04/08/2026
HISTORIAS LIBRERAS (LIX)
Hoy di con un ex libris de un artista. Una edición de bolsillo de los ochenta, sin apenas valor si no fuera por el sello, su apellido estampado sobre el dibujo de una antigua prensa de imprenta.
¿De quién son los libros? Este ya no es de quien estampó el sello. Mejor lo hubiera marcado con un «Ex libris qui fuerunt…», libro que fue de…
Nunca le pongo mi nombre a los libros. He estado tentado de tener un ex libris propio. No lo tengo por pudor. Ya con el nombre del autor hay suficiente titularidad, su único «de los libros de» legítimo.
Hay un parroquiano fiel que le pone el sello de la librería a todos los libros que le surtimos, un tampón con nuestro nombre. Un día le digo, medio en broma, que es más probable que ese sello le sobreviva a él, y nos sobreviva a nosotros. Dentro de dos siglos, alguien encuentre uno de esos libros en un mercadillo, en una ciudad que ya no existirá como la conocemos, y sepa, por esa marca, que en una calle que se llamaba Pescadería hubo una librería con nombre de dios romano.
Él se ríe. Yo sigo sin ex libris. Prefiero que si algo queda de mí en un libro, sea solo el sello de la librería, y no el mío. Me conformo con que sepan que «de aquí salió».
Antonio G.