28/08/2026
Durante un eclipse lunar, la Luna atraviesa la sombra que proyecta la Tierra, y en ese momento pasa algo que sorprende a cualquiera que lo vea por primera vez. En lugar de desaparecer por completo, la Luna se tiñe de un color rojizo intenso. Ese fenómeno tiene un nombre curioso, se le conoce como Luna de sangre.
La explicación está en la atmósfera terrestre. Cuando la luz del Sol llega a la Tierra, nuestra atmósfera actúa como un filtro, dispersando los distintos colores que componen la luz blanca. Los tonos azules, que tienen una longitud de onda más corta, se dispersan con mayor facilidad y se esparcen por el cielo, razón por la cual vemos el cielo azul durante el día.
Los tonos rojos y anaranjados, en cambio, tienen una longitud de onda más larga y logran atravesar la atmósfera con mayor facilidad, curvándose ligeramente en el proceso. Durante un eclipse lunar, esa luz roja filtrada por la atmósfera terrestre sigue viajando hacia el espacio y termina llegando hasta la Luna, iluminándola con ese tono cobrizo tan característico.
Es prácticamente el mismo principio que explica por qué vemos atardeceres rojizos y anaranjados aquí en la Tierra. En ambos casos, la luz solar atraviesa una capa más gruesa de atmósfera, y son los tonos rojos los que logran abrirse paso.
La intensidad del color puede variar de un eclipse a otro, dependiendo de las condiciones de la atmósfera terrestre en ese momento, como la cantidad de polvo o partículas presentes. Por eso, algunas Lunas de sangre se ven más oscuras y otras más brillantes y anaranjadas.