13/11/2021
¡Hola lectores!
Permitidme hoy reflexionar sobre un tema que me resulta muy interesante, tema que ha sido abordado por la periodista Tania Costa en su texto de opinión del día 11, publicado en el diario El Faro con el título “Melilla, con horarios de la España vaciada”. En este artículo desarrolla una crítica al horario comercial de la ciudad, opinión que puede cristalizar en su frase: “Si usted no levanta la persiana, no vende”.
Pues bien, creo que no podía dejar escapar la oportunidad de invitaros a analizar un tema que nos afecta a todos, tanto a comerciantes y hosteleros como al propio consumidor.
En primer lugar, tengo que admitir que cuando comienzo a leer un texto, o estoy presente en una conversación, donde al inicio del planteamiento de un asunto se usan las cuatro palabras “sin ánimo de ofender”, no puedo evitar una sonrisa. En ese momento me preparo para que la persona que las ha usado rompa su promesa, pues suele ser la antesala de un resultado completamente opuesto a su afirmación. Pero admito que era difícil evitarlo, pues nos encontramos, en este tema, ante dos posturas enfrentadas: ampliar horarios comerciales para mejorar la actividad comercial o reducir horarios para trabajar valores como el descanso o la conciliación familiar.
En mi opinión, me quedo con su última observación, con la que finaliza el artículo: “Todo esto, señores, tiene que cambiar. No podemos normalizar lo que no es normal ni puede serlo. Al menos en el siglo XXI”
Eso sí, creo que desde una posición diametralmente opuesta a lo que la Sra Tania Costa defiende. Para mí, como comerciante, creo que algo tiene que cambiar, pero en la dirección completamente opuesta. No es necesario mantener los comercios abiertos hasta las 21:00 ni es necesario que la hostelería sufra sobremesas hasta la madrugada. No es necesario ocupar los siete días de la semana. No es necesario salir de un teatro o cine a las 23:30 en busca de una mesa en un restaurante.
Mi siglo XXI tiene cierres comerciales más amables con los profesionales, lo que permite un adelanto en los horarios de las cenas y un desarrollo del ocio cultural y nocturno más saludable. Y aquí defiendo al cliente pues, aunque le retire la posibilidad de comprar un artículo a las 20:55, lo estoy invitando a vivir a un ritmo que, para mí, sería más beneficioso que el actual.
Aunque puedo ser egoísta, lo admito, defendiendo que un cierre a horas anteriores a las 21:00 me permite disfrutar de mi familia y amigos con mayor comodidad. Porque es un error la afirmación que se plantea en ese artículo, donde la periodista señala que el horario laboral del profesional se limita al horario de atención al público. Son muchísimas horas las que el comerciante trabaja con la persiana bajada o en su casa delante del ordenador. Sería como afirmar que el hostelero solamente trabaja durante el servicio o que el maestro solo en el aula.
Por ello, la flexibilidad que la Sra Tania Costa pide, la giraría, cambiándole el sentido, y la pediría para el cliente de cualquier comercio o local de hostelería de la ciudad. Hay veces que el profesional se encuentra ante rutinas muy exigentes y es duro leer que nos apuntamos a todas las fiestas “con la mano estirada a la espera de ayudas públicas”. Es completamente injusto.
Es más, a vosotros no la pido porque siempre me la habéis demostrado. Día a día. Muchos de vosotros habéis esperado con paciencia la llegada de vuestro libro; confiáis en La Librería en vez de en Amazon y plataformas similares; nos saludamos cuando nos cruzamos en la calle mientras me comentáis: “Ahora voy para allá que necesito un libro”.
En conclusión, defiendo y defenderé que el trabajo eficaz es totalmente compatible con el descanso, la familia, los amigos, la cultura, el ocio, el deporte. Así entiendo la vida y querría que, como sociedad, caminemos hacia un escenario más sano.
Olvidémonos de la cultura de la inmediatez exacerbada, porque siempre ha sido más bello conceder que exigir.