25/07/2026
Me viste cruzar el patio y corriste por la escoba. Grande, negra, peluda, lenta. Todo en mí te grita peligro, y todo en mí es mentira. Soy la tarántula mexicana, y de las dos cosas que la gente cree de mí, ninguna es cierta: ni te puedo matar, ni sobro en este país.
Empecemos por el veneno, que es lo que te asusta. La PROFEPA lo dice sin rodeos: la toxicidad del veneno de las tarántulas mexicanas no pone en peligro la vida de un ser humano. Una mordida duele, enrojece, hincha un poco, y a las pocas horas se va. Eso es todo. Y ese mito de que si soy negra soy mortal, la CONABIO lo desmiente: mi veneno está entre los más débiles que existen.
NO MUERDO. HUYO.
Soy dócil. Prefiero meterme en mi madriguera antes que enfrentarme a algo mil veces mi tamaño. Si me molestas mucho, mi defensa no es la mordida: suelto pelos urticantes del abdomen que te irritan la piel y los ojos. Por eso no me toques ni me levantes con la mano. No es que sea peligrosa: es que no quiero que ninguno de los dos salga lastimado.
LO QUE HAGO EN TU TERRENO
Cazo insectos. Grillos, cucarachas y todo lo que se mueva cerca de mi madriguera de noche. Soy un control de plagas que trabaja en silencio y no cobra. Y llevo aquí mucho más tiempo del que crees: una hembra vive hasta quince años en el mismo lugar. La que ves hoy en tu patio quizá ya estaba cuando construyeron tu casa.
LO QUE CASI NADIE SABE
México es el segundo país del mundo con más especies de tarántulas, solo detrás de Brasil. Muchas no existen en ningún otro sitio.
Y estamos protegidas: seis de las ocho especies del género Brachypelma están en la NOM-059 y todas figuran en el Apéndice II de la CITES. La tarántula de rodillas rojas, la más emblemática, está catalogada como amenazada.
Lo que de verdad nos está acabando no es la escoba: es el tráfico. La PROFEPA ha asegurado cientos de ejemplares extraídos ilegalmente para venderlos como mascotas. Cada tarántula que alguien compra en un mercado negro salió de un cerro, y no vuelve.
La CONABIO nos llama gigantes incomprendidos. Es exactamente eso. No soy la muerte cruzando tu patio: soy una cazadora vieja, tímida y protegida por la ley mexicana, que solo quiere regresar a su hueco antes de que amanezca.