María Valtorta _ Difusión Evangelio revelado

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24/09/2026

312 2/3 _*+¡Pero la mía!... Me verías reducido a un amasijo de carne llagada, cubierta de esputos, infamada, abandonada en manos de una muchedumbre rabiosa, dada a la muerte colgándola de una cruz, como un delincuente...*_ /-

https://youtu.be/SbCjfaxKjYo

-Juan tiene un primer barrunto de lo que le espera. Cambia de cara y de color: se pone serio y pálido, y su único ojo ahora mira fijamente, atento y escudriñador, al rostro de Jesús, que prosigue:

+¿Te acuerdas, Juan, cuando, para calmar tus dudas acerca del perdón de Dios te dije: "Para hacer que comprendas la Misericordia te emplearé en obras especiales de misericordia y para ti expondré las parábolas de la misericordia"?
-Sí. Y fue verdad. Me persuadiste y me has concedido exactamente hacer obras de misericordia, y diría que las más delicadas, como limosnas, como la instrucción de un niño, de un filisteo y de una griega. Esto me ha dicho que Dios había conocido tanto mi verdadero arrepentimiento -y lo había visto real-, que me confiaba almas inocentes o almas de personas en vías de conversión, para que los formase en El.

-Jesús abraza a Juan acercándoselo a su costado -es el gesto que hace habitualmente con el otro Juan- y palideciendo por el dolor que debe causar, dice:
+También ahora Dios te confía una tarea delicada y santa.
Una tarea de predilección.
Sólo tú, que eres generoso, que no tienes restricciones ni prevenciones, que eres sabio, que, sobre todo, te has ofrecido a todas las renuncias y penitencias para purgar aquel resto de expiación, aquella deuda que todavía tenías con Dios; sólo tú lo puedes hacer.
Cualquier otro no querría, y tendría razón, porque le faltarían los requisitos necesarios.
Ninguno de mis apóstoles posee todo lo que tú tienes para ir a preparar los caminos del Señor...
Bueno, y te llamas Juan.
Serás, por tanto, un precursor de mi Doctrina... prepararás los caminos a tu Maestro... es más, harás las veces de tu Maestro, que no puede ir tan lejos...

-Juan se sobresalta y trata de liberarse del brazo de Jesús para mirarle a la cara, pero no lo consigue, porque Jesús lo tiene estrechado dulce pero autoritariamente y ya su boca da el golpe final...
+...No puede ir tan lejos... hasta Siria... hasta Antioquía...
-¡Señor! -grita Juan liberándose violentamente del abrazo de Jesús
-¡Señor! ¿A Antioquía? ¡Dime que he entendido mal! ¡Dímelo, por piedad!...
-Está de pie... todo en él es súplica: su único ojo, su rostro, que se ha puesto cinéreo, sus labios trémulos, sus manos temblorosas extendidas hacia adelante, su cuerpo, que parece plegarse hacia el suelo como subyugado por la noticia.
Pero Jesús no puede decir: «Has entendido mal». Abre los brazos, levantándose a su vez para recibir en su corazón al anciano pedagogo, y abre los labios para confirmar:

+A Antioquía, sí.
A casa de Lázaro.
Con Síntica.
Partiréis mañana o pasado mañana.
-La desolación de Juan es verdaderamente lastimosa. Se libera del abrazo a mitad, y, frente a frente, bañadas en lágrimas sus flacas mejillas, grita:
-¡Ah, ya no me quieres a tu lado! ¿En qué te he contrariado, mi Señor? -y se separa y se deja caer en la mesa mientras rompe en sollozos desgarradores, lastimosos, intercalados con accesos ásperos de tos, insensible a las caricias de Jesús, susurrando: «Me alejas de ti, me alejas de ti, no te volveré a ver...
-Jesús sufre visiblemente, y ora... Luego sale quedamente. Ve en la puerta de la cocina a María con Margziam, que está asustado de ese llanto... Más allá está Síntica, también sorprendida.
+Madre, ven aquí un momento.
-María va, ligera y pálida. Entran juntos. María se inclina hacia el hombre que llora como si fuera un pobre niño, y dice:
-¡Cálmate, pobre hijo mío, cálmate! ¡No, esto no! Te perjudicará.

