12/02/2025
Te dices per v e r s o,
pero a la hora de estar con una mujer,
de esas que se mojan mucho,
de esas que parece que tienen un
mar entre las piernas sientes asco,
no la quieres ni tocar;
y hasta la ves raro si comienza a gritar,
la callas porque no te gusta
el sonido natural de h e m b r a c a l i e nte
o porque te da pena que alguien escuche,
cuando lo que en realidad deberías hacer,
si quieres callarla,
es meterle tus dedos en la boca.
Te dices ser un sucio,
un enfermo,
pero no te gusta hacerle o r al,
dices que el sabor te incomoda,
que es mucho,
que el olor de mujer no te agrada
y no quieres tenerlo todo el día en tu boca...
pero quieres que ella sí te lo haga,
y claro, sin nada de besos después
porque ya te la ma m ó,
y así ya no te gusta,
¿verdad, princeso?
Te desagradan sus vellos crecientes,
su sudor, su respiración fuerte;
te espantas si ella quiere que se graben.
Te incomoda si le gusta el er o t is m o,
si se ma s t u r ba a escondidas
o frente a ti o al terminar de tener
relaciones porque dices que eso
significa que no la llenas,
¿quién chingados te entiende?
Querías a alguien así y ahora
que la tienes te asustas,
no sabes qué hacer con ella.
Te causa aberración
si quiere que vean por n o mientras lo hacen,
si quiere que la pongas en una posición muy extrovertida o que haya juguetes de pormedio.
Dices a todos que eres un adicto al se x o
pero solo quieres hacerlo una vez a la semana,
y según eres un semental
cuando solo le duras 10 minutos;
¿sabes qué?,
c h i n g a tu madre, pu ti t o,
ya me tienes harto con los cuentos
que tú solo te haces en tu cabeza,
con las historias falsas que presumes
a tus amigos o que tratas de impresionar
a otras mujeres;
me da coraje que estás desperdiciando
algo que muchos quisiéramos;
y todavía te atreves a querer buscar
a otra cuando bien sabes que ni
siquiera puedes satisfacer a la tuya,
entonces después no te quejes si,
alguien como yo,
con las mismas guarradas,
con los mismos vicios como los que
tengo de comerle el cu l o a cada rato...
sí, así como lees,
comerle el c u l o,
de tragarme toda su eyac u l a c i ó n
y pedirle que no deje de correrse en mi boca,
de oler sus br a g a s recién quitadas
de l a m e rle descarado la boca después de que me haya corrido dentro de la misma,
de enterrarle su c o n s o l a dor
favorito por uno de sus o r i ficios
mientras yo le uso el otro,
y de ponerla como se me de la chingada gana,
¿por qué?,
porque ya será mía,
de mi propiedad,
y a ella le gustará ese dominio
que tendré hacia su persona,
esa posesión de su cuerpo a mi voluntad;
entonces como te decía,
si viene esa persona como yo que de verdad si es un enfermero s e xual y se lleva a tu mujer,
cállate el hocico,
que todo fue por andar de p u t i to,
de princeso,
porque hasta ni siquiera en la calle le querías agarrar las n a l g a s ni comerla besos;
"Qué dirá la gente"
"Qué vergüenza",
decías.
Entonces si se la llevan,
no será robo ni infidelidad;
sería justicia,
sería karma
por no saber satisfacer
los instintos de una dama.
Gustavo Hernández