18/02/2017
The Notebook
Se oyó un trueno ensordecedor y cayó otro chaparrón. Allie oyó la lluvia en el tejado, el chisporroteo de la leña mientras las llamas temblorosas iluminaban la habitación. Miró por la ventana y vio cómo el cielo gris se aclaraba apenas por un segundo. Al cabo de un instante, oyó otro trueno. Esta vez más cercano.
Tomó una manta del sofá y se sentó sobre la alfombra, frente al fuego. Cruzó las piernas, se envolvió con la manta en la posición más cómoda posible, y contempló las llamas danzarinas. Noah volvió, la miró y se sentó junto a ella. Apoyó dos vasos en el suelo y sirvió el whisky. Fuera, el cielo se oscureció aún más.
Otro trueno, esta vez más fuerte. La tormenta rugía con furia, los vientos formaban torbellinos con el agua.
—Es una señora tormenta —comentó Noah mirando las hileras de gotas que caían verticalmente sobre los vidrios de las ventanas.
Allie y él estaban muy cerca, aunque no se tocaban. Noah vio cómo el pecho de la joven se levantaba ligeramente con cada inspiración y volvió a fantasear con el contacto de su cuerpo, pero luchó contra aquellos pensamientos.
—Me gusta —aseguró ella bebiendo un sorbo de whisky—. Siempre me hangustado las tormentas eléctricas. Incluso cuando era pequeña.
—¿Por qué? —preguntó él por decir algo, por mantener la calma.
—No sé. Siempre me han parecido románticas.
Guardó silencio un momento, y Noah miró el reflejo de las llamas en sus ojos esmeralda. Luego Allie dijo:
—¿Recuerdas que pocas noches antes que me marchara, nos sentamos juntos a mirar una tormenta?
—Claro que lo recuerdo.
—Cuando volví a casa, no podía dejar de pensar en ese día. Me obsesionaba el aspecto que tenías aquella noche. Siempre te recordé así.
—¿He cambiado mucho?
Allie bebió otro sorbo de whisky y sintió el calor del líquido en la garganta. Cuando respondió, le rozó las manos.
—En realidad, no. Al menos en las cosas que yo recuerdo. Has madurado, desde luego, y se nota que has vivido, pero aún conservas el mismo brillo en los ojos. Todavía lees poesía y navegas en el río. Y todavía tienes una dulzura que ni
siquiera la guerra pudo robarte.
Noah pensó en sus palabras y sintió el contacto de su mano en la suya, su pulgar trazando círculos lentamente.
—Allie, antes me preguntaste qué era lo que recordaba mejor de aquel verano. ¿Qué recuerdas tú?
Ella tardó unos minutos en contestar. Cuando lo hizo, su voz pareció llegar desde un lugar muy lejano.
—Recuerdo que hicimos el amor. Es el recuerdo más vivo. Tú fuiste el primero, y fue mucho más hermoso de lo que nunca hubiera llegado a soñar.
Noah bebió un trago de whisky, recordando, reviviendo los viejos
sentimientos, pero de repente sacudió la cabeza. Las cosas ya eran demasiado difíciles tal como estaban. Allie prosiguió:
—Recuerdo que tenía tanto miedo que temblaba, pero al mismo tiempo estaba muy excitada. Me alegro de que fueras el primero. Me alegro de que compartiéramos aquella experiencia.
—Yo también.
—¿Estabas tan asustado como yo? —Noah asintió en silencio, y ella premió su sinceridad con una sonrisa. —Lo suponía. Siempre fuiste tímido, sobre todo al principio. Recuerdo que me preguntaste si tenía novio, y cuando te contesté que sí, prácticamente dejaste de hablarme.
—No quería interponerme entre ustedes.
—Pero al final lo hiciste, a pesar de tu aparente inocencia —señaló Allie con una sonrisa—. Y me alegro.
—¿Le contaste lo nuestro?
—Sí, cuando volví a casa.
—¿Te resultó difícil?
—En absoluto. Yo estaba enamorada de ti.