-Juan alza su cara desencajada y grita:
-¡Me despide!... Moriré solo, lejos... Podía esperar unos meses y dejarme morir aquí. ¿Por qué este castigo? ¿En qué he pecado? ¿Te he causado alguna vez molestias? ¿Por qué me has dado esta paz para luego... para luego…
-Se deja caer de nuevo encima de la mesa, llorando más fuerte, jadeando...
Jesús le pone la mano en sus flacos y convulsos hombros, mientras dice:
+¿Cómo puedes pensar que, si hubiera podido, no te habría tenido aquí?
¡Oh, Juan!
En el camino del Señor hay tremendas necesidades.
Y el primero que sufre por ello soy Yo.
Yo, que llevo mi dolor y el de todo el mundo.
Mírame, Juan.
Observa si mi rostro es el de una persona que te odia, que está cansada de ti...
Ven aquí, a mis brazos, siente cómo palpita de dolor mi corazón.
Compréndeme, Juan; no me entiendas mal.
Es la última expiación que Dios te impone, para abrirte las puertas del Cielo.
Escucha... -lo levanta y lo estrecha entre sus brazos
+Escucha... Mamá, sal un momento...
Ahora que estamos solos, escucha.
Tú sabes quién soy.
¿Crees firmemente que soy el Redentor?
-Claro que sí. Por ello quería estar contigo siempre, hasta la muerte...

+Hasta la muerte...
¡Horrenda será mi muerte!...
-La mía, digo. ¡La mía!...
+La tuya será tranquila, confortada por mi presencia, que te infundirá la certeza del amor de Dios; y por el amor de Síntica, además de por la alegría de haber preparado el triunfo del Evangelio en Antioquía.
¡Pero la mía!...
Me verías reducido a un amasijo de carne llagada, cubierta de esputos, infamada, abandonada en manos de una muchedumbre rabiosa, dada a la muerte colgándola de una cruz, como un delincuente...
¿Podrías soportar esto?
-Juan, que a cada descripción de cómo será Jesús en la Pasión ha respondido gimiendo: «¡No, no!», grita un «no» seco, y añade: Odiaría de nuevo a la Humanidad... Pero yo ya habré mu**to, porque Tú eres joven y...

+Y veré ya sólo una vez las Encenias.
-Juan lo mira fijamente, aterrorizado...
+Te lo he dicho en secreto para explicarte que una de las razones por las que te mando lejos es ésta.
No serás el único.
A todos aquellos que no quiero que sean turbados por encima de sus fuerzas los mandaré antes a otro lugar.
¿Esto te parece falta de amor?...
-No, mi mártir Dios... Pero yo te debo dejar... y moriré lejos.
+Por la Verdad que soy, te prometo que estaré inclinado hacia la almohada de tu agonía.
-¿Y cómo, si estaré muy lejos y me dices que Tú no vas tan lejos? Lo dices para que me vaya menos triste...

+Juana de Cusa, agonizando a los pies del Líbano, me vio, y Yo estaba muy lejos y no me conocía todavía.
Pues allí la devolví a la pobre vida de esta tierra.
¡Créeme que el día de mi muerte ella lamentará haber vivido!...
Sin embargo, para ti, alegría de mi corazón en este segundo año de Maestro, haré más.
Iré a conducirte a la paz, te daré la misión de decir a los que esperan: "La hora del Señor ha llegado. Así como ahora llega la primavera a la tierra, para nosotros llega la primavera del Paraíso".
+Pero, no iré sólo entonces...
Iré, me sentirás, siempre...
Lo puedo hacer y lo haré.
Tendrás al Maestro en ti como ni siquiera ahora me tienes.
Porque el Amor puede comunicarse a aquel a quien ama, y tan sensiblemente que puede tocar no solo el espíritu sino los mismos sentidos.
¿Más tranquilo ahora, Juan?
-Sí, mi Señor. ¡Pero qué dolor!

+De todas formas, ¿no te rebelas, no?
-¿Rebelarme? ¡Jamás! Te perdería del todo. Digo "mi" Padrenuestro: hágase tu voluntad.
+Sabía que me comprenderías...
-Lo besa en las mejillas surcadas por un continuo, aunque sereno, llanto.
-¿Me permites saludar al niño?... Este es otro dolor... Le que-... -El llanto vuelve, ahora más intenso...
+Sí.
Lo llamo enseguida...
Y también a Síntica, que también sufrirá...
Tú, siendo hombre, debes ayudarla...
-Sí, Señor.
-Jesús sale. Mientras, Juan llora, y besa y acaricia las paredes y los objetos de la pequeña habitación hospitalaria.
Entran juntos María y Margziam.
-¡Madre! ¿Has oído? ¿Lo sabías?
-Lo sabía, y me dolía... Pero yo también me he separado de Jesús... Y soy su Madre...
-¡Es verdad!... Margziam, ven aquí. ¿Sabes que me marcho y que no volveremos a vernos?...
-Quiere mostrarse fuerte. Pero... coge al niño en brazos, se sienta en el borde de la cama y llora abundantemente encima de la cabeza morena de Margziam, que, a su vez, bien se encarga de imitarlo.

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24/09/2026

Evangelio de hoy, 24 de septiembre de 2026, Jueves de la XXV semana del Tiempo ordinario:

Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los mu**tos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.

