24/01/2025
A veces vivimos en modo supervivencia, aguantando golpes, cerrando puertas, poniendo límites a todo lo que pueda hacernos trizas. Y, sí, quizá por momentos eso esté bien, incluso sea necesario. Pero en muchas ocasiones, nos volvemos maestros en resistir. En luchar por todo. En mantenernos a salvo.
Nos enseñaron a cargar con lo que duele, con lo que no funciona, con lo que grita dentro pero nunca decimos en voz alta. Nos hicieron creer que el amor se sostiene aunque te rompa, que las relaciones son para siempre, aunque el precio sea apagar tu propia luz.
Pienso ahora en esas madres de estas nuevas generaciones. Heroínas silenciosas, con mochilas tan pesadas que a veces apenas pueden respirar. Y aun así, con las piernas temblando, escuchan de sus propias madres: "Venga, chiquilla, tú puedes con todo."
Hemos crecido creyendo que nuestro valor está en aguantar, en hacer más, en ceder más, en quedarnos, aunque por dentro nos desmoronemos. Pero ¿sabes qué? (permíteme la expresión) ¡Y una mi**da!
Porque, no. A veces no se puede.A veces, hay que mirar las banderas rojas que ondean en la tormenta y no pintarlas de blanco por miedo a estar solos. A veces, las expectativas que cargamos no son ni siquiera nuestras, sino de un guion que nunca quisimos escribir.
Permitirse no es rendirse. Permitirse es aprender a decir: "Esto no es para mí." Es soltar esa relación que no llena, ese amor que asfixia, esa absurda idea de que debemos soportarlo todo por miedo a decepcionar. Permitirse es aceptar que no somos invencibles, que no siempre podemos con todo, y que está bien. Está bien soltar.
Porque permitir no es otra cosa que abrir los ojos, dejar que las cosas fluyan, aceptar que cada caída tiene algo que enseñarte. Permitirse es paz. Es escucharte, mirarte con amor y soltar lo que pesa. Porque la vida no es aguantar. La vida es dejar entrar lo que de verdad te hace brillar.
🌪✨ Ahora te pregunto: ¿Qué necesitas soltar para empezar a vivir de verdad? Déjame tus reflexiones en los comentarios.