Le apretó la mano, la soltó, y se acercó más. Enlazó un brazo en el de él y apoyó la cabeza en su hombro. Noah aspiró su aroma, suave como el de la lluvia, cálido. Allie prosiguió:
—¿Recuerdas que después del festival me acompañaste a casa? Te pregunté si querías verme otra vez. Tú asentiste con la cabeza y no dijiste una palabra. No parecías muy entusiasmado.
—Nunca había conocido a nadie como tú. No sabía qué decir. No pude evitarlo.
—Lo sé. No sabías ocultar tus sentimientos. Los ojos te delataban. Tenías los ojos más bonitos que había visto en mi vida. —Hizo una pausa, levantó la cabeza del hombro de Noah y lo miró directamente a los ojos. Cuando continuó, su voz era sólo un susurro: —Creo que aquel verano te quise más de lo que he querido nunca a nadie.
Hubo otro relámpago, y en el silencio que precedió al trueno, sus ojos se encontraron, intentando borrar los catorce años pasados. Los dos eran conscientes del cambio que habían experimentado desde el día anterior. Cuando por fin resonó el trueno, Noah suspiró y apartó la vista, mirando hacia las ventanas.
—Ojalá hubieras leído las cartas que te mandé —dijo.
Allie permaneció callada un rato largo.
—No dependía sólo de ti, Noah. No te lo he dicho, pero yo también te escribí al menos una docena de cartas cuando llegué a casa. Sin embargo, nunca las envié.
—¿Por qué? —preguntó Noah, sorprendido.
—Supongo que tenía miedo.
—¿De qué?
—De que nuestro amor no fuera tan auténtico como yo creía. De que me hubieras olvidado.
—Yo nunca hubiera hecho algo así. Es inconcebible.
—Ahora lo sé. Lo veo cuando te miro. Pero entonces era diferente. Había tantas cosas que no entendía, cosas que mi mente de adolescente era incapaz de desentrañar.
—¿A qué te refieres?
Allie hizo una pausa para ordenar sus ideas.
—Cuando vi que no me escribías, no supe qué pensar. Recuerdo que hablé con mi mejor amiga de lo ocurrido durante el verano y ella me dijo que habías conseguido lo que querías y que no le sorprendía que no escribieras. Yo no podía creer que fueras de esa clase de chicos, pero escuchar ese comentario y pensar en nuestras diferencias me hizo temer que tal vez tú significaras mucho más para mí que yo para ti... Luego, cuando esa idea todavía me daba vueltas en la cabeza, recibí noticias de Sarah. Me dijo que te habías marchado de New Bern.
—Fin y Sarah siempre supieron dónde estaba...
Allie lo detuvo, tapándole la boca con la mano.
—Lo sé, pero yo nunca pregunté. Supuse que te habías ido de New Bern para empezar una nueva vida sin mí. ¿Por qué, si no, no me habías escrito ni telefoneado ni visitado? —Noah apartó la vista sin responder y ella prosiguió: —No lo entendía, y con el tiempo el dolor comenzó a aliviarse y pensé que me resultaría más fácil olvidarte. Eso creía entonces, pero después, cada vez que conocía a un chico, no podía evitar compararlo contigo. Entonces, cuando los sentimientos se intensificaban, te escribía otra carta. Pero nunca las envié por temor a lo que podría descubrir. Para entonces, tú ya habrías rehecho tu vida y temía que estuvieras enamorado de otra. Quería recordarnos tal como éramos en aquel verano. No quería renunciar a ese recuerdo.
Pronunció esas palabras con tanta dulzura e inocencia, que Noah hubiera querido besarla en cuanto terminó. Pero no lo hizo. Luchó con su deseo y lo reprimió, consciente de que era lo último que necesitaba Allie. Sin embargo, era tan maravilloso tenerla a su lado, tocándolo...
—La última carta la escribí hace un par de años. Cuando conocí a Lon, escribí a tu padre para preguntarle dónde estabas. Pero había pasado tanto tiempo, que ni siquiera sabía si él seguiría en el mismo sitio. Y teniendo en cuenta que había habido una guerra...
Se interrumpió y permanecieron un momento callados, absortos en sus pensamientos. Otro relámpago iluminó el cielo, y finalmente Noah rompió el silencio.