-A continuación, como se le ha sido revelado a María Valtorta:

348 1/5 _*-Lo decapitaron por orden mía y su cabeza la tiene Herodías en segura custodia. Y no puede ser uno de los profetas. No se vive de nuevo una vez mu**tos. Pero tampoco puede ser el Cristo. ¿Quién lo dice? ¿Quién dice que lo es? ¿Quién osa decirme que es el Rey de la única estirpe regia? ¡Yo soy el rey! ¡Yo! Y ningún otro. El Mesías fue matado por Herodes el Grande: fue ahogado, recién nacido, en un mar de sangre.*_ /-

https://youtu.be/TNzGcsxTKes?si=IxUDAc4iOqPHsvfi

Cuando ponen pie en la playita de Cafarnaúm, los recibe el griterío de los niños, que, tanto corren, veloces, chillando con sus vocecitas, desde la playa a las casas, que emulan a las golondrinas afanadas en la construcción de los nuevos nidos; alborozados con esa sencilla alegría de los niños, para los cuales es espectáculo maravilloso un pececito mu**to encontrado en la orilla, y mágico objeto una piedrecita pulida por las olas y que por su color asemeja a una piedra preciosa, o la flor descubierta entre dos piedras, o el escarabajo tornasolado capturado en vuelo: prodigios todos dignos de ser mostrados a las mamás, para que participen de la alegría de su hijito. Mas ahora estas golondrinitas humanas han visto a Jesús, y todos sus vuelos convergen hacia Él, que está para desembarcar en la playita.

Entonces se abate sobre Jesús una templada, viva avalancha de carnes niñas, y lo ciñe; una cadena suave de tiernas manitas, que lo ata; un amor de corazones infantiles, que, cual dulce fuego, le da calor.
-¡Yo! ¡Yo!
-¡Un beso!
-¡A mí!
-¡También yo!
-¡Jesús! ¡Te quiero!
-¡No te vuelvas a marchar por tanto tiempo!
-¡Venía todos los días aquí para ver si venías!
-¡Yo iba a tu casa!
-Ten esta flor. Era para mi mamá. Pero te la doy.
-Otro beso más para mí, muy fuerte. El de antes no me ha tocado, porque Yael me ha empujado para atrás...
-Y las vocecitas continúan mientras Jesús trata de caminar entre esa red de ternuras.
-¡Pero dejadlo un poco en paz! ¡Fuera! ¡Basta! -gritan discípulos y apóstoles tratando de aflojar el cerco. ¡Ya, ya!
¡Parecen lianas provistas de ventosas! Por esta parte las separan, por allá se pegan.

+¡Dejad!
¡Dejadlos!
Con paciencia llegaremos -dice Jesús sonriendo, y da pasos increíblemente pequeños para poder andar sin pisar piececitos descalzos. Pero lo que le libra del amoroso cerco es la improvisa llegada de Manahén con otros discípulos, entre los cuales los pastores que estaban en Judea.
-¡La paz a ti, Maestro! -dice con voz potente el solemne Manahén, espléndidamente vestido, aunque ya sin objetos de oro en la frente y en los dedos; eso sí, con una magnífica espada a la cintura que suscita la admiración llena de reverencia de los niños, los cuales, ante este magnífico caballero vestido de púrpura y con un arma tan estupenda en su cintura, se apartan atemorizados.
Y así Jesús puede abrazarlo, y abrazar a Elías, a Leví, a Matías; a José, a Juan, a Simeón, y no sé a cuántos otros más.
+¿Cómo es que estás aquí?
¿Y cómo has sabido que había arribado?
-Saberlo, se ha sabido por los gritos de los niños. Han traspasado los muros como flechas de alegría. Pero he venido aquí porque pensaba que está próximo tu viaje a Judea y que ciertamente tomarán parte en él las mujeres... He querido estar también yo... Para protegerte, Señor, si no es demasiada soberbia pensarlo. Hay mucha efervescencia en Israel contra ti. Esto es una cosa dolorosa de decir. Pero no la ignoras.

-Hablando así, llegan a la casa y entran en ella. Manahén continúa hablando después de que el jefe de casa y su mujer han saludado reverentemente al Maestro.
-Ya en estos momentos la efervescencia y el interés que suscitas ha penetrado por todas partes, agitando y llamando la atención incluso de los más insensibles y distraídos por cosas muy distintas de lo que Tú eres. Las noticias de tus obras han penetrado incluso dentro de las sucias murallas de Maqueronte y en los lujuriosos refugio de Herodes, bien sean éstos el palacio de Tiberíades, o los castillos de Herodías o la espléndida mansión de los Asmoneos cerca del Sixto. Franquean, como oleadas de luz y poder, las barreras de tinieblas y mezquindad. Abaten los cúmulos de pecados dispuestos como trinchera y refugio para los sucios amores de la Corte y los atroces delitos. Asaetean, como dardos de fuego, escribiendo palabras mucho más graves que las del banquete de Baltasar en las licenciosas paredes de las alcobas y de las salas del trono y de los banquetes. Gritan tu Nombre y tu poder, tu naturaleza y tu misión.

