05/08/2026
A mediados de mayo, el otrora patio interior sepulcral de nuestra casa se convirtió en un avispero de niños de varias edades que gritaban y jugaban hasta bien entrada la noche. Era difícil convencer a Nina de que cerrara los ojos y se durmiera cuando bajo su ventana niños de su edad saltaban, corrían, campaban libres y lanzaban la pelota como si fuera de día. Empecé a mirar más a menudo por la ventana, a espiarlos, a preguntarme qué familia o grupo de familias numerosas se habría mudado a alguno de los edificios de la manzana. Ese ruido, gritos y risas es muy poco habitual después de las 10 de la noche en Berlín, cuando por lo común los barrios se sumen en el más completo silencio. Como los niños se pasaban la mañana en el patio comprendí que no iban a la escuela. Estarán de visita, pensé, en algunos días se irán y todo volverá a la normalidad. Pero no se fueron, y a los grupos de niños a veces se sumaban parejas o grupos de adultos que charlaban o hablaban por teléfono en el patio que amplificaba el sonido y las conversaciones que no tardé en deducir que no eran en alemán. Tras más de 4 años desde la invasión de Rusia en Ucrania hemos aprendido a distinguir ese acento "no ruso" en la ciudad. Grupos de mujeres, niños y adolescentes, normalmente con el padre ausente, o el hermano mayor o el sobrino que se quedaron atrás. Una familia compuesta por una madre y dos hijos se mudaron un invierno de hace tres años al piso de arriba de la antigua librería. Cuando llegó la primavera, nuestro patio interior se llenó de macetas, plantas, flores y cajas de compost. La madre replicó el jardín de su casa en Mykhail-Lukasheve en nuestro patio urbano de Kreuzberg. Lo que antes era cemento es ahora una pequeña selva de enredaderas que trepan por el muro y plantas correderas que hay que tener cuidado de no pisar. Nina llega del colegio y sale por la puerta de atrás de la librería y arranca moras, fresas y tomates de las matas y esa pequeña cosecha se convierte en su merienda. Luego hace mil viajes con la regadera, llenándola de agua en nuestra cocina y dejándolo todo encharcado. (sigue abajo)