21/12/2025
Ayer, como sabéis, fue mi última boda.
Compartí un vídeo precioso y comenzaron a llegar mensajes… Estaba muy nerviosa y no conseguía centrarme en el trabajo del día: la boda de mi amiga Vero. En un momento de angustia que me superó, tuve que retirarlo porque ya no sabía a qué atender. Mil disculpas, y gracias de corazón por todos los mensajes tan maravillosos que estaba recibiendo.
Hoy, ya desde la calma (ejem…), necesitaba escoger una fotografía de una pareja de novios para poder expresar todo lo que os debo con algún testimonio. Y, entre todas, inevitablemente pensé en la más importante para mí. No para Entreflores, sino para mí: la de mi hija. Imaginaos…
Esta tarde, un poco más descansada después de recoger toda la boda de ayer, se me ocurrió contaros la historia de este rosario.
Me encantan los rosarios, tengo muchos, pero este es, sin duda, el más increíble de todos. Y, además, es la imagen que estaba buscando.
Elegir una sola pareja sería imposible. Pero este verano, en una de las bodas de este año, la novia era especial: preciosa, educadísima, con un criterio admirable… una pasada. Al ir a llevar el ramo, me esperaba su madre. Me contó que viven en Lima; su hija está en Madrid solo por una temporada, ya que su marido estaba trabajando en las obras del metro allí. Ella es creyente y acudían a la congregación de San Agustín, donde entonces estaba el ahora Papa León XIV. Asistían a sus misas dominicales y compartían conversación con él, como con tantos otros. Me confesó, con cierta tristeza, que siempre se había arrepentido de no haberse hecho una fotografía con él. ¡Qué mujer tan entrañable!
Nuestra novia le hablaba de lo feliz que estaba por habernos elegido, del cariño que sentía en cada detalle. Así que la forma más bonita que encontró de agradecérnoslo fue ir a la parroquia, comprar allí un rosario y pedir que lo bendijeran para regalármelo.
Estaba tan emocionada al ver a su hija cuidada, ellos allí y ella aquí, que no pudo imaginar un gesto más bonito. De todo esto me enteré en ese mismo instante… casi me da algo. Me lo puse al momento y, entre lágrimas, le dije que no me lo quitaría hasta mi última boda. (Continúa en comentarios…)