gesto conocido, lleno de cariño, junto al lecho de un amigo que se estaba apagando.
Francisco apenas pudo probarlo. Ya le faltaban las fuerzas.
Pero Jacoba estaba allí.
Esta escena nos acerca al hombre detrás del santo: alguien que había cuidado de tantos y que, al final de su vida, también necesitaba cuidados. Alguien que podía encontrar consuelo en una visita y en un sabor familiar.
Tal vez tú también recuerdas unas manos que cocinaban para ti. Una persona que sabía qué te gustaba y te guardaba un plato, aunque llegaras tarde.
Si todavía puedes sentarte a su mesa, hazlo.
Y si ahora esa persona necesita ayuda para comer, camina despacio o pasa sus días esperando compañía, recuerda cuánto amor recibiste en aquellos pequeños gestos.
Hoy puedes devolverle uno.
🙏 Señor, dame un corazón atento para cuidar a quienes me han cuidado. Que el cariño que siento se convierta en tiempo, presencia y ternura.
¿Quién te hacía sentir amado con algo tan sencillo como prepararte tu comida favorita? 🤍