14/05/2021
Durante la pandemia tuve el tiempo de revisar nuestro inventario, reimprimir los títulos y materiales que estaban casi agotados y, como seguramente lo hicimos todos, limpiar y limpiar hasta que rechinaban las oficinas.
En esas andanzas, decidí cambiarle la portada al libro Una Emperatriz en la Noche, que ahora hice muchísimo mejor, y recordé una anécdota que quiero compartir con ustedes:
Dentro de mi investigación larguísima sobre el Segundo Imperio, supe de la existencia de un doctor con gran prestigio en el diagnóstico de enfermedades poco comunes a base de su atinado dominio de las pruebas de laboratorio. Ya jubilado, vivía en Cuernavaca.
Este doctor estudiaba la biografía de Carlota desde hacía muchísimo tiempo. Viajaba a Europa y buscaba la huella de nuestra emperatriz. Afortunadamente me recibió en su casa y me transmitió el convencimiento de que ella nunca se volvió loca. Aseguraba que la familia argumentó la pérdida de la mente de esta infortunada princesa belga para ocultarla así y que no se conociera el hecho de que había tenido un hijo fuera de su matrimonio con Maximiliano de Habsburgo.
"¡Es la más horrenda injusticia que se ha hecho a una mujer!", me dijo. Yo regresé a la capital conmovida y nerviosa.
Este libro, que compila las últimas cartas conocidas de su mano, escritas entre febrero y junio de 1969, muestran lo contrario. Permiten casi presenciar el hundimiento en esa "noche" que fue la locura de nuestra emperatriz.