02/08/2020
Un día en la vida de un encuadernador.
Plegoberto Ramírez Vázquez, "Pleguín", como le decimos los cuates, así es como lo conocemos en el taller. Es uno de nuestros colaborades más jóvenes, un poco torpe por cierto, pero de los más constantes.
Son las 6 a.m. y Pleguín se despierta como cualquier otro día, planea todo lo que hará durante el día, ya que sabe que le espera un día pesado, organiza los cuerpos de sus nenas, tal y como les llama él, los envuelve en una bolsa, se alista, baña y arregla para disponerse ir a la imprenta de siempre para ir a refinar los cuadernillos. Llega un poco antes de las 8 de la mañana como de costumbre, y para su sorpresa, encuentra cerrado el lugar. Se sienta afuera del negocio y en eso comienza un aguacero tremendo, con su cuerpo protege a sus niñas para que no llegara a salpicarles ni una sola gota de lluvia, así se la pasa cerca de una hora. Acaba empapado, pero sus niñas intactas.
Pasada la lluvia, decide ir a comprar algunos materiales que le hacían falta (siempre hacen falta materiales para ser sinceros), y después a sacar unas impresiones, cosa en la que no le fue muy bien del todo, ya que la impresora del lugar no conectaba con el servidor, después de casi 20 minutos de espera por fin jaló la impresora y salieron las impresiones, aunque muy manchadas. Lo único bueno de todo es que hizo tiempo en lo que abrían el lugar para los refines.
Después del refinado de las nenas, se dispone a ir al taller para guardarlas, de ahí va a una farmacia cercana para comprar unas cosas que necesitaba para trabajar (se sorprenderían de los lugares a los que muchas veces se acude para adquirir herramientas y materiales para esta noble actividad). Luego, va a otra imprenta en donde regularmente imprime sus fondos, para su sorpresa, la máquina que mejor imprime se descompone y su estancia ahí se dilató más de lo acostumbrado, posteriormente lamina sus fondos y de ahí va a dos lugares más para adquirir más materiales que como de costumbre, nunca sobran.
De ahí, llega al taller como a las 3:30 de la tarde, ya con todo listo y se pone a trabajar en las hijas que ya había planeado realizar para ese día. Termina a las 7:30 de la noche y se dispone a hacer lo que más odia a la hora de encuadernar, limpiar y ordenar el taller. Termina cerca de las 8:15 p.m., toma un par de fotos para presumir a sus chulas, para finalmente cerrar el taller.
Llega a su casa alrededor de las 9:30 de la noche, ya algo cansado por la jornada que tuvo durante el día. Cena y piensa en los pendientes y próximos trabajos que, como siempre, le emocionan y entusiasman como ningún otro.
¡Pleguín realmente ama encuadernar, sabe que no solo ocupa sus manos para hacerlo, sino también su corazón! ♥️