29/06/2025
¿Por qué me gusta ser comerciante?
Porque he conocido a Maria Dolores que compartió conmigo la ilusión que le hizo ganar el tercer premio en un concurso de relatos de la Escuela para Adultos.
Sé que en estos tiempos no es habitual leer textos un poco largos, pero quería compartir con todas vosotras el texto de María Dolores, que es un ejemplo de superación personal, tesón e ilusión. Espero que os guste.
MI PASO POR LA ESCUELA
Un día la profesora me dijo que tenía que escribir un relato. A mayoría de la gente ha decidido contar su vida, pero a mí no me entusiasme ese tema.
Nunca me ha gustado airear mi vida porque considero que no es atractiva, en todo caso la considero muy común. Lo que me ha pasado a mi le ha pasado al cincuenta por ciento de las mujeres que yo conozco. Por eso he decidido contar mi paso por la escuela porque a mí me pasó como a muchas mujeres.
Tuve que renunciar a ir a la escuela porque el hambre y el trabajo tenían prioridad.
Hoy la profesora nos ha vuelto a recordar lo del relato. Confieso que estaba muy negativa, no era mi mejor día. No me explico porqué me pasa siempre lo mismo.
Cuando estoy al límite de mis fuerzas aparece milagrosamente alguien que me hace dar un giro radical y vuelvo a coger fuerzas para hacer lo más adecuado. Hoy ha sido un día de esos que me sentía fatal. Era el último día de clase antes de Navidad. La profesora me ha recordado lo del relato y al ver mi negatividad me ha insistido de una manera muy especial; que lo haga, o al menos que lo intente. Esa forma que tiene de saber estar y conectar conmigo me ha hecho reflexionar y darme ese empujón que yo estaba necesitando.
Así pues, os voy a contar mi paso por la escuela.
Cuando empecé la escuela recuerdo que tenía 52 años y aun no sabía lo elemental. Por causas laborales me había quedado sin trabajo porque la empresa donde yo trabajaba se cerró.
Yo siempre había querido aprender, pero de pequeña mi padre no me dejaba, porque tenía que ayudar a mi madre y a mi padre, no consideraba que fuese necesario para mi ir a la escuela. Con 14 años me pusieron a trabajar y estuve en la misma empresa 35 años. Como he dicho al principio, me quedé sin trabajo y me apunté al paro. Como no me salía ninguna oferta me coloqué en una casa para hacer trabajos domésticos.
También a la vez, siempre he cuidado de mis hijos, mi marido y mi casa.
Cuando tenía más tiempo libre se me ocurrió intentar haber si podía aprender a leer, escribir y a hacer cuentas. Eso era mi meta. Se lo comenté a una amiga y ella me ayudó a llegar hasta esta escuela. El primer día lo recuerdo con mucho cariño, estaba muy nerviosa, pero me encontraba dispuesta a pasar el trago. Recuerdo que la seño me dio unas preguntas para contestar y yo no sabía ni las vocales.
Sin saber qué hacer con ello, cuando volvió la seño y me vio que estaba más colorada que un tomate me dijo: no te preocupes que no eres ni la primera ni la última, pero si vienes a clase verás como vas a aprender. Aquella profesora me dio mucha confianza y tranquilidad y en tres años hice grandes progresos. Por causas familiares he tenido que suspender las clases muchas veces, pero siempre que he podido he vuelto. A lo largo de todo este tiempo he conocido a muchos profesores que bien podría nombrarlos porque todos me han dejado una gran huella. De todos ellos guardo un recuerdo inolvidable en su forma de enseñar. Todos son unos grandes profesionales y sobre todo para enseñar a personas mayores. Pienso que tienen doble mérito yo por lo menos lo percibo en la clase que es muy difícil enseñar a adultos. Ellos consiguen que nos sintamos a gusto y cuando tenemos un bache del tipo que sea, pierden su tiempo para escucharnos y darnos una buena dosis de moral. En esta etapa de mi vida deseo más que nunca seguir en clase.
También he aprendido que este tiempo que me dedico me hace sentir mejor persona y noto que los demás lo perciben y se benefician. Y además muy lentamente me hace tener cierta autonomía para pensar y decidir. Por otra parte, tengo que reconocer que con la edad que tengo siento como si hubiera perdido el tren, pero yo misma me repongo y como hay medios para llegar al lugar que deseo, intento por el medio que tengo en este momento, llegar con todo el interés que puedo. También tengo que agradecer a mi familia que son comprensivos y respetuosos para que yo no falte a clase, porque les duele que no pude hacerlo en su momento, además siempre que les pido ayuda para resolver tareas de clase me la dan.
En esta nueva etapa de abuela, se me complica el asistir a clase, pero insisto y lucho contra viento y marea.
La escuela para mi es una puerta abierta a la esperanza, me da vida y me hace tener confianza y creer que es algo mágico. Últimamente lo tengo más complicado porque todos me necesitan y se piensan que yo lo tengo que solucionar todo y estar al servicio de ellos las veinticuatro horas al día.
Insisto que la escuela es el sueño de mi vida y me ha enseñado muchas cosas, pero sobre todo me ha enseñado a ser mejor persona y pensar un poco en mí.
A mi familia la quiero y lucho por ella, pero no estoy dispuesta a renunciar a esta oportunidad que me ofrece la vida, pero creo que si lo dejase los más perjudicados serían ellos y yo me convertiría en una persona insatisfecha.
Este curso ha sido el más difícil de todos para asistir a clase, pero también el más interesante para mí, es el que más fuerza me ha dado para seguir cada día. Esta forma de enseñar me estimula y me hace creer que puedo seguir adelante. Me siento feliz con lo que hago y pienso llegar a la meta que me comprometí, valerme por mí misma.
Para esto sé que tengo que trabajar mucho y sobre todo no distraerme en las horas de clase. Estos últimos años lo valoro eso mucho, cuando entro en la escuela procuro concentrarme y no distraerme con nada. Esta hora y media es sagrada para mí.
A lo largo de todo este tiempo he hecho mucho esfuerzo para conseguir concentrarme en clase y sacar más provecho de lo que me enseñan. También es mi tiempo y lo quiero aprovechar. Me doy cuenta de que a causa de la edad que tengo retengo poco y solo faltaba que la escuela me la tomase en broma.
Además, mi concepto de ella es que tiene que ser un lugar tranquilo y relajado. Para mí es un pulso personal para mantener y seguir aprendiendo lo que tanto me cuesta retener.
También a mis nietos les estoy dando un ejemplo de constancia y motivación y noté que a ellos les entran ganas de estudiar.