Y Herodes tiembla de miedo por ello; y Herodías se contuerce en los lechos, con miedo a que Tú seas el Rey vengador que habrá de arrebatarle riquezas e inmunidades, si no incluso la vida, y arrojarla a merced de las turbas, que vengarían sus muchos delitos. En la Corte tiemblan. Y es por ti. Tiemblan de miedo humano y sobrehumano. Desde que la cabeza de Juan cayó cortada, un fuego parece devorar las entrañas de quienes lo mataron. Ya no tienen siquiera su mísera paz de antes, paz de puercos hartos de comilonas, que encuentran el silencio a las acusaciones de la conciencia en la ebriedad y en la cópula. Ya no hay nada que les dé paz... Están perseguidos... Y después de cada una de las horas de amor se odian, hartos el uno de la otra, culpándose recíprocamente de haber cometido el delito que turba, que ha sobrepasado la medida; mientras que Salomé, como poseída por un demonio, vive zarandeada por un erotismo que degradaría a una esclava de las moliendas. El Palacio es más hediondo que un albañal.

Herodes me ha preguntado varias veces acerca de ti. Siempre he respondido: "Para mí es el Mesías, el Rey de Israel de la única estirpe real, la de David. Es el Hijo del hombre a que se refieren los Profetas, es el Verbo de Dios, Aquel que, por ser el Cristo, el Ungido de Dios, tiene derecho a reinar sobre todos los vivientes". Y Herodes palidece de miedo sintiéndote el Vengador. Y rechaza el miedo, el grito de la conciencia desmembrada por el remordimiento, diciendo -porque los de la Corte para confortarlo dicen que Tú eres Juan falsamente considerado mu**to, y con ello le hacen deprimirse más que nunca, de horror; o Elías, o algún otro profeta del pasado-, diciendo: "¡No, no puede ser Juan!
Lo decapitaron por orden mía y su cabeza la tiene Herodías en segura custodia. Y no puede ser uno de los profetas. No se vive de nuevo una vez mu**tos. Pero tampoco puede ser el Cristo. ¿Quién lo dice? ¿Quién dice que lo es? ¿Quién osa decirme que es el Rey de la única estirpe regia? ¡Yo soy el rey! ¡Yo! Y ningún otro. El Mesías fue matado por Herodes el Grande: fue ahogado, recién nacido, en un mar de sangre. Fue degollado como un corderito... y tenía pocos meses... ¿Oyes cómo llora? Su balido me grita continuamente dentro de la cabeza, junto con el rugido de Juan: “No te es lícito”... ¿No me es lícito? Sí. Todo me es lícito, porque yo soy “el rey”. Aquí vino y mujeres, si Herodías rechaza mis abrazos amorosos, y que dance Salomé para despertar mis apetitos aterrorizados por esas cosas pavorosas que dices". Y se emborracha entre las mimas de la Corte, mientras en sus habitaciones grita la desquiciada mujer sus blasfemias contra el Mártir, y sus amenazas contra ti; y, en las suyas, Salomé conoce lo que es el haber nacido del pecado de dos lujuriosos y el haber sido cómplice de un delito conseguido con el abandono del propio cuerpo a los frenesíes lúbricos de un hombre inmundo.
Pero luego Herodes vuelve en sí y quiere saber de ti, y querría verte. Y por este motivo favorece el que yo venga a ti, con la esperanza de que te lleve a su presencia; cosa que no haré nunca, para no llevar tu santidad a un antro de fieras inmundas. Y querría tenerte Herodías para agredirte; y lo grita con su estilete en las manos... Y querría tenerte Salomé, que te vio en Tiberíades sin que Tú lo supieras, el pasado Etanim, en su insania por ti...
¡Éste es el Palacio, Maestro! Pero yo permanezco en él, porque así vigilo las intenciones respecto a ti.

+Yo te lo agradezco y el Altísimo te bendice por ello.
También esto es servir al Eterno en sus decretos.
-Lo he pensado. Y por este motivo he venido.
+Manahén, dado que has venido, te ruego una cosa.
No bajes a Jerusalén conmigo, sino con las mujeres.
Yo voy con éstos por camino ignoto; no podrán hacerme ningún mal.
Pero ellas son mujeres indefensas, y el que las acompaña es de corazón manso y está enseñado a ofrecer la mejilla a quien ya lo ha golpeado.
Tu presencia será segura protección.
Un sacrificio, lo comprendo.
Pero estaremos juntos en Judea.
No me niegues esto, amigo.
-Señor, todo deseo tuyo es ley para tu siervo. Estoy al servicio de tu Madre y de las condiscípulas, desde este momento hasta cuando quieras.

+Gracias.
Esta obediencia tuya también será escrita en el Cielo.

