15/09/2026
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
POR EL PADRE SERGIO S. L.
MARTES DE LA XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. Memoria, NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES (Juan 19, 25-27).
Hoy celebramos la Memoria de Nuestra Señora de los Dolores. Que en María contemplamos el corazón de la Madre que permaneció firme junto a la cruz de su Hijo, uniendo su sufrimiento silencioso al sacrificio de su Hijo. Ella es la Madre Dolorosa, modelo de fe, de fortaleza y de amor fiel hasta el extremo.
La tradición cristiana ha reconocido siete dolores de María, desde la profecía de Simeón hasta el sepulcro de Jesús. En cada uno de ellos, la Virgen participó íntimamente en el misterio de la redención. Su sufrimiento no fue pasivo, sino que se convirtió en una ofrenda de amor, unida al sacrificio de Cristo.
La devoción a Nuestra Señora de los Dolores no es un culto al sufrimiento, ni una invitación al sentimentalismo o a la resignación pasiva ante el sufrimiento. Al contrario, es una lección profunda sobre cómo permanecer de pie en medio de las tormentas de la vida y a vivir nuestras propias cruces con fe y esperanza, unidos a Cristo y sostenidos por la ternura de la Madre.
El Evangelio de Juan nos dice que «estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena» (Jn 19,25).
El texto no dice que María estaba derrumbada, destruida por la desesperación o huyendo de la tragedia. Dice que ella permaneció de pie, sufriendo en lo más profundo de su corazón, pero sosteniendo a su Hijo con la fuerza silenciosa de la fe. La espada que el anciano Simeón le anunció en la presentación del Templo finalmente había atravesado su alma, pero su fe permaneció intacta. María no entendía todo lo que sucedía en términos humanos, pero confiaba plenamente en que Dios tenía la última palabra.
Allí, en medio del dolor, «al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él».
Al entregar a María a Juan, Jesús no solo estaba asegurando el cuidado terrenal de su madre, sino que nos la entregaba a todos nosotros como Madre espiritual. Ella sabe lo que es sufrir; no es una figura ajena a nuestras lágrimas. Cuando le rezamos en nuestros momentos de dolor, no le hablamos a alguien que desconoce las heridas de la vida, sino a una Madre que las ha vivido en carne propia.
Todos, en algún momento, atravesamos nuestros propios calvarios: la pérdida de un ser querido, una enfermedad, la traición, la incertidumbre económica o el dolor silencioso por los hijos. En esos momentos, la tentación natural es huir, amargarse o rebelarse contra Dios. Pero es el momento en que podemos acudir a nuestra Madre.
En María aprendemos tres actitudes fundamentales ante esas situaciones:
1. La fidelidad en medio del dolor. Un amor que soporta. Mientras muchos huyen ante la prueba, la Virgen permanece. Ella nos enseña a no rendirnos ante la cruz.
2. La fe en la promesa de Dios. Aunque todo parecía perdido en el Calvario, María creyó que la última palabra la tendría el amor y la vida.
3. La maternidad espiritual. Desde la cruz, María nos recibe como hijos. Su corazón, herido por la espada, se convierte en refugio para todos los que sufrimos.
Que la Memoria de Nuestra Señora de los Dolores nos alcance hoy dos gracias fundamentales:
● La gracia de la fidelidad: Para permanecer al pie de la cruz en nuestros momentos de prueba, confiando en que después del Viernes Santo siempre amanece el Domingo de Resurrección.
● La gracia de la compasión: Para aprender a estar «de pie» junto a las cruces de nuestros hermanos, ofreciendo consuelo, presencia y ayuda concreta a quienes sufren a nuestro alrededor.
Pidámosle a la Virgen, Madre de los Dolores y causa de nuestra alegría, que nos lleve siempre de la mano hacia su Hijo Jesús, que nos enseñe a permanecer firmes en nuestras pruebas, que nos ayude a no perder la fe cuando lleguen las oscuridades, y que, como ella, sepamos transformar el dolor en amor ofrecido a Dios por la salvación del mundo.
Santa María, Madre de los Dolores, ruega por nosotros!!!
Dios te bendiga y te proteja de todo mal!!! Un fuerte abrazo en Jesús!!!