07/08/2026
La muerte lenta de nuestras empresas tradicionales
Llamo la muerte lenta al progresivo cierre de las empresas tradicionales que elaboran productos artesanales y gastronómicos vinculados a la identidad de una ciudad.
Estas empresas no solo fabrican productos; construyen historia, cultura y personalidad. Son las que dan un carácter propio a nuestros barrios y ciudades, diferenciándolos de cualquier otro lugar. Sin ellas, todas las ciudades acaban pareciéndose entre sí.
Precisamente esa autenticidad es la que buscan quienes nos visitan. Los turistas no viajan miles de kilómetros para encontrar las mismas tiendas y los mismos productos que pueden comprar en cualquier parte. Buscan ciudades vivas, con comercios locales, talleres artesanos y productos elaborados en el propio territorio. En definitiva, buscan una experiencia genuina.
Sin embargo, mantener vivas estas empresas es cada vez más difícil. El incremento de los costes de producción, de la mano de obra, de la energía, de los gastos administrativos y de la presión fiscal actúa como un goteo constante que va desgastando su viabilidad.
La fabricación artesanal nunca ha sido un negocio especialmente rentable. A diferencia de la simple compra-venta, producir implica asumir procesos complejos, inversiones, controles de calidad, personal cualificado y numerosos factores que incrementan los costes y reducen los márgenes.
Cada nueva carga económica es una gota más sobre una piedra ya debilitada. Poco a poco, muchas pequeñas y medianas empresas se ven atrapadas en una situación en la que llegar a fin de mes se convierte en un auténtico desafío. Mantener el equilibrio entre ingresos y gastos deja de ser una cuestión de buena gestión para convertirse en un ejercicio de supervivencia.
Y cuando una de estas empresas desaparece, no solo se pierde un negocio. Se pierde un oficio, un conocimiento transmitido durante generaciones, empleo de calidad y una parte de la identidad de la ciudad. Esa es la verdadera muerte lenta que estamos viviendo y cuyas consecuencias solo apreciaremos plenamente cuando ya sea demasiado tarde.