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23/09/2026

312 1/3 _*+Me alegro mucho de que hayas encontrado todo esto en Síntica. Será una buena compañera tuya para el resto de la vida y juntos haréis mucho bien. Porque os voy a asociar...*_ /-

https://youtu.be/SbCjfaxKjYo

-Es una lluviosa mañana de invierno.
Jesús se ha levantado y está trabajando en su taller. Trabaja en objetos de pequeño tamaño. Pero en uno de los ángulos ya está listo un telar novísimo, no muy grande pero sí bien acabado. Entra María con una taza de leche humeante.
-Bebe, Jesús. Hace mucho que estás levantado, y el ambiente está húmedo y hace frío.
+Sí.
Pero al menos he podido ultimar todo...
Estos ocho días de fiesta habían paralizado el trabajo...
-Jesús se ha sentado en el banco de carpintero, un poco al bies, y bebe la leche mientras María observa el telar y lo acaricia con la mano.
+¿Lo bendices, Mamá? -pregunta sonriendo Jesús.
-No. Lo acaricio, porque lo has hecho Tú. La bendición se la has dado Tú, haciéndolo. Has tenido una buena idea. A Síntica le servirá. Es muy experta en la textura. Y esto le servirá para entablar relación con mujeres y muchachas. ¿Qué otras cosas has hecho, que veo virutas finas, de olivo, me parece, al lado del torno?

+He hecho cosas que le servirán a Juan.
¿Ves?
Un estuche para las plumas y una pequeña mesa para escribir.
Y estos ambones para tener dentro sus libros.
No lo habría podido hacer si Simón de Jonás no hubiera tenido la idea del carro.
Así ahora podremos cargar también esto... y sentirán que los he amado también en estas pequeñas cosas...
-¿Sufres mandándolos lejos, verdad?
+Sufro...
Por mí y por ellos.
He esperado hasta ahora a hablar... ya se demora demasiado Simón con Porfiria...
Es hora de que hable…
Un sufrimiento que he tenido en el corazón todos estos días y que me ha hecho tristes incluso las luces de muchas lámparas...
Un sufrimiento que ahora debo dar a otros...
¡Mamá, hubiera querido padecerlo Yo solo!...
-¡Hijo bueno! -María le acaricia una mano para consolarlo.

Un momento de silencio... Luego Jesús dice:
+¿Se ha levantado -Juan?
-Sí. Le he oído toser. Quizás está en la cocina bebiéndose la leche. ¡Pobre Juan!...
-Una lágrima desciende por las mejillas de María.
Jesús se levanta:
+Voy...
Tengo que ir a decírselo.
Con Síntica será más fácil...
Pero para él...
Mamá, ve donde Margziam, despiértalo, y orad mientras hablo a este hombre...
Es como si tuviera que hurgar en sus entrañas.
Puedo matar o paralizar su vitalidad espiritual...
¡Qué dolor, Padre mío!...
Voy... -y sale, realmente abatido.
Da los pocos pasos que conducen del taller a la habitación de Juan, que es la misma en que murió Jonás, o sea, la de José. Se encuentra con Síntica, que está volviendo con una fajina que ha cogido del horno y que lo saluda desconocedora de la cosa. Responde absorto al saludo de la griega y luego se detiene a mirar un cuadro de lirios que apenas muestran el hacecillo de sus hojas. Pero quizás no los ve... Luego se decide. Se vuelve y llama a la puerta de Juan, y éste se asoma y su rostro se llena de luminosidad al ver a Jesús que viene a él.

+¿Puedo entrar un poco en tu habitación? -pregunta Jesús.
-¡Oh! ¡Maestro! ¡Siempre! Estaba escribiendo lo que dijiste ayer noche sobre la prudencia y la obediencia. Es más, sería conveniente que lo vieras, porque me parece que no he recogido bien lo que se refiere a la prudencia.
-Jesús ha entrado en la habitación ya ordenada, a la que ha sido agregada una mesita para comodidad del viejo maestro. Jesús se inclina hacia el pergamino y lee.
+Muy bien.
Has transcrito muy bien.
-¿Ves? Creía que había sido inexacto en esta frase. Siempre dices que no debemos afanarnos por el mañana, ni por el propio cuerpo. Ahora bien, decir aquí que la prudencia, incluso la que se refiere a las cosas relativas al mañana, es una virtud, me parecía un error: mío, naturalmente.

+No.
No has errado.
Dije exactamente eso.
El afán exagerado y temeroso del egoísta es distinto del cuidado prudente del justo.
Pecado es la avaricia dirigida al mañana, que quizás no g***remos nunca; no es pecado la sobriedad para garantizarse un pan, y garantizárselo a los nuestros, en los tiempos de escasez.
Pecado es el cuidado egoísta del propio cuerpo, exigiendo que todos los que están alrededor de nosotros estén preocupados de él, evitando todos los trabajos o sacrificios por miedo a que la carne sufra; no es pecado preservar el cuerpo de inútiles enfermedades, cogidas por imprudencias, enfermedades que luego serán un peso para los familiares y una pérdida de productivo trabajo para nosotros.
Dios ha dado la vida.
Es un don suyo.

