19/07/2026
Toda novela aspira a construir un mundo. Azabache y aquel verano eterno de la autoría de Marina Grisolía lo consigue desde la evocación de una memoria donde los afectos, los paisajes y los seres que los habitan adquieren la densidad de lo vivido. Su narrativa transita por el territorio de los recuerdos, de las pérdidas y de esos instantes que permanecen mucho después de que el tiempo parece haber seguido su curso.
En estas páginas, la historia encuentra su verdadera fuerza en la capacidad de convertir lo particular en una experiencia compartida. Los personajes no solo cuentan una vida; nos invitan a reconocer la nuestra en sus alegrías, sus silencios y sus incertidumbres. El caballo Azabache, presencia central del relato, deja de ser únicamente un personaje para convertirse en un símbolo de la lealtad, la libertad y la memoria que atraviesa toda la obra.
Las fotografías que acompañan esta edición nacen de esa misma voluntad de evocación, realizadas por la propia Marina Grisolía y un selecto grupo de artistas dominicanas que colaboran en este proyecto editorial. Estas imágenes no ilustran literalmente los episodios narrados ni pretenden sustituir el poder imaginativo de la palabra. Su función es otra: abrir pausas, sugerir atmósferas, ofrecer resonancias visuales que prolongan el universo emocional de la novela. Cada foto dialoga con el texto desde la independencia de su propio lenguaje y propone una nueva forma de aproximarse a la historia.
Paisajes, arquitecturas, mares, lagos, árboles, objetos y animales aparecen como fragmentos de una geografía afectiva donde el lector puede reconocer los ecos de la narración sin necesidad de encontrar correspondencias explícitas. La fotografía actúa, así como un segundo registro de la memoria, complementario al de la escritura: allí donde la palabra recuerda, la imagen contempla.
-Carlos Acero
¡Disponible en Mamey!