24/10/2024
Los varones, cuya identidad masculina se ha definido en términos de su éxito en el contexto de la competitividad, de tumbar al vecino, ya no pueden contar con el desarrollo continuo ni con el ascenso permanente en su carrera profesional. Cuando las reducciones de plantilla no les afectan directamente, atañen a algún hermano, primo, amigo o colaborador. Y ahora dependen en mayor medida de los ingresos de sus mujeres. La verdadera y creciente discrepancia, que afecta tanto a mujeres como a hombres, es la desigualdad cada vez mayor entre los ingresos de la gente muy rica —el 10 por 100 que se sitúa en los niveles más altos, que controla en la actualidad los dos tercios de la riqueza de Estados Unidos— y los del resto de las personas, como usted y como yo, hombres y mujeres. En la última década, el 80 por 100 de la población trabajadora de Estados Unidos ha visto cómo sus ingresos se congelaban o disminuían7. La única razón por la que no hay más familias abocadas a la pobreza es que en algunas de ellas trabajan tanto el hombre como la mujer. pero en la cultura actual de la codicia, donde a todos nos dicen que podemos enriquecernos a través de la bolsa, es más fácil distraer la sensación de ansiedad e inseguridad, creciente según las encuestas entre la población estadounidense, hombres y mujeres —a pesar de la excelente marcha de la bolsa y de los beneficios de las empresas y de que el índice Dow iones esté alcanzando permanentemente máximos históricos—, con temas como la política sexual y las guerras raciales e intergeneracionales. Es más fácil desviar la ira volviendo a hombres y mujeres, a blancos y negros, a jóvenes y viejos, unos contra otros, que hacer frente al excesivo poder de la codicia corporativa.
La mística de la feminidad de Betty Friedan.