01/03/2026
El día de hoy estuve reflexiva en cuanto a la vida y el hogar que he construido; y llegué a estas frases. Muchas cosas no sucedieron tal y como yo quería realmente, pero la vida no es lo que queremos que nos pase sino lo que realmente nos pasa. Si bien es cierto que nosotros elegimos nuestro camino y que somos el reflejo de nuestras decisiones, es importante también reconocer que hay cosas que se salen de nuestras manos. Hay personas que no son lo que creíamos, lugares que no nos hacen bien aunque queramos permanecer en ellos y circunstancias que por más que a veces queramos cambiar, no siempre podemos hacerlo. Tenemos nuestra vida en nuestras manos, si, pero a veces eso no parece ser suficiente.
Hay experiencias que ya están escritas y que son enviadas a nosotros sin derecho a réplica. Hay personas, lugares y circunstancias por los que tenemos que pasar y atravesar para poder crecer; y no es una opción pasar por encima de ellas.
La vida siempre quiere hacernos un favor pero nosotros somos complicados, somos tercos, somos ignorantes y nos aferramos a lo que ya cumplió su ciclo. Es allí donde la naturaleza nos intenta sacar por todos los medios y normalmente lo entendemos es a la fuerza, después de haber cometido errores y después de haber perdido mucho. Aún así, esa misma naturaleza sabia y esa misma inteligencia infinita que todo lo sabe, nos enseña siempre algo. Nos da libre albedrío pero también nos hace, en algún punto, consciente de lo responsable que fuimos. A esto se le llama madurez emocional, al hecho de sentarse un día y pensar en todo lo que hicimos para llegar a donde estamos mientras reflexionamos y nos tomamos un café.
Ese punto de inflexión es inevitable y todos en algún momento tenemos que pasar por el. Reconocer las fallas y hacernos responsables es el principio del cambio y de la vida que realmente queremos. Nada viene a nuestra vida sin enseñarnos algo y es nuestro deber aprender a ver las maravillosas lecciones en nuestros más grandes errores.