03/09/2026
Baldomera Larra, hija del famoso autor del Romanticismo, se casó con un médico de la Casa Real que un buen día decidió emigrar a América dejándola abandonada con dos hijos pequeños.
Sin apoyo económico, tuvo que recurrir a prestamistas para salir adelante, y eso probablemente le daría la idea de comenzar un negocio en el que ella era la que financiaba a los clientes y ofrecía rentabilidad a los inversores. Y así nació la Caja de Imposiciones, un negocio en apariencia redondo con el que ofrecía a los depositantes un jugoso beneficio del 30% mensual. Una auténtica barbaridad.
¿Cómo podía mantener esa rentabilidad tan extraordinaria? Muy sencillo: gracias al flujo constante de nuevos clientes cuyos depósitos servían para pagar a los anteriores, lo que hoy llamaríamos sin rodeos una estafa piramidal.
El negocio era insostenible y la quiebra llegó algunos meses más tarde cuando tuvo que hacer frente a unos grandes pagos y el número de nuevos clientes no dio para afrontarlos. La voz se corrió, las reclamaciones aumentaron, y Baldomera se vio obligada a huir a Francia.
La policía la localizó, España solicitó su extradición, y fue juzgada en 1879 y condenada a seis años de prisión. ¿Qué ocurrió tras salir de prisión? Algunos dijeron que marchó a Cuba, otros contaron que fue a Argentina, y otros que continuó viviendo en España. De ella nunca más se supo y tampoco se conoce cual era la fortuna que había conseguido esconder, aunque en su momento gestionaba varios millones de reales.
Lo que sí podemos afirmar es que Madrid fue protagonista, sin saberlo, de la primera estafa piramidal de la historia.
📕Texto incluido en el libro ‘Madrid en 300 historia s' de