06/06/2026
Los fines de semana desaparezco.
Dejo atrás el taller, las clases, las conversaciones y el ruido de la semana. Mientras allí paso horas hablando, enseñando y compartiendo con mis alumnas, aquí todo es distinto.
Silencio.
Campo.
Desconexión.
Pero hay una cosa que no consigo dejar atrás: el barro.
Aunque esté lejos del taller, siempre acabo encontrando alguna forma de seguir experimentando, jugando y ensuciándome las manos.
Y como en Can Cigaleta no tengo un horno cerámico, me las ingenio con lo que hay.
Así que sí... estas piezas de raku están cocidas en un microondas.
Estoy aprendiendo a dominar la técnica y estas son de las primeras piezas que hago. Todavía estoy en esa fase de pruebas, errores, sorpresas y pequeños descubrimientos que tanto me gusta de la cerámica.
Aprender algo nuevo siempre tiene un punto de magia y lla verdad, no se me ocurre mejor lugar para hacerlo que aquí, en el campo, rodeada de silencio.