—Ojalá la hubieras enviado.
—¿Por qué?
—Porque me habría gustado saber de ti. Enterarme de qué había sido de tu vida.
—Te habría decepcionado. Mi vida no es muy emocionante. Además, ya no soy como me recordabas.
—Eres mejor de como te recordaba, Allie.
—Y tú eres un encanto, Noah.
Él estuvo a punto de dejar las cosas así, sabiendo que si se reservaba sus pensamientos, le resultaría más fácil mantener el control, el mismo control que había mantenido en los últimos catorce años. Pero otra emoción se había apoderado de él en los últimos minutos, y se rindió a ella con la esperanza de que, de algun manera, les permitiera recuperar lo vivido tanto tiempo atrás.
—No lo digo porque sea un encanto. Lo digo porque siempre te he querido y te sigo queriendo. Mucho más de lo que imaginas.
Un leño se partió, despidiendo chispas en la chimenea, y ambos advirtieron que las brasas se habían consumido casi por completo. El fuego necesitaba más leña, pero ninguno de los dos se movió.
Allie bebió otro sorbo de whisky y empezó a notar sus efectos. Pero no fue sólo el alcohol lo que la hizo estrecharse más contra el cuerpo de Noah y buscar su calor. Miró por la ventana y vio que las nubes estaban prácticamente negras.
—Deja que avive el fuego —dijo Noah, consciente de que necesitaba apartarse para pensar, y Allie lo soltó. Se acercó a la chimenea, retiró la pantalla protectora y añadió un par de leños. Acomodó la madera con el atizador, asegurándose de que los nuevos leños se encendieran con facilidad.
Las llamas comenzaron a extenderse otra vez, y Noah regresó junto a Allie. Ella volvió a acurrucarse junto a él, apoyó nuevamente la cabeza sobre su hombro y le acarició el pecho en silencio. Noah se acercó más y le habló al oído.
—Esto me recuerda un tiempo lejano. Cuando éramos adolescentes.
Allie sonrió, pensando en lo mismo, y miraron el humo y el fuego, abrazados.
—Noah, aunque no me lo has preguntado, quiero que sepas una cosa.
—¿Qué?
—Nunca hubo otro hombre —respondió con voz tierna—. No sólo fuiste el primero, sino el único. Nunca me he acostado con otro. No espero que me digas nada semejante, pero quería que lo supieras.
Noah apartó la vista en silencio. Allie siguió mirando el fuego, sintiendo que su pasión crecía. Acarició los músculos duros y firmes del pecho de Noah por debajo de la camisa.
Recordó que una vez se habían abrazado de aquel modo, pensando que sería la última vez. Estaban sentados sobre un dique construido para contener las aguas del río Neuse. Ella lloraba porque cabía la posibilidad de que no volvieran a verse y se preguntaba si alguna vez volvería a ser feliz. En lugar de responder, él le había entregado una nota, que Allie leyó camino a casa. La había guardado, y de vez en cuando la releía, entera o por partes. Había leído un par de párrafos centenares de veces, y por alguna razón, ahora volvieron a su mente. Decía:
Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que esta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.
Cuando te miro, contemplo tu belleza y tu gracia y sé que han crecido con cada vida que has vivido. También sé que te he estado buscando durante todas mis vidas anteriores. No buscaba a alguien como tú, sino a ti, pues tu alma y la mía están destinadas a estar juntas. Y sin embargo, por razones que escapan a nuestro entendimiento, nos han obligado a despedirnos.
Me gustaría decirte que todo se arreglará entre nosotros, y te prometo hacer lo que esté en mis manos para que así sea. Pero si no volvemos a vernos y esta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a encontrarnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores.
¿Era posible? ¿Tendría razón? Allie nunca lo había descartado por completo, y se aferraba a su promesa por las dudas. Esa predicción la había ayudado a superar muchos momentos difíciles. Pero su presencia allí parecía poner en entredicho la teoría de que estaban predestinados a vivir separados. A menos que los astros hubieran cambiado desde su último encuentro.
