03/06/2026
Cuando Daniel Craig fue nombrado como el nuevo James Bond en 2005, el internet de la época estalló en ira. Los puristas de la saga no podían concebir que el sucesor del elegante Pierce Brosnan fuera un tipo de 1.78 metros, rubio y con cara de boxeador de Europa del Este.
La campaña de odio fue masiva. Los tabloides británicos lo bautizaron cruelmente como "James Bland" (James Insípido) y "James Blonde". Se creó el sitio web CraigNotBond. com que exigía un boicot mundial a la película, y la prensa no le daba tregua: se burlaban si usaba chaleco salvavidas en una lancha de la producción o si supuestamente no sabía manejar el icónico Aston Martin manual.
El acoso llegó a tal punto que el mismísimo Pierce Brosnan tuvo que salir públicamente a pedirle a los fans que le dieran una oportunidad. El propio Craig confesó años después que el rodaje de Casino Royale fue un in****no psicológico por la presión mediática.
Pero llegó noviembre de 2006.
Bastaron los primeros tres minutos de la película —ese brutal y sucio plano secuencia en blanco y negro en Praga— para que el planeta entero se tragara sus palabras.
Casino Royale no solo se convirtió en la película más taquillera de la franquicia hasta ese momento, sino que obligó a los mismos críticos que lo destrozaron a escribir cartas de disculpa públicas.
Hoy, dos décadas después, se debate si es el mejor Bond de la historia.