26/04/2026
👉👉 Se levantó temprano. Como siempre. Se puso el uniforme. Tomó su mochila. Se sentó a desayunar con mamá y papá. Una mañana normal. O eso parecía.
Antes de salir… volteó. Corrió de regreso. Y abrazó a su papá. Fuerte. De esos abrazos que aprietan bonito. De esos que duran un segundo más de lo normal. “Te amo, papi.” Él sonrió. Le acomodó el cabello. Le dio un beso en la frente. Y respondió: “Yo también, mi princesa. Nos vemos al ratito.”
Al ratito. Dos palabras que nadie imaginó… que nunca llegarían.
Salió rumbo a la escuela… como cualquier niña de 10 años. Nada raro. Nada que hiciera pensar que algo estaba mal.
Llegó. Entró a su salón. Buscó su lugar. Se sentó. Y entonces… su cuerpo se desplomó. Sin aviso. Frente a sus compañeros. Frente a sus maestros. Todo fue confusión. Corrieron a ayudarla. La llevaron de emergencia. Había esperanza de que fuera un susto. Pero no.
Y de pronto… ese abrazo de despedida… se convirtió en el último abrazo que un padre volvería a sentir de su hija. Ese beso en la frente… fue la última vez que pudo tocarla sin imaginar que sería la última.
Ese: “Te amo, papi”… se convirtió en las palabras que hoy seguramente retumban en su corazón una y otra vez. Y aquel: “Nos vemos al ratito, princesa”… nunca llegó. Nunca hubo ratito. Nunca hubo regreso. Nunca volvió a cruzar esa puerta.
Y por favor…déjame pedirte algo. Abraza a tus hijos fuerte. Bésalos. Diles cuánto los amas. No salgas enojado. No dejes un “luego hablamos”. No guardes un “te quiero” para después.
Hazlo hoy. Hazlo siempre. Porque nadie sabe cuál abrazo… cuál beso… cuál despedida… será la última. Y vivir con ese “ojalá la hubiera abrazado más fuerte”… debe ser un dolor que nunca se va.
Comparte esto con mamá, papá, abuelos o quien tenga hijos. Porque a veces… un simple abrazo a tiempo… termina convirtiéndose en el recuerdo más valioso de toda una vida.