12/05/2026
Se me empañan las gafas. Las limpio y se vuelven a empañar.
Se me empañan los ojos. Los limpio y se vuelven a empañar.
Me levanté temprano y te busqué en tu rincón favorito del sofá. No estabas. Encima de la cama tampoco. Ya no estabas… y sin embargo te siento como si estuvieras.
Salí a caminar por el casco viejo. Al cruzarme con tus colegas por la calle, todos me miraban fijamente, como preguntándome por ti. Su mirada me atraía con fuerza.
No te encontré en ninguna de las rúas por las que paseábamos los tres, pero sentía tus pasos a mi lado.
¿Cómo se puede dar tanto amor como el que nos has dado, sin decir nada? Solo con esa mirada profunda, que parecía triste pero lo decía todo sin palabras.
Desde que tuve mi evento del corazón, te gustaba poner la oreja pegada, a ver si todo iba bien. Nunca tuviste una queja ni un reproche, aunque te hubiese reñido un minuto antes. Eso es amor incondicional de verdad.
Espero haberte ayudado hasta el último minuto.
Adiós, amigo.
Nos veremos cada día: en cada rincón del parque, en cada rúa, galopando en cada playa… porque te veremos con los ojos del corazón, que son los que ven más allá de las cosas físicas.
No puedo seguir. Porque se me empañan las gafas, las limpio, y se vuelven a empañar.
🐾