Quizá lo hubieran hecho, pero Allie no quiso mirar. En cambio, se arrimó más a Noah y sintió su calor, el contacto de su piel, de su brazo rodeándole los hombros. Y su cuerpo comenzó a temblar de expectación, como el primer día que habían estado juntos.
¡Se sentía tan a gusto! Todo le parecía bien: el fuego, las copas, la tormenta... no había una situación más perfecta. Como por arte de magia, los años de separación perdieron importancia. Fuera, un relámpago surcó el cielo. Las llamas danzaban sobre los leños al rojo blanco. La lluvia de octubre caía torrencialmente sobre las ventanas, sofocando cualquier otro sonido.
Por fin se rindieron a los sentimientos que habían reprimido durante los últimos catorce años. Allie levantó la cabeza del hombro de Noah, lo miró con ojos brumosos, y él le besó los labios con ternura. Ella alzó la mano y le acarició la mejilla con los dedos. Noah se inclinó despacio y volvió a besarla, siempre con suavidad y dulzura, pero ella devolvió el beso, sintiendo que los años de separación se desvanecían para trocarse en pasión.
Allie cerró los ojos y entreabrió los labios, mientras él acariciaba sus brazos de arriba abajo, despacio, suavemente. Le besó el cuello, la mejilla, los párpados, y ella sintió la humedad de su boca en cada sitio que tocaban los labios. Le tomó la mano y la guió a sus pechos, y cuando él los acarició por encima de la fina tela de la camisa, dejó escapar un gemido.
Se separó de él con la sensación de estar soñando y la cara encendida por el calor del fuego. Comenzó a desabrocharle la camisa en silencio. Noah la miró y oyó su respiración entrecortada mientras sus dedos descendían por la camisa. Con cada nuevo botón, él sentía el roce de sus dedos sobre su piel. Cuando por fin terminó, Allie le sonrió con ternura. Luego deslizó las manos por debajo de la tela, tocándolo con toda la suavidad posible, explorando su cuerpo. Noah se excitó al sentir sus dedos sobre el pecho ligeramente húmedo, enredándose en el vello. Allie se inclinó y le besó el cuello con ternura mientras le pasaba la camisa por encima de los hombros y le rodeaba el torso con los brazos. Levantó la cabeza y dejó que él la besara mientras rotaba los hombros y se liberaba de las mangas.
Entonces él extendió los brazos, le levantó la camisa, y acarició lentamente su vientre con un dedo antes de quitarle la prenda. Bajó la cabeza para besarla entre los pechos y luego ascendió despacio con la lengua hasta el cuello, dejándola sin respiración. Sus manos le acariciaron suavemente la espalda, los brazos, los hombros, hasta que sus cuerpos ardientes se unieron, piel con piel. Noah le besó el cuello y lo mordisqueó suavemente mientras ella levantaba las caderas para permitirle que le quitara los pantalones. Allie buscó a tientas el cierre de los vaqueros de Noah, lo descorrió, y miró a Noah mientras se los quitaba. Por fin sus cuerpos desn**os se unieron como en cámara lenta, y los dos se estremecieron con el recuerdo de una experiencia compartida tanto tiempo atrás.
Noah le lamió el cuello mientras sus manos acariciaban la piel tersa y caliente de sus pechos, descendían hasta el vientre y la entrepierna y volvían a subir. Estaba fascinado por su belleza. Su cabello sedoso reflejaba la luz y la hacía brillar. Su piel tersa y hermosa resplandecía a la luz del fuego. Sentía las manos de Allie en su espalda, atrayéndolo hacia ella.
Se tendieron junto a la chimenea; el aire estaba denso por el calor del fuego. La espalda de Allie estaba ligeramente arqueada cuando él rodó encima de ella con un movimiento suave y fluido. Él quedó a gatas encima de ella, con las rodillas abiertas sobre sus caderas. Allie levantó la cabeza para besarle el cuello y la barbilla, y con la respiración entrecortada, le lamió los hombros, saboreando el sudor de su cuerpo. Le pasó las manos por el pelo mientras él se encaramaba sobre ella, con los brazos de los músculos contraídos por el esfuerzo. Allie hizo un pequeño gesto de invitación y tiró de él, pero Noah se resistió. En cambio, descendió y rozó su pecho ligeramente contra el de ella, y Allie sintió que su cuerpo se estremecía de expectación.
