07/09/2026
Nos resguardamos aquí y pasamos la noche con la ropa mojada.
El viento susurraba algo intangible pero observable. Las viejas herramientas desprendían un fuerte olor a óxido.
La niebla sobrevino acompañada de una llovizna incesante que hacía de percusión y acompañaba a las ahogadas voces que nos sacudían.
Nuestros corazones palpitaban desacompasados.
Pum, pum... pum... pum, pum...
El temor, el fragor del frío, el dolor óseo que nos recorría el cuerpo se veía adormecido cuando nuestros pesados párpados tardaban en abrir los ojos.
Quizá segundos, tal vez minutos, tal vez horas... instantes interrumpidos por pequeños ruidos provocados por la compaña al pisar la humedecida paja del camino.
Instantes interrumpidos por cánticos, o quizás llantos, acompañados de pequeñas luces, como velas que iluminaban nuestro rostro con tenues e intermitentes movimientos entre las raídas y agrietadas maderas de la puerta.
Caminantes que se difuminaban en el camino.
¿Cómo mantendrían aquellas velas encendidas bajo la lluvia que caía? Pesamos.
La puerta que nos cobijaba resguardaba y salvaguardaba de algo que no se podía mirar directamente y cuyos pasos, lentos y raudos, y sus cánticos, soñozos y llantos, nos perseguirán en la memoria cada noche, cada lluvia, cada niebla, para recordar que las meigas, haberlas haylas y que si parpadeas la Santa Compaña te atrapa.
Noches y cuentos del camino. No fue sugestión, quizás cansancio, quizá desesperación… pero fue real.
Años ha…
¿Te apetece dar un paseo?
¿Nos perdemos?
想
𝕚𝕄𝕒𝕘𝕚𝕟𝕒…