Debemos, por tanto, hacer uso de ella santamente, sin imprudencias y sin egoísmos.
¿Ves?
Algunas veces la prudencia aconseja acciones que a los necios pueden parecerles vileza o volubilidad, mientras que no son sino santos actos de prudencia derivados de hechos nuevos que se han presentado.
Por ejemplo: si Yo te enviara ahora a estar precisamente entre gente que te pudiera dañar...
Por ejemplo, los familiares de tu mujer o los guardianes de las minas en que trabajaste, ¿actuaría bien o mal?
-Yo... no quisiera juzgarte, pero diría que sería mejor mandarme a otro sitio, donde no hubiera peligro de que mi poca virtud fuera sometida a una prueba demasiado dura.
+¡Eso es!
Juzgarías con sabiduría y prudencia.
Por esto mismo Yo nunca te mandaría a Bitinia o a Misia, donde ya has estado.
Ni siquiera a Cintium, a pesar de que tú, espiritualmente, hayas deseado ir.
Allí, podrían dominar sobre tu espíritu las muchas intransigencias humanas, y tu espíritu podría retroceder.
La prudencia, pues, enseña a no mandarte a un lugar en que serías inútil, mientras que podría mandarte a otro sitio, con buen fruto para mí y para las almas del prójimo y la tuya.
¿No es verdad?

-Juan, que ignora lo que el destino le reserva, no capta las alusiones de Jesús a una posibilidad de misión fuera de Palestina.
Jesús le estudia el rostro, lo ve tranquilo y escuchándolo dichoso, y resuelto en la respuesta:
-Sin duda, Maestro, produciría más en otro lugar. Yo mismo, cuando, hace unos días, he dicho: "Querría ir a los gentiles para dar buen ejemplo en el lugar en que di mal ejemplo", me he reprendido a mí mismo diciendo: “A los gentiles sí, porque no tienes las reservas de los otros de Israel; pero a Cintium no, y tampoco a los yermos montes en que viviste como presidiario y como un lobo, trabajando en el plomo o en los mármoles preciosos. Ni siquiera podrías ir allí por sed de sacrificio absoluto. Se te subvertiría el corazón con recuerdos crueles, y, si te reconocieran, aun en el caso de que no arremetieran contra ti, dirían: “Calla, asesino. No podemos escucharte”, y sería inútil ir allí". Esto es lo que me he dicho. Y es un buen pensamiento.

+Como puedes ver, tú también posees la prudencia.
Yo también.
Por eso te he evitado las fatigas del apostolado como lo hacen los otros, y te he traído aquí al descanso y a la paz.
-¡Oh! ¡Sí! ¡Cuánta paz! Si viviera todavía cien años, aquí sería siempre igual. Es una paz sobrenatural. Y, si me marchara a otro lugar, me la llevaría conmigo. La llevaré incluso a la otra vida... Los recuerdos podrán todavía subvertir mi corazón, las ofensas podrán hacerme sufrir, porque soy hombre, pero ya nunca seré capaz de odiar, porque aquí el odio ha quedado inerte para siempre, hasta en sus más profundas extremidades. Ya tampoco tengo antipatía hacia la mujer, que veía como el animal más inmundo y despreciable de la tierra. Tu Madre está al margen de todo esto. A tu Madre la veneré desde el momento en que la vi, porque la sentí distinta a todas la mujeres.

Ella es el perfume de la mujer; pero el de la mujer santa. ¿Quién no estima el perfume de las flores más puras?... Pero también las otras mujeres, las discípulas buenas, amorosas, pacientes con su peso de llanto, como María Cleofás y Elisa, o generosas como María de Magdala, tan absoluta en su cambio de vida, o delicadas y puras como Marta y Juana, o dignas, inteligentes, llenas de pensamiento y de rectitud, como Síntica; sí, también ellas me han reconciliado con la mujer. Bueno, te confieso que a Síntica es a la que prefiero. Afinidades de mente me la hacen estimable; afinidades de condición -ella esclava, yo presidiario- me permiten tener con ella un familiaridad que la diversidad de las otras me impide. Para mí Síntica es descanso. No sabría decirte exactamente lo que veo en ella ni cómo la veo. Yo, viejo respecto a ella, la veo como a una hija, esa hija sabia y estudiosa que habría deseado tener... Pero, como enfermo asistido por ella con tanto afecto, como hombre triste y solitario que ha llorado y ha echado de menos a la propia madre durante toda la vida, y que ha buscado a la mujer-madre en todas las mujeres, sin encontrarla, pues ahora veo en ella la realidad de ese sueño soñado y siento que el rocío de un afecto materno desciende a mí cansada cabeza y a mí alma que va al encuentro de la muerte...

