06/05/2026
Resulta increíble lo rápido que olvidamos las tragedias que suceden en el mundo. No sé si es un mecanismo de defensa para evitar el sufrimiento o si, realmente, existen ciertos poderes fácticos que nos manipulan a través de los medios. Esta reflexión surge al observar cómo las multitudinarias manifestaciones por Palestina han dado paso a un silencio que hace parecer que el conflicto ya no importa.
Parece que se fomenta la crispación por encima del debate o la búsqueda de soluciones. Sin embargo, cuando una emoción se agota, es imposible permanecer en un estado de indignación constante; simplemente pasamos a otra cosa, perdiendo la oportunidad de reflexionar profundamente.
Por suerte, existen novelas como “Little Jump”, de la siempre maravillosa Mónica Rodriguez, editado por EDEBE
En esta obra asistimos al nacimiento del primer amor entre dos preadolescentes. Un hecho que sería cotidiano si no fuera porque los protagonistas viven en la frontera entre Israel y Palestina. Ella es israelí; él, palestino. Representan dos culturas enfrentadas con un conflicto bélico de trasfondo.
Lo más luminoso del libro es cómo el amor les permite reconocer la humanidad del «otro», comprenderlo y, sobre todo, imaginar alternativas. A través del arte, encuentran una vía para luchar por un futuro compartido.
Quizás el libro no ande desencaminado: tal vez sea mediante el perdón, el amor y la expresión artística como logremos hallar una salida a los conflictos.