Noah repitió el movimiento una y otra vez, despacio, besando cada parte de su cuerpo, escuchando los pequeños gemidos de Allie mientras se movía encima de ella.
Siguió así hasta que ella no pudo resistir más, y cuando por fin se unieron en un solo ser, Allie gritó y hundió los dedos en su espalda. Escondió la cara en su cuello, sintiéndolo en su interior, gozando de su fuerza y su ternura, sus músculos y su alma. Se movió rítmicamente contra su cuerpo, dejando que la llevara donde quisiera, al lugar donde debía estar.
Abrió los ojos y lo miró a la luz del fuego, maravillándose de su belleza mientras se movía encima de ella. El cuerpo de Noah brillaba, perlado de sudor, y las gotas cristalinas caían sobre su cuerpo como la lluvia. Todas sus responsabilidades, todas las facetas de su vida, su propia conciencia, escapaban con cada gota, con cada exhalación.
Sus cuerpos reflejaban todo lo que daban y tomaban, y Allie se sintió recompensada por una sensación cuya existencia desconocía. La sensación continuó y continuó, hormigueando en cada poro de su cuerpo, haciendo hervir su piel, hasta que se desvaneció. Entonces se estremeció debajo de Noah, conteniendo el aliento. Pero en cuanto la primera sensación se diluyó, otra comenzó a apoderarse de ella, y empezó a experimentarlas una tras otra, en largas secuencias. Cuando la lluvia amainó y el Sol se puso en el horizonte, su cuerpo, aunque rendido, se resistía a abandonar el placer.
Pasaron el día uno en brazos del otro; cuando no estaban haciendo el amor junto a la chimenea, contemplaban abrazados las llamas que devoraban los leños. De vez en cuando, Noah le recitaba un poema, y ella lo escuchaba tendida a su lado, con los ojos cerrados, sintiendo cada palabra. Luego, en cuanto recuperaban las fuerzas, sus cuerpos volvían a unirse, y Noah le murmuraba palabras de amor al oído, entre beso y beso.
Continuaron así hasta el anochecer, resarciéndose de los años de separación, y esa noche durmieron abrazados. Noah se despertó varias veces, y al contemplar el cuerpo agotado y radiante de Allie, pensó que su vida se había compuesto súbitamente.
En una de esas ocasiones, poco antes del amanecer, Allie abrió los ojos, sonrió y alzó la mano para acariciarle la cara. Noah le cubrió la boca con una mano, suavemente, para impedirle hablar, y durante un largo instante simplemente se miraron el uno al otro.
Cuando el n**o en su garganta se disipó, Noah susurró:
—Eres la respuesta a todas mis plegarias. Eres una canción, un sueño, un murmullo, y no sé cómo he podido vivir tanto tiempo sin ti. Te quiero, Allie, te quiero mucho más de lo que imaginas.
—Ay, Noah —respondió ella atrayéndolo hacia sí. Ahora, más que nunca, lo deseaba, lo necesitaba más que a nada en el mundo.
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The Notebook (1996), Nicholas Sparks. Detrás de un gran amor... hay una gran historia. De regreso de la guerra, con treinta y un años de edad, Noah vuelve a su hogar en Carolina del Norte, donde se dedica a restaurar el antiguo esplendor de su plantación. Poco a poco, las imágenes de la chica de quien se había enamorado catorce años atrás invaden su mente con una fuerza poderosa e intensa. Noah no sabe cómo hallarla, y tampoco puede olvidarse del verano maravilloso que vivieron juntos hasta que, inesperadamente, Allie reaparece.
Primero fueron catorce años de distancia, las cartas robadas, los impedimentos sociales, la guerra. Más tarde un compromiso inoportuno, la pasion arrebatadora, el amor improbable. Ahora, aunque el abismo que les separa es mucho más profundo, Noah no pierde la esperanza de reencontrarse con la única mujer a la que ha amado. Y cada mañana, tras colocarse las gafas, abre el diario de su vida, y lee, lee todo lo que ha hecho de sus días, un camino pleno de momentos de felicidad.