Como ves, percibiendo en Síntica un alma de hija y de madre, siento en ella la perfección de la mujer, y por ella perdono todo el mal que de la mujer me vino. Si, suponiendo una cosa imposible, aquella infame, que tuve por mujer y que yo maté, resucitara, siento que la perdonaría, porque ahora he comprendido el alma femenina, propensa al afecto, generosa en darse... sea en el mal, sea en el bien.
+Me alegro mucho de que hayas encontrado todo esto en Síntica.
Será una buena compañera tuya para el resto de la vida y juntos haréis mucho bien.
Porque os voy a asociar...

-Jesús estudia nuevamente a Juan. Pero en el discípulo -el cual no obstante, no es un superficial- no hay ningún signo de que su atención se haya despertado. ¿Qué misericordia divina le vela hasta el momento decisivo su sentencia? No lo sé. Sé que Juan sonríe diciendo:
-Trataremos de servirte con lo mejor de nosotros.
+Sí.
Y estoy también seguro de que lo haréis, sin discutir ni trabajo ni el lugar que os asignaré, aun no siendo como vosotros deseáis…

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23/09/2026

Evangelio de hoy, 23 de septiembre de 2026, Miércoles, Memoria de San Pio de Pietrelcina, presbítero:

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
"No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si alguno no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, como testimonio contra ellos".

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

-A continuación, como se le ha sido revelado a María Valtorta:

265 1/4 _*+Id, pues, y curad a los enfermos, limpiad a los leprosos, resucitad a los mu**tos del cuerpo y del espíritu (porque cuerpo y espíritu pueden estar igualmente enfermos, leprosos, mu**tos)*_ /-

https://youtu.be/yl0iOtZ8GNc

-Jesús y los apóstoles -están todos: señal de que Judas Iscariote, cumplida su obra, se ha unido de nuevo a sus compañeros- están sentados a la mesa en la casa de Cafarnaúm. Atardece. La luz del día que declina entra por la puerta y las ventanas abiertas de par en par. A través de éstas, se puede ver cómo la púrpura del ocaso se va transformando en un rojo violáceo irreal, que en los bordes se desfleca formando abarquillamientos de un color turquí que termina en gris. Me recuerda a una hoja de papel arrojada al fuego: se enciende como el carbón en que cae, pero, en los bordes, después de la llamarada, se abarquilla y se apaga tomando un color plomo azulado que termina en un gris perlino casi blanco.
-Calor -sentencia Pedro, señalando hacia la voluminosa nube que viste el occidente de esos colores- Calor. No agua. Eso es niebla, no nube. Esta noche duermo en la barca para estar más fresco.

+No.
Esta noche vamos a los olivares.
Necesito hablaros.
Judas ya ha vuelto.
Es tiempo de hablar.
Conozco un lugar ventilado donde estaremos bien.
Levantaos.
Vamos.
-¿Está lejos? -preguntan mientras cogen los mantos.
+No.
Muy cerca.
A un tiro de honda de la última casa.
Podéis dejar los mantos.
Coged, eso sí, yesca y eslabón para vernos al volver.
-Salen de la habitación alta y bajan la escalera tras haber saludado al dueño de la casa y a su mujer, que están tomando el fresco en la terraza.
Jesús vuelve resueltamente la espalda al lago, y, atravesada la ciudad, recorre unos doscientos o trescientos metros por entre los olivos de una primera loma de detrás de la ciudad. Se detiene cuando llega al borde de un ribazo, que, por su posición saliente y libre de obstáculos, goza de todo el aire de que es posible g***r en esta noche de bochorno.

+Vamos a sentarnos.
Prestadme atención.
Ha llegado la hora de vuestra labor evangelizadora.
He llegado aproximadamente a la mitad de mi vida pública para preparar los corazones para mi Reino.
Ahora es tiempo de que también mis apóstoles tengan parte en la preparación de este Reino.
Los reyes actúan así cuando deciden conquistar un país.
Primero investigan y toman contacto con personas para oír las reacciones y formarlas en la idea que persiguen.
Luego extienden la obra de preparación enviando personas de confianza al reino que quieren conquistar.
Envían cada vez más personas, hasta que todas las particularidades geográficas y morales del país son manifiestas.
Una vez hecho esto, el rey cumple cabalmente la obra y se proclama rey de ese lugar y se corona rey.
Para llevarlo a cabo corre la sangre.
Porque las victorias cuestan siempre sangre...
-Estamos resueltos a luchar por ti y a derramar nuestra sangre -prometen unánimemente los apóstoles.

