19/11/2015
Sobre los últimos atentados que han sucedido el pasado viernes, no podemos evitar escribir sobre ellos o hacer una pequeña reflexión. Desgraciadamente estos actos terroristas no solo se producen en París o Madrid también está sucediendo en otros lugares y no pasa nada no le damos importancia por que nos creemos que no va con nosotros.
Lo fácil es contemplar las noticias como si no fueran con nosotros, volvemos la cabeza hacia otro lado, sin embargo estas noticias a todos nos llegan de una manera u otra, hace unos años vivimos algo parecido en España, en primera persona, unos más cerca que otros. Unos hemos sido meros espectadores, en mi caso sólo he visto el resultado de la barbarie, aún hoy me acuerdo del día después de los atentados al sacar el tren que estalló en Atocha yo entraba en otro y casualmente o causalmente ese tren estaba a mi lado, todavía hoy recuerdo esas imágenes del horror y del sinsentido. De las 10 personas mal contadas que íbamos en ese vagón por que por miedo la gente no se montaba en el tren, podíamos decir que éramos unos valientes que no entramos en la dinámica de terror que quieren sembrar en este planeta, salimos en Atocha con las lágrimas en los ojos por que no entendemos cómo alguien puede inmolarse y llevarse por delante la vida de tantos inocentes. Eso sí, a la salida de los torniquetes estaban los reporteros ávidos de noticias truculentas y con mucho morbo preguntando qué nos parecía yo con lágrimas en los ojos a un periodista extranjero le dije que comprara un billete de tren y lo viera con sus propios ojos.
Creo que ha llegado el momento de ser maduros y hacernos responsables de porqué tenemos una juventud y una sociedad que está tan apática que no aprecian ni su propia vida. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué estamos haciendo mal? O mejor dicho ¿Qué no estamos haciendo?.
Estas preguntas no tienen fácil respuesta pero es reflejo de lo que está pasando en todo el mundo. Está claro que los viejos sistemas tanto políticos como económicos ya no nos sirven. Hemos antepuesto el dinero o el poder a las vidas humanas, a esos valores de paz, amor, cordialidad, tender la mano al que lo necesita.
No nos volvamos locos, respondiendo a la violencia con más violencia, esto lo único que hace es aumentar el terror y el pánico que de eso es de lo que se alimenta este tipo de violencia.