+Sólo derramaré la sangre del Santo y de los santos.
-¿Quieres empezar la conquista por el Templo, irrumpiendo durante la hora de los sacrificios?...
+No divaguemos, amigos.
Sabréis el futuro a su debido tiempo.
No os estremezcáis de horror de todas formas.
Os aseguro que no voy a trastocar las ceremonias con la violencia de una irrupción.
Y, no obstante, serán desbaratadas; llegará un día, una tarde, en que el terror, el terror de los pecadores, impedirá la oración ritual.
Mas Yo, esa tarde, estaré en paz, en paz con mi espíritu y mi cuerpo, una paz total, beatífica...
-Jesús mira, uno a uno, a sus doce; es como si mirase la misma página doce veces y en ella leyera doce veces la misma palabra escrita: no comprenden.

Sonríe y prosigue.
+Pues bien, he decidido enviaros, para penetrar más y más ampliamente de cuanto Yo solo podría hacer.
Pero pondré prudenciales diferencias entre mi modo de evangelizar y el vuestro, para no crearos dificultades demasiado fuertes ni meteros en peligros demasiado serios para vuestra alma y vuestro cuerpo y para no causar perjuicio a mi obra.
Todavía no estáis formados hasta el punto de poder relacionaros con cualquier persona, quienquiera que sea, sin que os perjudique o la perjudiquéis, ni -mucho menos aún- tenéis el heroísmo suficiente como para desafiar al mundo por causa de la idea adelantándoos a hacer frente a las venganzas del mundo.
Por tanto, no vayáis a los gentiles cuando vayáis a predicarme, ni entréis en las ciudades de los samaritanos; id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel: hay mucha labor que hacer con éstas; en verdad os digo que estas multitudes, que os parecen muchas, en torno a mí, son la centésima parte de las que en Israel todavía esperan al Mesías y no lo conocen ni saben que vive.
Llevadles a éstas la fe y el conocimiento de mí.

Por el camino predicad:
"El Reino de los Cielos está cerca".
Éste debe ser el anuncio basilar, apoyad en él toda vuestra predicación.
¡Mucho me habéis oído hablar del Reino!
No tenéis sino que repetir mis palabras.
Ahora bien, el hombre, para sentirse atraído por las verdades espirituales, para sentirse convencido de ellas, necesita estímulos de carácter material, como si fuera un eterno niño, que no estudia una lección, no aprende un oficio, si no tiene el estímulo de un dulce de su madre o de un premio del maestro de la escuela o del maestro del oficio.
Pues bien, para que dispongáis del medio para que crean en vosotros y os busquen, os concedo el don de milagros...

-Los apóstoles se levantan de improviso -excepto Santiago de Alfeo y Juan- y, según el temperamento de cada uno, gritan, protestan, se exaltan... Verdaderamente el único que se pavonea de la idea de hacer milagros es Judas Iscariote, el cual, a pesar de la gran deuda que tiene en su alma de haber hecho una acusación falsa e interesada, exclama:
-¡Ya era hora de que también nosotros hiciéramos esto, para g***r de un mínimo de autoridad sobre las multitudes!
-Jesús lo mira, pero no dice nada. Pedro y el Zelote -que están diciendo: « ¡No, Señor! ¡No somos dignos de tanto! Eso es para los santos»- rebaten enérgicamente a Judas: el Zelote dice: «¿Cómo te atreves, hombre necio y orgulloso, a censurar al Maestro?»; y Pedro: «¿Un mínimo? ¿Pero, qué quieres hacer más que milagros? ¿Ser Dios tú también? ¿Sientes, acaso, la misma comezón que Lucifer?».

«¡Silencio!» dice Jesús con tono autoritario. Y prosigue:
+Hay una cosa que supera al milagro y que convence igualmente a las multitudes, y con mayor profundidad y duración: una vida santa.
Pero vosotros estáis todavía lejos de esta vida, y tú, Judas, más lejos que los demás.
Mas dejadme hablar porque es una larga instrucción.
Id, pues, y curad a los enfermos, limpiad a los leprosos, resucitad a los mu**tos del cuerpo y del espíritu (porque cuerpo y espíritu pueden estar igualmente enfermos, leprosos, mu**tos).
Ya sabéis cómo se obra un milagro: con vida de penitencia, ferviente oración, sincero deseo de hacer brillar el poder de Dios, humildad profunda, viva caridad, encendida fe, esperanza imperturbable ante cualquier tipo de dificultad.

En verdad os digo que todo es posible para quien dispone de estos elementos.
Y los demonios huirán ante el Nombre del Señor pronunciado por vosotros, si tenéis cuanto he dicho.
Este poder os viene de mí y de nuestro Padre.
No se compra con moneda alguna.
Sólo nuestra voluntad lo concede, sólo la vida justa lo mantiene.
De la misma forma que se os da gratis, gratuitamente habéis de darlo a los demás, a los que tengan necesidad de él.
¡Ay de vosotros si rebajáis el don de Dios sirviéndoos de él para engrosar vuestra bolsa!
No es vuestro poder, es poder de Dios.
Usadlo, mas no os apropiéis de él diciendo:
"Es mío".
De la misma forma que se os da, se os puede quitar.

https://youtu.be/yl0iOtZ8GNc

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